Medina. Operación Ébano (Universo Morris) Capítulo 48
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Capítulo 48

M orris abre la puerta del piso de Medina y Maite. Carmen camina tras ella y Jorge cierra la puerta entrando el último. Van directos al despacho de su compañero, en silencio.

—Este es el enlace para conectar con Elías —dice Morris, enseñándole el link que el investigador privado le ha enviado hace media hora para poder verse a través de un canal seguro.

—Perfecto, entro con las credenciales de Medina como la otra vez —informa Jorge.

Carmen trae una silla del comedor y se sienta a su lado sin decir nada.

El sistema se abre de la misma forma que la vez anterior. Jorge teclea el enlace en la barra del buscador y la pantalla se pone en negro. Pasan unos segundos hasta que la conexión se abre.

—¿Estáis usando el canal externo? —pregunta Elías nada más aparecer en pantalla.

—Sí —responde Camila—. Estamos en el piso de Medina. Él es Jorge, jefe de informática, y ella la inspectora Carmen Dasilva.

Elías asiente.

—Lo primero es comunicaros que he confirmado que hubo un traslado del inspector Medina y estoy siguiendo su rastro. Lo llevaron en la lancha hasta un punto del Sena y luego lo trasladaron en una furgoneta blanca que tomó dirección norte.

En el despacho todos se quedan inmóviles.

—Después entraron en el túnel Saint-Victor, pararon a mitad de túnel más o menos y realizaron otro traslado para llevárselo a rastras a través de una de las puertas de servicio.

—¡No! —Carmen no puede evitar sobresaltarse y taparse la boca con la mano.

El investigador comparte la imagen para demostrarles que es Medina, tanto cuando lo trasladan de la lancha a la furgoneta como cuando lo sacan de la furgoneta en el túnel.

—Estoy trabajando con el agente Jean Morel y con una periodista francesa. Si todo va bien, hoy tendremos los planos para saber a dónde lleva esa puerta.

—Si lo trasladan es porque lo necesitan —dice Morris, más como pensamiento en voz alta que como un mensaje para sus compañeros. Se levanta, camina por la estancia y vuelve a mirar la pantalla—. ¿Qué más tienes?

—Tengo la traducción del audio que Medina envió a Jean.

—Nos dijeron que estaba dañado. —La voz de Jorge suena tensa.

—Se escucha alto y claro —responde Montenegro, activando el archivo traducido.

Camila cierra los ojos mientras escucha la voz robótica.

—Menores —murmura Carmen apretando el puño—. Está confirmado. Las sospechas de Duret eran ciertas… Esto es algo más que trata de mujeres. ¡Hay menores implicados!

—Hay más —interrumpe Elías—. Sé quién es la que acompaña a la Rusa. Se llama Anya Kovalenko.

—No puede ser… —Dasilva se agarra al borde de la mesa porque siente que le falla el equilibrio.

—¿Quién es? —pregunta su compañera mientras Jorge abre otra ventana y teclea el nombre en un buscador.

—Trabaja con movilidad de menores y mujeres en riesgo o vulnerabilidad —se adelanta Carmen.

—¡Joder! —interviene Jorge—. Aquí pone que es la directora de la fundación Novum Vitae, en la que reubican mujeres y menores vulnerables mediante programas de movilidad humanitaria entre Europa del Este e Italia.

—Coordina traslados legales —añade el investigador—. Mujeres y menores que salen de Europa del Este con documentación validada por su ONG. Además, tienen programas sanitarios, educativos y de inserción laboral.

—¿Has tratado con ella? —pregunta Morris.

—No directamente, pero seguí sus pasos en un caso sospechoso de adopción.

—Menuda perla —suelta Jorge.

—Es mucho más que eso —advierte Dasilva—. Es peligrosa porque tiene poder institucional.

—Todo eso es un avance enorme para el caso —dice su compañera—. Carmen, ¿podrías tirar de tus contactos para averiguar si en las últimas semanas su organización ha tenido relación con algún centro institucional de menores en nuestro país?

—Por supuesto.

—Pero sigo sin entender… ¿para qué quieren a Medina? —Morris niega con la cabeza.

—Lo que sabemos hasta ahora es que Gabriel escuchó una conversación extraña en un restaurante y luego se las encontró en la Torre Eiffel —continúa Carmen—. Demasiadas casualidades, ¿no creéis?

—Un inspector español de vacaciones y justo coincide dos veces con una sospechosa que lleva cinco años sin pisar París… Hay piezas que no encajan —afirma el informático.

—O alguien no quiere que encajen para que miremos en dirección contraria —añade Camila.

Elías permanece serio al otro lado.

—Has dicho que estás trabajando con Jean, ¿no? —continúa ella—. En unos días le devuelven el puesto. Bruselas lo va a incorporar a nuestro equipo. Luego te cuento nuestros avances aquí, pero necesito que consigas las imágenes del restaurante.

—¿Qué sospechas, Morris? —pregunta él.

—Quiero saber si colocaron a Medina en el lugar exacto en el momento preciso para que él mismo se metiera en la ratonera.

—Intentaré conseguirlas.

—Y por otro lado necesito que investigues la empresa de transportes Transbois Méditerranée. Registro, socios, vínculos, contratos.

—Entendido.

—Jorge, pásale por esta vía el informe completo de la operación en la frontera franco-española.

—Perfecto —teclea y envía el archivo.

La inspectora añade:

—Y, por último, Maite recibió un ramo de flores con unas palabras que sospechamos son de Medina… o de alguien que quiere que creamos que él lo envió. En el grabado de la tarjeta había un gato.

Jorge, que ha estado navegando en segundo plano, se queda quieto de repente.

—Un momento. Esto no es posible. Estoy viendo los logs. —Teclea de nuevo—. Esto no puede ser .El último inicio de sesión fue hace dos días —exclama girándose hacia ellas.

—¿Estás seguro? No hemos vuelto desde la última vez —dice Morris.

El informático amplía la línea y señala la fecha.

—¿Acceso remoto? —pregunta Elías.

—Puede ser… o alguien con sus credenciales.

—¿Puedes ver desde dónde? —tantea Camila, acercándose más.

—Espera…, no estoy muy familiarizado con este entorno, pero puedo intentar…

La pantalla parpadea y el navegador se cierra.

En negro aparece el mensaje: Error de autenticación.

—¿Qué ha pasado? —inquiere Carmen.

—¡Mierda! Lo han cerrado en remoto.

Intenta reconectar, aunque el acceso ahora es denegado.

El teléfono secundario de Morris suena. Es Elías.

—Nos han detectado —dice al otro lado.

—¿Qué quieres decir?

—Que alguien está usando las credenciales de Medina desde otro punto que no es su despacho. Le ha saltado vuestra actividad como alerta y os ha bloqueado. A mí me aparece que el usuario de Medina ya no existe.

Morris aprieta el teléfono con fuerza.

—¡Mierda!