Medina. Operación Ébano (Universo Morris) Capítulo 39
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Capítulo 39

Camila y Carmen están sentadas en frente de ellos con los cascos puestos.

—Control norte operativo. Primera carga detenida —se escucha en voz alta por parte de uno de los operativos.

Ambas desvían la mirada hacia arriba para observar cómo sus compañeros detienen a un camión de carga de la empresa Transbois Méditerranée.

Aixalá ordena a sus subordinados que inspeccionen el cargamento.

Uno de los agentes caninos se adentra en el camión con el perro.

Morris mueve el pie, inquieta. Después de registrar el camión por más de media hora, el operativo canino sale negando con la cabeza.

—Todo en orden.

En otra zona, dentro de una furgoneta sin distintivos aparcada en un lateral, Delacroix observa dos pantallas. A su lado, la capitana Élise sostiene una radio.

—¡Tranquilos! Sigamos con el protocolo, quedan muchas horas.

El segundo control llega poco después de la medianoche. El agente Delgado avisa de que llega otro camión de la compañía de maderas y le dan el alto.

El conductor se baja, es un hombre flaco con gorra y gafas que quiere saber lo que pasa.

—Tengo prisa, agente. ¿Qué sucede?

—Documentación —solicita el mosso d’esquadra .

Le hace entrega de todo. Delgado lo revisa, rodea el camión mirando las ruedas hasta colocarse en la parte trasera.

—Abra.

El conductor suspira, pero sabe que no tiene alternativa. El agente se sube y camina entre las maderas. La carga es muy similar a la del camión anterior. Se agacha, mueve una de las planchas.

—Que pase el equipo canino.

—¿Qué están buscando? —quiere saber el conductor—. Si llego tarde me penalizan, ¿sabe?

—Rutina, señor.

A los pocos minutos el agente canino se baja del camión y le ordena que siga su trayecto.

Camila no aparta la vista de las pantallas que enfocan las diferentes carreteras.

—Todo es demasiado obvio, Carmen. Aquí hay algo que falla.

—¿Qué ves?

—El soplo es para los camiones de Transbois Méditerranée, pero… —Se queda mirando la pantalla, coge el ratón y amplía la última imagen. Justo detrás del camión van dos furgonetas negras con los cristales tintados.

Chasquea la lengua, congela la imagen y Morris silencia los auriculares—. Quique —llama al agente informático que les está prestando soporte técnico.

—¿Sí, inspectora?

—¿Puedes enseñarme los minutos antes del primer control?

Rueda la silla hasta colocarse delante de la pantalla de su portátil, teclea sin mirar y le muestra el momento girando la pantalla.

—¿Qué buscas, Camila? —interroga Dasilva.

—No vamos a encontrar nada en los camiones, o por lo menos no lo que queremos encontrar. Todo es demasiado fácil para un operativo que lleva más de diez años. Están jugando al gato y al ratón con nosotros.

Morris se acerca a la pantalla, le quita el ratón a su compañero y desliza el vídeo varios minutos antes. Abre los ojos, lo pone en marcha y vuelve a rebobinar.

—Mira —señala con la mano una furgoneta negra con los cristales tintados y luego señala el segundo control—.

Hay un patrón claro. Justo detrás de los camiones hay una furgoneta que, obviamente, pasa de largo porque solo estamos parando a los camiones de la empresa de maderas. Es demasiado obvio, Carmen.

—¿Crees que la policía francesa está en el ajo?

—No lo creo, pero… Quique, ¿puedes encontrar una diapositiva donde podamos ver las dos matrículas?

—Creo que sí —indica el informático que se pone a teclear sobre su portátil.

Mientras tanto, ella se levanta y se acerca a la ventana. Desde allí puede ver una de las carreteras principales atestada de vehículos.

—Las tengo.

—Pásalas por el sistema. Quiero ver a quién pertenecen.

—Esto no puede ser… —responde señalando la pantalla—. FR-7614-QZ corresponde a un Renault Clio gris.

Carmen frunce el ceño.

—¿Un Clio?

—La propietaria —continúa el informático— es una mujer de sesenta y dos años con domicilio en Lyon.

—La matrícula está clonada —murmura Morris.

—¿Estás seguro, Quique? —insiste Dasilva.

—Completamente. El Clio está asegurado, ITV al día, domiciliado en garaje privado, todo en regla.

—Busca la otra, por favor —le pide la inspectora, sacando su móvil y poniéndolo en marcha.

—No puedes usar teléfonos, Camila —le advierte su compañera.

—Esas dos furgonetas ya están en suelo español. No voy a dejar que se escapen.

—Vale… —interrumpe Quique—. FR-9038-LM corresponde a un Peugeot 208 azul.

Carmen niega con la cabeza antes de que termine.

—El propietario es un varón de veintitrés años, estudiante en Toulouse. Vehículo particular. Seguro activo.

Levanta la vista para mirar a la inspectora, que está con el teléfono en la mano.

—No es casualidad —niega Morris—. Llama ahora mismo a Aixalá y explícale lo que hemos encontrado. Que paren al camión de Transbois Méditerranée y a la furgoneta que debe llevar detrás.

Se levanta y sale de la sala con el teléfono en la oreja.

—Camila, es de madrugada. ¿Qué sucede? —La voz del comisario Gutiérrez suena adormilada al otro lado de la línea.

—Señor, necesito que rastreen dos matrículas que acaban de entrar en nuestro país.