Capítulo 25
Y a están de regreso en España. Maite ha decidido que lo mejor es instalarse en casa de sus padres con la pequeña Lucía hasta que Medina regrese a casa.
No es capaz de estar en su hogar sin él, y mucho menos está preparada para enfrentarse sola a las insistentes preguntas del paradero de su padre.
Les ha entregado un juego de llaves a Jorge y a Morris para que puedan acceder al ordenador de su marido.
El informático abre la puerta y Camila entra detrás, con el pen drive en el bolsillo y el gesto tenso al tener que enfrentarse a esa casa sin la presencia de su compañero. Mira la estancia y el corazón se le encoge al ver un libro abierto en el sofá y varios juguetes de Lucía sobre la alfombra.
—Gabi… —susurra ella.
Jorge se gira para mirarla y aprieta los labios.
—¿Estás segura de que quieres hacer esto? —pregunta.
La inspectora asiente con la cabeza, avanza hasta la puerta que da al pasillo, enciende la luz y lo atraviesa con pasos firmes. Se detiene a observar una fotografía de Medina con Maite en la playa en la que ambos sonríen abrazados.
—Le encontraremos —asegura Jorge, apretándole el hombro.
—Tengo que hacerlo —dice con la voz quebrada, sin mirarlo—. Es mi familia. —Endereza los hombros y abre la puerta del despacho.
La habitación es pequeña, con estanterías llenas de libros técnicos y cables enrollados.
Hay un ordenador de mesa sobre el escritorio.
Jorge se adelanta y se sienta en la silla para encenderlo.
La pantalla parpadea durante unos segundos y el sistema arranca sin pedir ninguna clave de acceso o contraseña.
—¿No tenía clave?
—No —niega con la cabeza, encogiéndose de hombros—. Este equipo es el que usa o… —se le quiebra la voz— usaba solo para acceder a la dark web.
Jorge gira la silla hacia Morris.
—Lo va a seguir usando, Camila —asegura, y extiende la mano con la palma abierta—. ¿El pen ?
Inquieta, ella lo saca del bolsillo, le da varias vueltas entre los dedos y finalmente se lo entrega. Jorge lo conecta, conteniendo la respiración, y tras unos segundos el sistema lo reconoce al instante.
Morris se sienta a su lado y traga saliva. En la pantalla aparece una carpeta sin nombre.
—Eso no estaba ahí el otro día —comenta Camila, señalando una subcarpeta.
Jorge coloca el ratón sobre ella y la abre. En la carpeta hay dos archivos. Uno titulado Echo_7.log y otro, más críptico: List_TT_16-18.csv.
—Parece un registro de actividad con fechas, varias IP, rutas de acceso y algún listado.
—Te aseguro que esto no estaba cuando lo abrí en mi portátil —insiste Morris, nerviosa.
—Puede ser que estuviera cifrado. El ordenador de Medina usa capas de seguridad.
Jorge hace clic sobre el archivo y una barra verde aparece en la pantalla, indicando que se está descargando.
—¿Pueden detectar que lo estamos usando? —pregunta Morris.
—Con el sistema que montó Medina aquí, lo dudo.
Suena un pitido, ambos aguantan la respiración. El archivo se abre y observan con atención que contiene fechas, lugares y nombres muy concretos:
27/04/2024 — Barcelona — evento: Gala Horizon — captación (Silvia Roca)
30/04/2024 — Gennevilliers — carga: memoria de madera.
03/05/2024 — Amberes — contacto: C. Ferrara — reorganización logística
05/05/2024 — Frankfurt — escala técnica — vuelo privado
07/05/2024 — Dubái — recepción final — coordinación: A. Kovalenko
Morris lee los datos sin decir nada, pero Jorge se inclina sobre la pantalla.
—¿Qué es memoria de madera?
—Jean me contó que usan una empresa de madera para transportar a las chicas —informa Morris.
—Vale —resopla el informático—. Esto es gordo. No sé cómo narices se ha metido Medina en esto.
—Esto son nombres de fundaciones, Jorge, además de contactos logísticos, receptores. Y Silvia Roca… —Ella chasquea la lengua sacando su móvil—. Me suena el nombre, ¿no es la empresaria de eventos?
—Ni idea.
La inspectora asiente con la cabeza al finalizar su búsqueda en el móvil y le muestra la pantalla, donde aparece una mujer de mediana edad, de complexión estilizada, con el pelo castaño, posando sonriente con una carpeta del programa Novum Vitae de la fundación Catalunya entre las manos.
—Es una de las voces públicas de las causas sociales más influyentes de este país —confirma Morris.
—¡Hostia puta!
—Abre el otro archivo, por favor —le pide Camila, muy seria.
El informático se voltea de nuevo hacia la pantalla y, al abrirlo, ambos se tapan la cara con la mano.
—¿Esto es lo que creo que es? —pregunta Jorge, con un hilo de voz.
—Eso parece, Jorge. Una red de niños tutelados. —Se queda en silencio leyendo varios nombres de la lista—. Aquí hay niñas de entre dieciséis y dieciocho años —dice, apenas en un susurro.
ID: 004-AZ — Nombre: Alina Z. — Edad: 15 — Nacionalidad: ucraniana — Estado: tutelada (Barcelona)
ID: 017-MN — Nombre: Mirela N. — Edad: 14 — Nacionalidad: rumana — Estado: acogida (Madrid)
ID: 022-KT — Nombre: Kateryna T. — Edad: 16 — Nacionalidad: ucraniana — Estado: desaparecida (2024)
ID: 031-ES — Nombre: Esmeralda S. — Edad: 13 — Nacionalidad: española — Estado: derivada a fundación.
ID: 045-LB — Nombre: Loubna B. — Edad: 15 — Nacionalidad: marroquí — Estado: sin seguimiento desde mayo 2024
—No me lo puedo creer…
Releyendo el listado, la inspectora suelta todo el aire contenido en los pulmones, luego cierra los ojos y se lleva los dedos al puente de la nariz.
—Jorge, guarda estos datos como oro. En algún archivo codificado, por favor. Y no hables con nadie de esta información.
—Pero, Morris, esto…
—Esto es muy grave, sí —afirma—. Aunque no está en nuestras manos.
—¿Me estás diciendo que mire hacia otro lado? —le recrimina el informático, separándose de la mesa y haciendo rodar la silla para quedarse frente a ella.
—No te estoy pidiendo eso. Te estoy pidiendo que me dejes trabajar. Primero salvamos a nuestro compañero y luego salvamos a estas chicas. —Señala con un dedo hacia la pantalla—. Esto es algo muy gordo, y por lo que parece, es a nivel internacional.
—Sí, pero…
—Jorge, sé de lo que hablo —le interrumpe—. Si hablas ahora, te van a silenciar, hazme caso. Ellos siempre silencian, hay que trabajar desde la sombra.
Él se la queda mirando, luego desvía la mirada hacia la pantalla, relee la información de nuevo, chasquea la lengua y vuelve a mirar a la inspectora que está esperando su complicidad con los hombros tensos.
—Vale, confío en ti.
Jorge se vuelve a colocar frente al ordenador, mueve el ratón y empieza a teclear a toda velocidad para cifrar los archivos.