Medina. Operación Ébano (Universo Morris) Capítulo 44
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Capítulo 44

L a sala de reuniones está en silencio cuando Morris entra. Carmen ya está sentada con un café en la mano. La mira y fuerza una sonrisa; se le nota el nerviosismo.

González y Sáez revisan unos documentos mientras Jorge teclea a toda velocidad frente al portátil.

El comisario, en cambio, asiente con la cabeza y aprieta los labios al verla entrar. Así que se sienta y deja el móvil boca abajo sobre la mesa.

—Bien —dice el comisario desde la cabecera—. Empecemos.

Carmen toma la palabra.

—La fotografía facilitada por el equipo francés de Medina embarcando en el carguero es falsa. Jorge nos ha confirmado que está generada por inteligencia artificial.

El jefe del departamento de informática gira el portátil hacia el resto. Amplía la imagen y señala con el cursor varios puntos.

—Esto de aquí son patrones repetidos en sombras. Y estos bordes están mal integrados. Además de que la imagen de Medina está extraída de sus redes sociales.

Las dos inspectoras se miran.

Jorge proyecta ahora en la pantalla delantera la foto original de Instagram. A su lado, coloca la imagen enviada por los agentes franceses. Amplía ambas. Pasa el cursor por encima y marca las coincidencias.

—Es la misma base.

Señala el ángulo del hombro, la caída de la luz y la posición de la mano, que son idénticas.

—Han usado esta. La otra está generada encima, era cuestión de tiempo que lo descubriéramos.

—¿Con qué objetivo? —resopla González.

—Desviar la atención —responde Morris—. O ganar tiempo.

—¿Tiempo para qué exactamente? —pregunta Sáez.

Ella mantiene la mirada fija en la mesa hasta que la levanta y se encuentra con los ojos de Gutiérrez.

—Para poder mover mercancía con total libertad —confirma—. La inspectora Dasilva y yo participamos en un operativo conjunto con el equipo francés y el catalán en el paso fronterizo.

Hace una pausa.

—Durante el operativo detectamos una furgoneta negra que no encajaba con el flujo habitual.

Circulaba tres vehículos por detrás de los camiones de Transbois Méditerranée, de los cuales hubo un chivatazo y se supone que ahí debía ir la mercancía Las furgonetas tenían los cristales tintados, sin ningún distintivo visible y a una velocidad inferior a la de los camiones, un dato bastante verosímil para ese tipo de furgoneta y carretera.

Carmen asiente.

—Al hacer el alto a una de estas furgonetas, el operativo catalán encontró que en el interior viajaban tres mujeres jóvenes, procedentes de Europa del Este con pasaportes falsos. El conductor era de nacionalidad rumana y estaba visiblemente alterado.

Ella mira a sus compañeros uno a uno antes de continuar:

—Horas después, el comisario nos confirmó que, antes de ese control, otras dos furgonetas con las mismas características habían cruzado la frontera.

En las cámaras de la estación de servicio se identifica a los conductores también de Europa del Este.

No tenemos confirmación visual del interior, con lo que no podemos saber si también transportaban mujeres.

Se hace un pequeño silencio que la inspectora aprovecha para tomar un sorbo de agua. Y, mientras, Carmen se levanta y reparte unas carpetas entre los compañeros.

—Bruselas había alertado del posible paso de mercancía vinculada a una empresa de transporte.

Y cuando digo mercancía me refiero a mujeres —tras decir eso, la palabra vuelve a quedar suspendida en el aire—.

Al interceptar la tercera furgoneta, además de las tres mujeres se encontraron diez mil euros en efectivo bajo el asiento del copiloto.

Imaginamos que era el pago por el transporte, además de descubrir que las matrículas estaban clonadas.

González hojea el dosier.

—¿Bruselas está en el ajo?

—Es lo que queremos averiguar —responde Morris—. Yo no me fío de nadie. Y cuando digo de nadie, González, es de nadie. Solo confío en las personas que estamos en esta sala ahora mismo.

Gutiérrez se levanta. Baja un poco más la persiana y se gira hacia ellos.

—La operación Ébano esconde muchas cosas, pero ahora tenemos la pelota en nuestro tejado. Bruselas nos ha pedido ayuda, nuestro equipo ha detectado irregularidades. El siguiente paso es las Task force europeas. Intercambio obligatorio de inteligencia.

González frunce el ceño.

—Eso les dará acceso a todo nuestro material.

—Y a nosotros al suyo —responde el comisario.

Ante esa opción, Morris respira hondo.

—¿Podemos pedir una condición, señor? —pregunta, haciendo que las miradas se claven en ella—. No estamos en posición de imponer condiciones —replica su comisario.

—No es una imposición. Es una cuestión más bien operativa —hace una pausa medida—, quiero que el oficial de enlace sea Jean.

Y ahí Sáez interviene.

—¿Por qué?

—Nos puede hacer de intérprete —asegura Morris.

—No creo que sea el único francés que hable español —puntualiza González.

—Pero es el único que ha tenido contacto directo con Medina. Conoce el caso, así como la ciudad. Y fue apartado cuando empezó a hacer preguntas.

Silencio.

—En la actualidad está suspendido —confirma Gutiérrez.

—Está suspendido por intentar ayudar —aclara Camila—. Detectó irregularidades.

—¿Cómo sabe eso? —pregunta el comisario.

Morris guarda silencio un segundo.

—Solo son conjeturas mías. Cuando tenga algo sólido, lo comunicaré.

—Somos un equipo, Morris —le recuerda su Gutiérrez sosteniéndole la mirada y ella asiente.

—Lo sé.

Tomando una bocanada de aire, su jefe afirma:

—Solicitaré activación de la Europol por sospecha de red de trata transfronteriza. Y pediré formalmente que el oficial de enlace designado sea Jean Morel.

Sáez exhala y González desvía la mirada hacia Morris, pero es Carmen quien interviene chasqueando la lengua.

—No creo que acepten.

—Si no aceptan —añade Jorge—, sabremos por qué.

Justo entonces, el teléfono del comisario suena. Mira la pantalla y los mira serio.

—Es Bruselas.

Silencio absoluto.

—Comisario Gutiérrez.

Escucha, asiente con la cabeza, pero no habla hasta que la mandíbula se le tensa.

—Sí… Entiendo… Cuente con ello.

Y sin más, la llamada se corta.

—El jefe de coordinación europea exige una reunión en una hora.

—¿Duret? —pregunta Carmen.

—Sí.

—¿Nos están advirtiendo? —tantea González.

—Más bien yo diría que nos están midiendo —corrige ella.

—En esa videoconferencia, déjeme hablar —le advierte Gutiérrez a Morris.

—Sí, señor.

—A partir de ahora, solo hechos. Nada de acusaciones.

Camila asiente.

El comisario apoya ambas manos sobre la mesa, mirándolos fijamente.

—Nadie se lleva a un inspector de vacaciones porque sí.

Medina debió encontrar algo y alguien manipuló una prueba para desviar su desaparición.

—Hace una pausa—. Y vamos a averiguar quién…

Morris, lo de Perpiñán ha sido algo aislado, pero desde ya doy por finalizada tu baja y tus vacaciones. ¡Estás de vuelta al cien por cien!