Medina. Operación Ébano (Universo Morris) Capítulo 55
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Capítulo 55

I ván Salvatierra llega a su despacho, deja la chaqueta en el perchero, avanza hasta su escritorio y sobre el teclado ve un sobre de color sepia. Lo coge y le da vueltas, pero no hay ni sello ni remitente.

Levanta el teléfono y marca el número dos para que le conecte con Ana, del personal administrativo.

—¿Sabes quién me ha dejado un sobre en el despacho? —pregunta con una sonrisa.

—Buenos días, inspector Salvatierra, no tengo ninguna constancia, señor.

El policía no contesta, se queda en silencio observando el sobre, lo coloca a contraluz y sin decir nada cuelga.

Se sienta frente al escritorio, abre el primer cajón, se coloca una mascarilla y unos guantes de látex.

Con el abrecartas, rasga el sobre con mucho cuidado, y luego saca los documentos que hay en el interior y los despliega.

—¿Qué cojones es esto? —murmura al ver frente a él una tabla de derivaciones médicas entre el Centro de Cuidados San Gabriel, en Valencia, y una fundación suiza : Horizon Biotech International.

En los documentos se detallan los datos de los pacientes, en su mayoría ancianos, exmilitares y personas en fase terminal. Los documentos hablan de tratamientos paliativos, pero no se adjuntan informes que lo acrediten. Así como tampoco constan autorizaciones judiciales para dichos traslados.

Iván frunce el ceño.

Enciende el ordenador y accede a los registros del Ministerio de Sanidad, pero no encuentra nada relacionado con los documentos que tiene delante.

—Horizon Biotech… —repite.

Teclea rápido y en segundos encuentra la sede principal situada en Ginebra, con filiales en Basilea, Zúrich e Italia.

Crea una carpeta en el ordenador: Horizon Biotech International.

Después, marca el número del hospital.

—Hospital San Gabriel, dígame.

—Inspector Salvatierra, Comisaría Provincial de Alicante. Necesito hablar con el responsable de derivaciones médicas.

—¿Puede especificar el motivo, señor?

—Quiero confirmar si existe algún convenio activo con Horizon Biotech International.

La línea se queda en silencio, Iván carraspea incómodo.

—¿Por qué motivo?

—Un expediente que estamos investigando en el que aparecen traslados desde su hospital.

—Un momento, le paso con Dirección Médica.

Suena música durante unos segundos y luego una voz grave al otro lado.

—Doctor Llorens. ¿En qué puedo ayudarle?

—Inspector Salvatierra, buenos días. Estoy revisando un documento que menciona su centro como sede principal de traslados médicos de pacientes terminales hacia Suiza.

—Ajá. ¿Qué documento?

—No puedo proporcionarle ese dato, estamos en plena investigación y su hospital ha aparecido en medio.

—Ni yo tampoco puedo proporcionar datos, señor, tendrá que hacer un requerimiento judicial.

—Señor Llorens, usted y yo sabemos que un requerimiento judicial puede tardar semanas. Y si mientras tanto alguien empieza a hacer preguntas incómodas sobre los traslados internacionales de su hospital…, imagino que en Dirección preferirían saberlo antes.

—¿Qué necesita saber?

Iván sonríe al otro lado de la línea y se recuesta en la silla.

—¿Existe algún acuerdo con Horizon Biotech?

—No directamente —responde con tranquilidad—. Los traslados se gestionan a través de la Conselleria. Nosotros solo cumplimos el protocolo.

—¿Y los informes clínicos?

—Se archivan en la unidad de cuidados paliativos. Esos sí que son confidenciales.

—¿Quién autoriza estos traslados?

—Los pacientes o, en su defecto, los familiares o tutores.

—¿Pero son traslados privados o públicos?

Silencio de nuevo al otro lado de la línea, aunque se escucha la respiración entrecortada del médico. Iván espera.

—Son gestionados por empresas privadas —le informa finalmente el doctor—. Con autorización sanitaria. Todo está en regla.

—¿Y Horizon Biotech tiene convenio con la Conselleria?

—Subcontratan a través de una fundación. Nosotros solo cumplimos con el protocolo para realizar las pruebas médicas —aclara.

El inspector le da las gracias y cuelga. Mira el sobre abierto sobre la mesa y vuelve a leer los nombres.

Abre su libreta y anota: Horizon Biotech. San Gabriel. Traslados sin firma.

Se levanta y cruza el pasillo hasta la sala de informática, golpea con suavidad la puerta entreabierta y pasa.

—¿Tienes un minuto?

El joven técnico levanta la vista del monitor. No pasa de los veinticinco y tiene varias ventanas abiertas y un terminal trabajando en segundo plano.

—Claro, inspector, ¿en qué puedo ayudarle?

—Tutéame, novato —le dice, sentándose sobre la mesa del escritorio y dejándole delante el sobre—. Necesito que busques información sobre estos pacientes.

El técnico frunce el ceño y abre una pestaña nueva.

—¿Algún rango de fechas?

—Desde 2010. Y rastrea también si aparecen en foros médicos o bases de datos clínicas no oficiales —le pide con un ligero carraspeo. El joven levanta la vista y se lo queda mirando.

—¿Esto viene de arriba?

—No —contesta Iván cruzándose de brazos—. No viene de nadie.

El técnico sonríe porque disfruta con los retos.

—En ese caso tendré que hacerlo desde casa.

—Haz lo que sabes hacer, novato.

✺✺✺✺

El agente llega a su apartamento pasadas las nueve de la noche, no enciende la luz y pone el móvil en modo avión. Se abre una cerveza y se sienta frente al escritorio.

En él hay un portátil sin marca con un sistema operativo encriptado y acceso a un sistema aislado configurado para no dejar huella, uno que él mismo instaló hace un par de semanas. Enciende el equipo, lo ha programado para que le pida dos claves y tres capas de cifrado.

Abre una de las pantallas y comienza con el trabajo que le ha encomendado el inspector Iván Salvatierra. Escribe las palabras claves en el buscador: San Gabriel, Horizon, terminales.

Se queda mirando la pantalla, pero no obtiene ningún resultado y decide cambiar las palabras clave: experimental, traslado clínico y paciente.

Entonces aparece un archivo cifrado: HB_Int_ConsularList_2010-2013, protegido con una contraseña.

El novato sonríe, abre otra ventana y ejecuta un pequeño programa de descifrado. Carga el archivo y lanza el proceso automático.

La pantalla empieza a trabajar sola, probando miles de combinaciones posibles. Se levanta, saca una pizza del congelador y la mete en el horno, el proceso puede tardar horas con lo que mientras deja la cena en el horno se va a dar una ducha.

Dos horas después suena un pitido seco, pega un brinco del sofá y se coloca delante del ordenador dispuesto a abrir el archivo.

La lista contiene nombres de mujer, fechas y contratos de trabajo como azafatas, recepcionistas o camareras de hotel procedentes de varias ONG de integración social y vulnerabilidad. Todo parece legal… a priori.

—¿Qué coño tiene que ver esto con una clínica en Suiza?

Abre una pestaña nueva y rastrea la IP del archivo que rebota en tres nodos y termina en un servidor en Pisa, Italia.

—¡Joder! Empresa de almacenamiento clínico subcontratada por Horizon Biotech.

El novato se queda mirando la pantalla.

Junio de 2013 - Ginebra

El salón principal del hotel Intercontinental está lleno de batas blancas, trajes oscuros y acreditaciones colgadas al cuello. Iván camina entre ellos con paso discreto como uno más, lleva unas gafas sin graduar y una credencial que lo identifica como observador técnico.

El congreso está patrocinado por Horizon Biotech International y reúne a especialistas en cuidados paliativos, biotecnología avanzada y medicina regenerativa de toda Europa. Salvatierra se sienta en la tercera fila.

En la pantalla aparecen gráficos de evolución clínica y porcentajes de mejora, demasiado perfectos.

Abre su libreta y anota: Resultados sin trazabilidad. Pacientes sin código clínico.

El ponente abre la siguiente diapositiva en la que muestra una tabla donde sale una fila con los voluntarios en fase terminal y otra con la respuesta experimental. El inspector se fija en que no hay ninguna tabla de edad o sexo, y mucho menos de procedencia.

Iván levanta la mano.

—¿Tienen los datos demográficos de los pacientes? ¿Y el rango de edades y sexo?

El ponente duda un segundo, camina unos pasos tragando saliva, y Salvatierra sabe que está pensando en una respuesta rápida.

—Son confidenciales, señor —sonríe—. Por protección ética como es lógico. —Y suelta una carcajada que contagia a la mitad de los asistentes.

—¿Y los informes clínicos? —insiste Iván.

—Están en proceso de validación —contesta mirándolo fijamente.

El inspector asiente, le da las gracias, hace como que anota en su libreta y decide que no va a insistir más. El ponente continúa la charla con normalidad, cuando dice una frase que le hiela la sangre.

—Los sujetos no vienen por vía médica. Vienen por vía diplomática.

Iván mira a su alrededor, pero nadie parece sorprendido, ¿o es que nadie se ha dado cuenta?

Al terminar la ponencia, se acerca al stand de Horizon, hojea uno de los folletos y una mujer joven le da la bienvenida con una sonrisa demasiado profesional bajo su punto de vista.

—¿Desea información sobre nuestros programas?

—Sí. Sobre los protocolos de admisión de pacientes.

—Lo siento, esa parte la gestiona la fundación. Nosotros solo desarrollamos el tratamiento.

Él asiente, toma el folleto y se lo guarda en el bolsillo.