Capítulo 45
E l comisario se sitúa frente a la pantalla. A su izquierda se coloca Carmen y a la derecha, Morris.
Sáez y González quedan fuera de cámara mientras que Jorge prepara la grabación de toda la intervención.
La pantalla se activa y Duret aparece en su despacho.
—Señor Duret, ¿qué tal está?
—Gutiérrez —asiente—. Morris, Dasilva, ¿qué tal el viaje de vuelta?
—Muy bien, señor —contesta Carmen.
Camila aprieta los labios y hace un leve asentimiento de cabeza.
—Voy a ir directo al grano, tengo otra reunión en veinte minutos —dice con tono condescendiente—. En el informe que me enviaron de la operación conjunta consta, y leo textualmente: «Nos retiramos de la misión por pérdida de confianza en la cadena de inteligencia».
Levanta la vista del documento con cara seria.
—Explíquese.
Francisco Gutiérrez no cambia el gesto, pero traga saliva para ganar segundos.
—Señor, mi responsabilidad es garantizar que ningún agente bajo mi mando opere en un entorno donde la información estratégica no sea íntegra.
—Palabrería, Gutiérrez —lo corta haciendo un ademán con la mano—. Hable claro.
—El equipo francés nos informó de que el inspector Gabriel Medina había sido localizado en un buque vinculado a la organización que estaban investigando. Se nos envió una imagen —se recrea en una pausa— supuestamente obtenida por un infiltrado.
Duret asiente.
—Sí, lo sé. Tengo constancia de que esa información fue validada por la unidad informática francesa.
—La imagen es falsa, señor.
El alto cargo se queda inmóvil.
—Nuestros técnicos han confirmado que está generada por inteligencia artificial —continúa Gutiérrez—. La base usada es una fotografía pública del inspector. El escenario del puerto ha sido superpuesto.
—¿Está completamente seguro de eso? —inquiere su interlocutor con el ceño fruncido.
—Sí.
Silencio.
Duret se lleva la mano a la barbilla.
—La imagen fue remitida como prueba de vida —añade Gutiérrez, con la voz más firme—. Y como argumento para mantener sin interrupciones la línea de investigación de la operación Ébano.
Ante esa acusación, el francés se inclina hacia la cámara.
—¿Está diciendo que el equipo francés manipuló deliberadamente la información?
—Estoy diciendo que alguien dentro del equipo fabricó una prueba para dirigir nuestras indagaciones hacia un objetivo concreto y evitar que se siguiera investigando la desaparición del inspector Medina.
La tensión en estos momentos se siente tanto en el despacho de Bruselas como en la sala de operaciones de Alicante.
—¿Cuándo detectaron la manipulación? —pregunta Duret.
—El lunes pasado.
—¿Antes del operativo?
—Sí.
—¿Y por qué no se me informó de inmediato?
—Porque decidí esperar para ver si el operativo arrojaba información útil sobre la desaparición de nuestro agente. Sin embargo, durante el despliegue se detectaron nuevas irregularidades.
Duret guarda silencio unos segundos y entrecierra los ojos.
—Comisario —interrumpe—, yo envié a sus inspectoras al operativo precisamente porque no me fiaba del equipo francés local. Les pedí expresamente que me informaran de cualquier anomalía.
Ante esas palabras, Carmen y Morris intercambian una mirada.
—Lo sé —responde Gutiérrez—. Y por eso esta conversación es con usted y no con ellos.
El alto cargo respira hondo antes de proseguir.
—¿Qué clase de irregularidades encontraron, inspectora Morris? —pregunta desviando la mirada hacia ella.
—Durante el dispositivo, el foco estaba exclusivamente en los camiones de la empresa de transporte.
Solo se interceptaban esos vehículos —anuncia Camila, que mira a sus compañeros antes de añadir—: Sin embargo, detectamos dos furgonetas negras que circulaban unos tres vehículos por detrás de los camiones.
Con cristales tintados y sin distintivos circulando a una velocidad relativamente baja.
—¿Y eso le resultó sospechoso? —pregunta Duret.
—Señor, la pregunta es por qué un operativo que lleva años bajo la operación Ébano no detecta ese patrón tan obvio y se limita a interceptar únicamente los camiones de la empresa de transporte de la que se ha dado el chivatazo.
El francés no aparta la mirada.
—¿Insinúa que el operativo estaba mal planteado?
—Digo que era demasiado evidente —señala Morris, negando con la cabeza, un poco molesta.
Gutiérrez retoma la palabra.
—Y esa es otra razón por la que retiré a mi equipo. Si la información que nos llega está dirigida y el operativo solo contempla un tipo de vehículo, alguien está filtrando o sesgando información.
—Entiendo —dice Duret, entrelazando las manos.
Morris añade, más calmada:
—Señor, no afirmamos que el equipo francés esté implicado. Afirmamos que alguien dentro del operativo sabía exactamente dónde hacernos mirar. —Eso hace que el alto mando respire en profundidad.
—Entiendo su retirada —cede finalmente—. Y entiendo su desconfianza. Voy a ordenar una revisión interna inmediata, principalmente de la validación de esa imagen —continúa él—. Pero les necesito dentro del operativo, y no les quiero como enemigos.
Gutiérrez asiente.
—¿Qué sugiere?
—Les pido que trabajen juntos, pero que no debe ser por petición suya —afirma el francés—, eso sería levantar sospechas.
Seré yo el que haga la petición, alabando el buen juicio de las inspectoras durante el operativo.
Aunque necesito que cumplan con una condición —añade—.
Discreción absoluta hasta que podamos verificar el alcance de la manipulación.
—La tendrá —responde Gutiérrez—. Nosotros también tenemos una solicitud.
—¿Qué clase de petición? —pregunta él con las manos entrelazadas.
—Queremos que el agente Jean Morel sea nuestro enlace.
Duret alza ligeramente las cejas y Morris se tensa.
—¿Por qué él?
—Tuvo contacto directo con Medina. Y bajo nuestro criterio, su suspensión no quedó suficientemente clara.
—De acuerdo, lo reincorporaré provisionalmente como enlace bajo coordinación europea alegando su contacto con el inspector Medina. —Hace una pausa—. Y, comisario —zanja Duret—, si esto es lo que parece… no estamos hablando solo de trata.
Gutiérrez sostiene su mirada.
—Lo sé.
La conexión se corta y el comisario se levanta satisfecho.