Medina. Operación Ébano (Universo Morris) Capítulo 33
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Capítulo 33

—B ienvenida a Perpiñán —dice en voz baja Carmen mientras acceden al andén.

Morris asiente y ambas se dirigen con pasos lentos hacia la salida para localizar el coche que las llevará hasta su alojamiento. A pocos metros, un hombre de unos cuarenta años sostiene un cartel con los apellidos Morris y Dasilva escritos en letras negras.

—Buenas tardes —saludan ambas inspectoras al colocarse frente a él.

—Inspectoras Morris y Dasilva —saluda él en un español correcto, de acento neutro—. Soy el agente especial Aixalá. Las llevaré hasta su alojamiento.

No les da la mano, se limita a asentir con la cabeza y las incita a seguirlo hasta el coche. El trayecto dura menos de quince minutos. Las inspectoras viajan en silencio observando cómo el paisaje de la estación antigua da paso a las callejuelas ocres con fachadas de piedra de la ciudad.

El edificio frente al que paran resulta ser un apartahotel discreto pero moderno, situado a las afueras de la ciudad.

—En dos horas tendremos la primera reunión con todo el equipo —informa mientras les hace entrega de las llaves de sus apartamentos—. Se realizará en la sala de reuniones situada en la entreplanta del edificio.

Sin esperar respuesta, se da la vuelta, se sube al coche y se marcha.

—¿Nos damos una ducha y bajamos a comer algo antes de la reunión? —pregunta Carmen.

Su compañera asiente y cada una entra en su apartamento.

La estancia es funcional, con una cama amplia en el centro, un escritorio pegado a la pared junto a la ventana y una pequeña cocina que parece no haber sido usada nunca.

Deja la maleta sobre la cama, se quita la chaqueta y la cuelga en el armario.

Saca el móvil y envía un mensaje a Álex y otro al comisario.

Luego extrae el segundo teléfono, lo enciende y espera unos segundos hasta que aparece el mensaje de Elías.

Se levanta con el teléfono pegado a la oreja y se acerca a la ventana.

—Tenemos que vernos. Cojo un avión para Alicante el fin de semana —informa su amigo sin más dilación.

—No estoy en Alicante, me han desplazado hasta Perpiñán por trabajo. ¿Has averiguado algo? —pregunta ella.

La línea queda en silencio por unos segundos y Camila escucha como la respiración entrecortada de su excompañero se acelera.

—¿Qué sucede, Elías?

—¿Te han asignado un caso nuevo? —pregunta, desconcertado.

—No puedo darte mucha información por ahora, aunque sí está relacionado con Medina y con la operación Ébano. Tenemos la primera reunión en un par de horas.

—Joder… Joder… —resopla—. Esto es gordo, Camila. Muy gordo. He descubierto algo… Pero tenemos que vernos en persona.

—¿Has averiguado dónde está Medina? —insiste, nerviosa.

—No hay rastro de él, por el momento —se lamenta—. No te fíes de nadie, Camila. De nadie. ¿Me has oído?

La comunicación se corta sin esperar respuesta y a Morris se le eriza el vello de la nuca.

En ese momento llaman a la puerta. Camila abre sin pensar y se encuentra con Carmen, que la observa con una sonrisa tranquila.

—¿Todavía no te has duchado?

—No, eh, estaba hablando con Álex —miente. Dasilva no sabe que ha contratado a un investigador privado para localizar a Medina.

—¿Te encuentras bien?

—Sí, sí —sonríe—. Es solo que el tren me ha dejado un poco mareada.

✺✺✺✺

La sala de reuniones es austera y funcional, con una mesa ovalada en el centro y seis sillas alrededor. Las inspectoras entran y saludan al resto con un leve gesto de cabeza.

—Buenas tardes —dice uno hombre trajeado que se adelanta para darles la mano—. Soy el comandante Valette, responsable del dispositivo.

Ambas asienten.

—A la capitana Élise Leclerc ya la conocen —continúa—.

Ellos son los mossos Aixalá y Delgado, de la Unidad Catalana de Tráfico de Personas.

Falta el comisario Armand Delacroix, que llegará a última hora de la tarde.

Y ella es la intérprete española que le irá traduciendo todo lo que se hable en la reunión a la capitana Élise.

—Gracias, señor —responde Morris, mira a la capitana y le sonríe. No le cae bien, pero necesita que la francesa piense lo contrario.

El comandante pulsa el mando y un mapa aparece proyectado en la pared: la frontera franco-española, con franjas en color rojo en el eje de Perpiñán–La Junquera.

—Las indicaciones de este operativo proceden directamente de Bruselas —comienza—.

Deben saber que el nivel de confidencialidad es máximo.

No habrá grabaciones ni comunicaciones externas del operativo mientras dure la operación.

Cualquier filtración, incluso involuntaria, será considerada sabotaje. ¿Queda claro?

Recorre la sala con la mirada. Todos asienten.

—Lo que sabemos hasta ahora es lo siguiente.

—Señala una zona próxima al límite fronterizo—.

Habrá un traslado logístico que podría producirse el sábado por la noche, en una franja comprendida entre las 21:00 y las 03:00.

El aviso procede de un infiltrado y nos ha comunicado que los vehículos pertenecen a la empresa Transbois Méditerranée, una empresa dedicada al transporte de madera.

Cambia la diapositiva antes de continuar.

—Tenemos identificados diez camiones de esa compañía que suelen hacer la ruta Francia-España todas las semanas. El operativo se articulará bajo una tapadera judicial: mañana se emitirá una alerta pública por la búsqueda de un individuo peligroso fugado de un centro penitenciario del sur de Francia.

Hace una pausa y sigue.

—Eso nos permitirá establecer controles extraordinarios en carreteras secundarias, revisiones de vehículos pesados y refuerzos fronterizos temporales.

Nadie —los observa uno a uno—, absolutamente nadie fuera de esta sala conocerá el verdadero objetivo.

—Aparece una ficha policial ficticia en la pantalla—.

La prensa recibirá información controlada, lo suficiente para justificar la presencia policial sin levantar sospechas.

Y estos serán los controles visibles . Todo vehículo que pase por aquí será inspeccionado —afirma marcando tres puntos en rojo.

Abre una carpeta y reparte la documentación entre ellos.

—El equipo francés asumirá la intervención operativa y la cadena de custodia, llevan al cargo de la operación Ébano los últimos años.

Estarán al mando de las paradas y los registros, pero jamás estarán en primera línea, siempre será el operativo fronterizo y los Mossos d'Esquadra los que intervendrán en territorio —recalca, y se queda mirando a Élise—, su equipo estará en furgonetas en la zona dirigiéndolo todo.

Valette bebe un poco de agua antes de seguir con las indicaciones.

—Las pruebas recabadas quedarán bajo custodia francesa desde el primer momento: documentación, dispositivos, mercancía, ¿entendido?

—Los asistentes asienten—. Esto es innegociable —subraya—.

Nadie actuará por iniciativa propia. Un solo error podría invalidar años de trabajo…

o algo peor. El equipo español estará en todo momento alojado aquí —señala un punto del mapa—, en un apartamento franco.

Camila aprieta los dientes, consciente del desplazamiento estratégico. Mira a Carmen; ambas intercambian una mínima expresión de complicidad.

—Su función será observar —asegura él, mirándola—.

Morris, necesito que vea lo que otros no ven.

—Apoya las manos sobre la mesa y continúa—: La inspectora Dasilva es especialista en análisis conductual.

Así que si impedimos que la mercancía llegue a destino, su aportación será clave.

Está acostumbrada a tratar con personas vulnerables, en situaciones límite.

Recuerden que este operativo no termina con una intervención puntual, deberemos sacar toda la información posible a posteriori .

Encontrar esa mercancía tiene que parecer un golpe de suerte del equipo fronterizo liderado por los agentes de los Mossos presentes.

Camila se clava las uñas en el muslo al oír la palabra mercancía.

—Existe la posibilidad real de que esto sea un señuelo —añade el comandante—. Por eso los necesito a todos al cien por cien.

Mira el reloj y apaga el proyector.

—Mañana recibirán los protocolos finales. Hasta entonces, discreción absoluta. Pueden moverse por la ciudad, para hacer turismo, pero, repito, con discreción