Medina. Operación Ébano (Universo Morris) Capítulo 54
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Capítulo 54

L a inspectora abre la puerta del despacho del comisario sin llamar y cierra tras de sí. Gutiérrez levanta la vista por encima de las gafas y se la queda mirando.

—¿Qué ocurre?

Se acerca con la cara descompuesta, deja el móvil encima de la mesa y lo desliza hacia él.

—Mírelo.

—Y usted tome asiento —le ordena cogiendo el teléfono.

Reproduce el vídeo en silencio. No habla, pero parpadea varias veces, traga saliva y finalmente la mira.

—¿De cuándo son las imágenes? —pregunta el comisario, que, temiendo la respuesta, se quita las gafas, las deja sobre la mesa y se aprieta el puente de la nariz.

—De ayer.

—¿Dónde?

—En una casa en el norte de Marsella.

Gutiérrez se inclina hacia delante, toma el móvil entre sus manos, reproduce el vídeo de nuevo y congela la imagen.

—Su aspecto es bueno —murmura—. Pero su postura no es relajada —afirma, haciendo que la inspectora frunza el ceño.

—¿A qué se refiere, jefe?

—Fíjate en los hombros. No los tiene sueltos, los lleva ligeramente elevados. Eso es tensión acumulada.

Él no aparta la vista de la pantalla; Morris observa con atención y entrecierra los ojos.

—La mandíbula también —continúa él—. Está contenida, y el brazo derecho no lo balancea igual que el izquierdo. Está midiendo cada paso.

—¿Cree que está retenido? —pregunta ella en voz baja.

El comisario tarda en responder, vuelve a reproducir el vídeo y suelta el aire poco a poco.

—He dirigido suficientes operativos como para saber cuándo alguien camina tranquilo y cuándo camina vigilado. Y Medina no camina como si estuviera siendo vigilado, pero sin lugar a dudas está tenso.

Esperanzada, la inspectora mira el vídeo de nuevo.

—Entonces no está allí porque quiere.

—¿Por qué cree que el inspector Medina estaría ahí por su propia voluntad? —quiere saber él, y se la queda mirando. Morris se recoloca el cabello, nerviosa, echa la cabeza hacia atrás y expulsa el aire.

—¿Conocemos realmente a las personas con las que trabajamos y convivimos?

—¿Sospecha algo que yo deba saber? —inquiere su jefe, inclinando la cabeza hacia un lado.

—Es solo que… —Se levanta, nerviosa—. Sé quién es Gabi, es mi compañero. Cruzó medio mundo para rescatarme, pero —duda, y se gira para mirarle—, señor, esto es algo que nunca antes me había planteado.

El comisario la mira muy serio y asiente con la cabeza, alentándola a continuar.

—¿Quién fue Medina antes de ser mi compañero?

Encajamos tan bien desde el minuto uno que nunca me llegué a plantear nada.

Me contó que uno de sus antiguos compañeros murió en acto de servicio, aunque…

—hace una pausa observando a su jefe—, ¿por qué no está en el servicio de inteligencia informática?

Es un hacha con las tecnologías y tiene una infraestructura informática para acceder a la dark web en su casa muy pro…

Yo no había sido consciente hasta ahora, pero…

—Morris —la interrumpe el comisario—. ¿A qué viene esto ahora? Gabriel empezó en el departamento de delitos informáticos, por eso sabe tanto de la red.

—¿Por qué lo dejo?

—No lo sé, muchas veces se empieza en un departamento y se acaba en otro. ¿Por qué ahora? ¿Qué me estás ocultando?

—No le estoy ocultando nada es solo que… a Gabi no le gustaba hablar de su anterior compañero, lo único que sé es que murió en acto de servicio.

El comisario se voltea hacia su ordenador y teclea buscando el historial de Gabriel Medina, gira la pantalla y se lo muestra.

—Sí, murió en 2015 en acto de servicio, Iván Salvatierra. Yo entré un año después como comisario, pero recuerdo leer el expediente, fue una explosión —continúa Gutiérrez sin dramatizar—. Un almacén en el puerto, por lo visto estaban siguiendo una red de contrabando tecnológico.

—¿Fue claro? —pregunta ella. Su jefe se reclina en la silla.

—Hubo una investigación interna y se cerró el caso, aunque… —De repente, niega con la cabeza—. Morris, espera, no puede ser, enséñame el móvil de nuevo.

—¿Que ha visto?

—No puede ser —repite. Gutiérrez reproduce el vídeo y abre los ojos de golpe negando con la cabeza.

—¿Qué pasa? —quiere saber la inspectora, levantándose para mirar la pantalla del ordenador.

—El hombre que acompaña a Medina es Iván Salvatierra.

La inspectora observa la foto de Iván en el ordenador de su jefe y desvía la mirada hasta la imagen pausada en el móvil, no está segura, aunque es posible.

—¿Encontraron el cadáver?

Gutiérrez abre el archivo: «Identificación positiva. Sin posibilidad de reconocimiento visual».

Levanta la vista y guarda silencio.

—¿Quién llevó a cabo la investigación?

—La unidad forense central, todo parece estar en orden —afirma, pero ambos se quedan en silencio por unos instantes, analizando la información que acaban de descubrir.

—Entonces —murmura ella—, o ese informe está mal… o nunca hubo un cuerpo.