Medina. Operación Ébano (Universo Morris) Capítulo 47
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Capítulo 47

S alen de la prefectura pasadas las once y media. El aire es frío en comparación con el que había dentro del edificio. La periodista se coloca la chaqueta y se abraza a sí misma antes de mirarlos de frente.

—Sandrine, muchas gracias por tu ayuda —dice Elías—. Me voy al túnel.

—¿Ahora? —Jean lo mira, incrédulo.

—Es casi medianoche —añade ella.

—Por eso, a estas horas hay menos tráfico. Os informaré si encuentro algo.

—Voy contigo —se adelanta Morel sin dudar.

—No es necesario, de verdad.

—Voy con vosotros —se apunta la periodista, moviendo los pies, nerviosa.

Jean niega con la cabeza de inmediato.

—¡No! No es seguro. Vete a casa.

—Ni hablar —niega, chasqueando la lengua—. Yo me voy con vosotros.

—Puede ser peligroso, Sandrine.

—No me vais a dejar fuera ahora.

—No eres agente —justifica Morel. Se acerca y la sujeta por los hombros—. Eres periodista.

—Precisamente por eso quiero verlo. Información de primera mano.

—No sabemos lo que nos podemos encontrar.

—Te recuerdo que he sido yo la que se ha dado cuenta de la sombra en el suelo.

Elías suelta una carcajada breve. Jean se gira para fulminarlo con la mirada y el investigador levanta las manos para pedir disculpas.

—Perdón, perdón, pero tienes que reconocer que tiene razón.

—Voy con vosotros y punto —sentencia ella.

El agente cierra los ojos un segundo. La conoce y sabe que no va a dar un paso atrás. Dirige la mirada hacia Montenegro y asiente.

—Tengo la furgoneta a un par de manzanas —informa él, mostrando las llaves.

Sandrine sonríe, satisfecha.

✺✺✺✺

La periodista va en el asiento trasero mirando por la ventanilla. La luz de las farolas entra y sale de su rostro como si marcara un ritmo constante. Elías conduce sin hablar y Jean revisa su móvil en silencio.

Al llegar a la entrada del túnel, el investigador reduce la velocidad y aparca en el mismo lateral donde, según las cámaras, estuvo la furgoneta la noche del 29 de junio.

Se queda unos segundos con las manos apoyadas en el volante.

—Vuelves a estar en el mismo sitio —murmura—. Danos una pista.

El tráfico en esos momentos es constante aun siendo medianoche, pero salen de la furgoneta. Allí, el aire dentro del túnel se siente más pesado y caliente. Huele a goma quemada y a combustible.

Sandrine se encoge y cierra los ojos en un acto involuntario al sentir el rugido de un coche que pasa demasiado cerca.

—Pégate a la pared y colócate un pañuelo en la boca, los gases aquí son fuertes —le dice Jean.

Ella asiente y obedece sin discutir.

Caminan por el arcén técnico con pasos lentos, la pared está algo húmeda al tacto y la iluminación amarilla de los focos crea sombras irregulares a su paso.

Elías se mueve un par de metros por delante hasta que llega a la puerta metálica y se detiene. Es discreta y está integrada en el muro.

Saca el móvil y fotografía la placa:

«Accès Technique – Ville de Paris. Service Infrastructures Urbaines».

Jean se coloca a su lado para examinarla.

—Está cerrada. Y mira el candado, es relativamente nuevo, fíjate que no tiene nada de óxido. —Inspecciona la puerta y, al levantar la vista, ve la cámara encima de la puerta. Chasquea la lengua—. Y además nos están grabando.

Sandrine mira hacia arriba. La cámara es pequeña y está orientada directa para grabar al acceso de la puerta.

—No podemos forzarla —añade Elías.

Un camión pasa y el viento casi los desestabiliza. Sandrine se agarra al investigador, que la sujeta.

—¿Estás bien? —Ella asiente con la cabeza y se aparta el pelo de la cara—. ¿De quién dependen los túneles? —pregunta Montenegro .

—Infraestructuras urbanas —responde Sandrine—. Del ayuntamiento.

—Entonces habrá planos.

—Debería haberlos —confirma Jean—. Distribución interna, galerías, salidas de emergencia y todo ese tipo de cosas

Elías asiente.

—Necesitamos saber a dónde lleva esta puerta, pero sin levantar sospechas.

De repente, Sandrine cruza los brazos, entrecierra los ojos y exclama:

—Tengo un amigo en Urbanismo que me debe un favor.

—¿Un favor de qué tipo? —quiere saber Morel, que la mira intrigado. Ella eleva ligeramente la comisura de los labios y le guiña un ojo.

—Del tipo que no se pregunta, cotilla entrometido —suelta, y el español los observa con una media sonrisa.

—Sandrine…, ¿cuándo crees que podrás conseguir esos planos?

—Mañana mismo.

Antes de marcharse, Elías vuelve a fotografiar la puerta desde varios ángulos diferentes.

Suben de nuevo a la furgoneta y, mientras se alejan, Sandrine mira por el retrovisor hasta que la entrada del túnel desaparece.