Capítulo 49
París
E lías abre la puerta de su apartamento y Jean entra con una sonrisa mostrándole la placa de policía.
—¡Es oficial! Bruselas ha activado el equipo conjunto con España. Estoy asignado como enlace con el equipo español en una investigación dual.
—¡Enhorabuena! —exclama Sandrine, levantándose del sofá con una cerveza en la mano.
—¿Tendrás acceso real o será algo decorativo? —quiere saber Elías con tono burlesco.
—Hasta donde yo sé el acceso es operativo. No es total, pero tendré contacto con la inspectora Morris.
—¿Entonces ya no trabajamos en la sombra? —quiere saber la periodista.
—Yo no existo a ojos de vuestra investigación —advierte Montenegro.
—Lo sé, he hablado con Morris para ponerme al día de todo.
—¿Te han dicho algo de la imagen falsa?
Jean deja la sonrisa a un lado.
—Están revisando la cadena de validación. Nadie quiere que esto salpique más arriba. Pero lo que importa es que oficialmente ahora estoy dentro y puedo tener acceso a cosas que antes no.
—Yo de ti no me fiaba —le señala ella.
Morel se desplaza hasta la mesa y se fija en los planos.
—¿Ya estáis trabajando?
—Sí, y no ha sido fácil, pero tenemos los planos estructurales del túnel. No los de seguridad, solo los de obra civil y mantenimiento —explica Sandrine señalando las hojas—. Galerías técnicas, accesos de servicio y puntos de salida. Son del archivo municipal de infraestructuras.
El agente se inclina sobre ellos y recorre con el dedo una de las líneas paralelas al trazado principal.
—¿Con esto basta? —murmura, y Elías asiente con la cabeza antes de acercar otro plano que superpone.
—Esta —señala con un rotulador— es la puerta que tenía el candado. Es un acceso técnico, no lleva a ninguna carretera.
La periodista desplaza el plano lateral y lo coloca al lado para que Jean pueda ver la zona completa.
—Pero conecta con esta galería de mantenimiento y la galería desemboca justo aquí.
Morel entrecierra los ojos para tratar de seguirles.
—O sea que no lleva a ninguna carretera principal, es un callejón sin salida.
—O eso parece —corrige el investigador—. Si lo hubieran sacado para dejarlo aquí mismo, no necesitaban entrar en el túnel. Demasiado riesgo para nada, ¿no crees?
—En cambio…, si te fijas, aquí hay un pequeño camino de tierra que desemboca en una zona industrial —señala Sandrine girando el portátil hacia ellos para ampliar la zona del mapa, y Jean se inclina más.
—Zona industrial significa naves. Interesante. —Asiente con la cabeza.
El investigador anota la dirección exacta que figura en el plano y se la muestra a Sandrine.
—Abre Google Maps y conecta Street View.
La periodista asiente y, tras teclear la dirección, se lo queda mirando para recibir la siguiente orden.
La imagen muestra una calle ancha, sin tránsito peatonal, portones metálicos cerrados y ningún rótulo visible a simple vista.
—LogiTrans Île-de-France —dice desde detrás Jean. Sandrine y Elías se giran; el agente se encoge de hombros—. He metido la dirección en Google y me ha dado un único resultado.
—No tiene web —murmura ella—. Ni tampoco reseñas ni actividad pública. Solo una dirección fiscal.
—Busca en el Registro Mercantil.
Jean frunce el ceño, desliza el dedo por la pantalla y resume en voz alta:
—Empresa creada hace algo más de cinco años. Almacenamiento y logística, administrador único. Dieciocho empleados, seis vehículos industriales y contratos portuarios activos en Marsella. Operativa regular, todo parece estar en regla.
—Administrador único—continúa Elías desde el portátil—. Delatour Maritime Services. Sede social: Marsella. Actividad: transporte marítimo y gestión portuaria.
Se quedan callados asimilando la información.
—París y Marsella —repite Sandrine cruzando los brazos.
—Constituidas con pocos meses de diferencia con el mismo administrador y el mismo asesor fiscal —señala el español—. Si lo sacaron por la galería técnica, no era para dejarlo a dos calles del túnel…
—… era para hacer un tránsito —completa la frase Jean.
—Esto reafirma la teoría de Morris de que su secuestro estaba más que programado, esto no se orquesta porque haya escuchado una conversación al azar.
Sandrine amplía el mapa de Francia y traza con el cursor la línea hacia el sur.
—París–Lyon–Marsella. Es una de las rutas directas. Sin desvíos.
—Eso no prueba que lo llevaran allí.
—No —responde Elías—. Pero es la pista más fiable, Jean.
La periodista los mira y apoya ambas manos sobre la mesa.
—Nadie inspecciona un camión logístico en plena madrugada si los papeles están en regla.
El agente se queda pensativo unos segundos repitiendo en voz alta la información que tienen.
—Un trayecto París–Marsella son siete horas. Salen de madrugada y al amanecer están en el puerto. No hay controles sistemáticos en ese eje si la documentación es correcta.
Montenegro cierra el portátil despacio mientras Morel recoge los planos y los dobla con cuidado.
—Mañana puedo solicitar información mercantil más detallada desde comisaría. Movimientos reales, contratos, flota registrada.
—Hazlo, por favor.