Capítulo 51
Marsella
E lías llega a Marsella poco después de las nueve de la mañana. Aparca frente a un hotel discreto cerca del puerto viejo, entra y, tras registrarse, deja la bolsa en la habitación y se sienta en el borde de la cama sin quitarse la chaqueta.
El móvil vibra y en la pantalla aparece el nombre de Jean. Abre el mensaje, así como el archivo adjunto.
INFORME DE ANÁLISIS DE RUTAS – TRANSPORTE NOCTURNO
Empresa: LogiTrans Île-de-France
Fecha del traslado: 29 de julio de 2024
Origen: París (base logística)
Destino declarado: Base logística en Marsella
Número de vehículos asignados: 3
Expedición Nº LT-2307-045
Vehículo: Renault Master L3H2
Matrícula: FR-782-KL
Conductor: Mihai Ionescu
Salida: París – Base Norte | 22:14 h
Llegada: Marsella – Base Sur | 05:28 h
Tiempo total de servicio: 7 h 14 min
Kilometraje registrado: 775 km
Incidencias declaradas: Ninguna
Expedición Nº LT-2307-046
Vehículo: Iveco Daily 35C
Matrícula: FR-915-MT
Conductor: Andrei Popescu
Salida: París – Base Norte | 22:21 h
Llegada: Marsella – Base Sur | 05:39 h
Tiempo total de servicio: 7 h 18 min
Kilometraje registrado: 779 km
Incidencias declaradas: Ninguna
Expedición Nº LT-2307-047
Vehículo: Mercedes Sprinter 316 CDI
Matrícula: FR-604-LR
Conductor: Radu Stan
Salida: París – Base Norte | 22:17 h
Llegada: Marsella – Base Sur | 06:09 h
Tiempo total de servicio: 7 h 52 min
Kilometraje registrado: 809 km
Incidencias declaradas: Ninguna
El investigador frunce el ceño al detectar que el tercer camión tarda cuarenta minutos más.
Abre el teléfono y se dispone a escribir un mensaje a Jean, pero lo piensa mejor y decide que será mejor llamarlo.
—¿Puedes conseguir el trazado de GPS que han hecho los tres camiones?
—¿Qué has detectado? Los tres hacen la misma ruta.
—El tercero tarda cuarenta minutos más en llegar y hace treinta kilómetros más.
—El traslado se debió realizar en ese camión —contesta, ahora eufórico—. Te lo envío en cuanto lo consiga.
Se da una ducha y baja a la cafetería a desayunar. Zumo de naranja y bocadillo de jamón serrano. Se sienta en una mesa frente a la ventana y llama a Morris.
—Ya estoy en Marsella.
—¿Lo has localizado?
—Todavía no. Solo quería que supieras que he llegado y que sigue sin cuadrarme lo de Medina.
—La cena en Le Train fue una farsa —le comunica ella—. Hemos visto las imágenes y en la mesa contigua en la que estaban sentados Gabriel y Maite no estaba la Rusa, ni nadie de la organización, de hecho.
—¿Qué dices?
—Les pagaron, Elías. Son actores. Alguien les pagó para que representaran un papel. Les dieron un guion que debían repetir una y otra vez.
—No me lo puedo creer. —Elías se pasa la mano por el pelo—. ¿Estás segura de que Gabi no estaba investigando algo sin que tú lo supieras?
—Jorge ha revisado su ordenador y no hay nada.
Montenegro resopla sin entender nada.
—¿Qué quieres que haga ahora?
—Sigue haciendo lo que estás haciendo y mantenme informada. No podemos hacer nada más.
✺✺✺✺
Sale del hotel porque necesita caminar para poder ordenar las ideas. Nada tiene sentido, nada tiene lógica en este secuestro y empieza a plantearse quién es realmente el inspector Medina y si Morris sabe de verdad quién es el hombre con el que ha trabajado todos estos años.
Le vibra el teléfono en el bolsillo. Lo saca y ve un mensaje:
Jean:
Te mando el trazado completo. Es lo único que he podido sacar sin hacer ruido.
Abre el archivo mientras camina, se coloca bajo una marquesina y desliza el dedo hasta llegar a los datos del tercer camión.
Salida 22:17.
Área de servicio.
Peaje…
Se detiene.
02:39 — D568 — Coordenadas.
03:22 — D568 — Mismas coordenadas.
Al ver eso, Montenegro frunce el ceño.
—No puede tener las mismas coordenadas si han pasado cuarenta minutos y tampoco se ha reportado ninguna incidencia —se dice.
Mira el tiempo total del trayecto.
—Siete horas cincuenta y dos minutos —repite, y vuelve atrás para revisar el tiempo de los otros dos camiones—. Rondan las siete horas y cuarto de trayecto.
—¿Dónde fuiste en ese intervalo? —se pregunta.
Guarda el móvil y sale corriendo hacia el hotel. Entra casi sin mirar al recepcionista.
—¿Tenéis un mapa de la zona?
—Los tiene allí, señor —contesta, señalando el expositor situado en la entrada.
Elige uno de la región metropolitana y sube a la habitación por las escaleras de dos en dos. Nada más entrar, extiende el mapa sobre la cama. Abre de nuevo el archivo en el móvil, saca el ordenador e introduce las coordenadas en el buscador.
—Vamos, joder, vamos… Estoy cerca.
Busca un bolígrafo, vuelve al mapa y marca el punto que aparece en una carretera secundaria al norte de Marsella.
—Cuarenta y tres minutos —murmura para sí mismo—. Si salió de aquí… y volvió aquí… no puede haber hecho treinta kilómetros en línea recta. Es ida y vuelta.
Se gira para buscar algo que le ayude a trazar un círculo, da varias vueltas por la habitación sin encontrar nada útil, entra en el baño y coge hilo dental.
Corta un trozo y regresa a la cama. Enrolla el hilo en el bolígrafo, lo ajusta a la escala kilométrica del mapa y, sin variar la medida, baja hasta el punto marcado y traza un círculo.
—Quince kilómetros de ida y otros quince de vuelta —chasquea la lengua.
Dentro del radio aparecen dos propiedades: un centro hípico y una residencia privada.
Elías se queda mirando la pantalla, saca el móvil y le envía la dirección de la residencia a Jean para que averigüe de quién es.
—Estoy cerca, Medina —le dice, como si pudiera oírlo, y luego sale del hotel a toda prisa.
✺✺✺✺
Aparca en el lateral del centro hípico y baja de la furgoneta observándolo todo. Hay tres furgonetas aparcadas, un todoterreno y dos remolques para caballos. Un hombre barre en la entrada y lo saluda quitándose la gorra.
—¿Están abiertos al público?
—Hasta las seis, señor, pero hoy no hay visitas guiadas.
Elías se sitúa frente al tablón de anuncios y le hace una foto: clases infantiles, entrenamientos, cursos intensivos de fin de semana y torneos.
Camina con pasos lentos hasta la zona de boxes, observa que todo está limpio, ve cómo un camión pequeño descarga pienso y se gira para estudiar desde allí la entrada. Por un momento se imagina el camión descargando a Medina.
—Es posible —murmura para sí mismo.
Sale del recinto sin hacer más preguntas y, ya en la furgoneta, vuelve a revisar el mapa. No ve otra vía de acceso.
✺✺✺✺
La carretera que conduce hasta la finca es más estrecha, pero permite el paso de un camión de mercancías. No hay ningún cartel que indique que va hacia una residencia, como sí lo había para llegar al hipódromo.
Llega hasta una verja alta de hierro con un muro bajo de piedra con cámaras visibles en la entrada. No parece que sea una finca clandestina. Continúa unos metros rebasando la entrada y aparca más adelante, quiere evitar la vista directa de las cámaras.
Apaga el motor, saca el móvil y ve que Jean le ha mandado un mensaje.
Jean:
La propiedad está a nombre de la Fondation Patrimoine Européen, registrada en Luxemburgo. Es una entidad vinculada a Helix Quantum Systems.
Elias:
¿Y eso qué es?
Jean:
Multinacional tecnológica dedicada al desarrollo de inteligencia artificial aplicada a defensa, análisis predictivo y sistemas de vigilancia avanzada. Cotiza en tres mercados y su facturación anual es millonaria.
Elías vuelve a mirar la finca y niega con la cabeza, porque esa no es una casa aislada cualquiera; es más bien una propiedad blindada bajo una aparente estructura legal.
Sale del coche y camina despacio por el arcén, mirando el móvil como si estuviera orientándose.
Desde el lateral, entre los árboles, puede ver parte del interior: una entrada amplia con dos vehículos aparcados y una pared acristalada abierta.
Detecta movimiento y pulsa por instinto dos veces el botón lateral del móvil para que la cámara se activa.
Coloca el móvil delante de él y empieza a grabar.
Un hombre cruza la cristalera acompañado de otro. Elías tarda un segundo en reconocerlo: lleva barba, camisa clara y pantalón oscuro, y camina con aparente tranquilidad.
Por un instante siente cómo el corazón se le detiene y todo a su alrededor parece volverse difuso.
—No puede ser… —susurra, apretando el móvil con fuerza.
—No puede estar aquí. —La voz de un hombre lo saca de su letargo y le hace girarse de golpe—. Esto es una finca privada. No puede estar ahí —gruñe.
El investigador reacciona con rapidez.
—Menudo lugar —silba—. Trataba de llegar hasta el hipódromo, estoy de vacaciones y he debido de equivocarme.
El hombre, que debe de ser el jardinero por la ropa de trabajo, lo estudia de arriba abajo y se acerca unos pasos.
—¿No tiene GPS en el móvil? —señala el teléfono que todavía sostiene.
—Lo que no tengo es muy buena cobertura —responde con una sonrisa tensa.
—Vuelva por la carretera por donde ha venido y, al llegar al desvío, continúe recto. Verá un cartel grande que pone centro de hípica.
Montenegro asiente y se da la vuelta hacia la furgoneta, pero en el último momento se gira hacia el trabajador.
—¿Quién vive aquí?
El empleado lo mira con frialdad.
—Esto es una propiedad privada. Si no se marcha, llamaré a la policía.
Ante la advertencia, levanta las manos en gesto claro conciliador y se marcha sin volver la vista atrás.