Capítulo 21
París
M orris aterriza en el aeropuerto de París, el Charles de Gaulle (CDG). El vuelo ha sido tranquilo. Allí la espera Jean, el agente especial asignado. Al verlo, asiente con la cabeza y se dirige hacia él mientras un millón de preguntas la asaltan.
—Espero que haya tenido un buen vuelo —saluda con cortesía el policía cuando la inspectora se coloca frente a él.
—El vuelo ha sido tranquilo —contesta, ofreciéndole la mano—. ¿Vamos?
Morris está incómoda. Tiene que hacerse amiga de él, pero al mismo tiempo lo odia por haber involucrado a Gabi en una investigación tan peligrosa. Hay muchas cosas que no le cuadran en este caso.
—Tardaremos unos cuarenta minutos en llegar hasta el hospital —informa mientras bajan por el ascensor hasta la zona del parking .
—Tiempo más que suficiente para ponernos al día —afirma ella, que lo mira con una sonrisa.
Morel se detiene frente a un coche gris.
—Inspectora —le dice—, siento mucho que su compañero esté involucrado en este asunto.
Ella lo mira, mantiene la mirada hasta que al final asiente con la cabeza.
—Aunque estoy cabreada con él, no puedo juzgarlo —confirma entrando en el coche—. Yo, probablemente, hubiera hecho lo mismo.
—Le prometo que haré todo lo que esté en mis manos para rescatarlo —dice Morel, y Camila no contesta. Sabe que está mintiendo, pero necesita ganarse su confianza.
—Vamos a tutearnos, que al fin y al cabo somos colegas.
Jean la mira de reojo y, por primera vez, parece relajar algo los hombros.
Asiente sin decir nada y ambos entran en el coche.
El motor arranca con suavidad y salen del aparcamiento del aeropuerto, serpenteando entre columnas de hormigón y señales de tráfico.
Morris se quita la chaqueta ligera que lleva y la deja sobre sus piernas mientras observa por la ventanilla cómo la ciudad comienza a desplegarse ante ellos.
Al cabo de unos minutos, el francés rompe el silencio.
—¿Primera vez en París?
—No —responde, sin apartar la vista del exterior.
Saca su móvil y le escribe un mensaje a Álex para informarle de que ya ha llegado a París:
Morris:
Ya en París. Os quiero.
En ese momento le entra un mensaje del comisario:
Gutiérrez:
Recuerda que necesitamos información. No te dejes llevar por la ira.
—¿Qué habéis averiguado hasta ahora? —pregunta sin más, mientras saca su libreta para ir anotando.
Jean la mira y sonríe.
—Veo que eres de las mías —dice, y señala con la cabeza la libreta.
—No me fío mucho de las tecnologías —confiesa, encogiéndose de hombros.
—Tu fama te precede, por lo que te debe de funcionar —la halaga.
Morris aprieta la mandíbula. Sabe que el agente está tratando de distraerla para que no le sonsaque información, pero ella también sabe jugar a ese juego.
—Sí, la verdad es que soy especialista en casos extraños. Veo cosas donde otros no ven nada —suelta con ironía observando su reacción.
—No me cabe la menor duda. —La mira con una sonrisa y levanta las cejas.
Ambos se quedan en silencio durante un largo rato. Ya están entrando en la ciudad y Jean se detiene en un semáforo.
—¿A qué hora fueron tomadas las imágenes que nos mostrasteis de Gabriel? —vuelve a la carga Morris sin miramientos, haciendo que el agente apriete las manos sobre el volante, gesto que no pasa desapercibido.
—No lo recuerdo bien —se gira para mirarla, se humedece los labios y ella nota cómo sus pupilas se dilatan—, creo que fue a primera hora de la mañana.
Devuelve la atención a la carretera, coloca su dedo índice sobre su propia boca y la observa de reojo. El semáforo se pone verde, mete primera y acelera.
—¿Vuestros días siempre son nublados? —pregunta Morris, observando por la ventanilla.
Jean se relaja al ver que la inspectora ha entendido el mensaje.
—No, hay muchos días soleados —asegura—, aunque tengamos fama de que siempre está nublado.
—La última vez que estuve en París también estuvo nublado.
—¿Viaje de placer?
—Sí y no. Simulé un viaje de placer para investigar el caso en el que me hallaba.
—¿Obtuvo resultados?
—Siempre obtengo resultados —dice antes de volverse a mirarlo. Él se remueve otra vez en su asiento.
—Ya se ve el edificio del hospital.
El coche de Morel se detiene frente a la fachada sobria del hôpital Saint-Rémy de la Cité. El edificio, de piedra gris y líneas clásicas, se alza entre dos callejones del distrito V.
Suben en silencio por el ascensor hasta una pequeña habitación situada en la quinta planta. Morris abre con cautela la puerta y en el interior ve a Maite sentada en un sillón con la mirada perdida.
—¿Se puede? —susurra Camila con una sonrisa emotiva en el rostro.
Maite, al escuchar la voz de su amiga, levanta la vista. Al cruzar las miradas, trata de levantarse, pero le fallan las fuerzas y vuelve a sentarse de golpe en el sillón negro. La inspectora se apresura a acercarse para evitar que se mueva más.
—Ya estoy aquí —dice, arrodillándose junto a ella. Le coge las manos y se las besa—. Cariño, ya estoy aquí.
Maite abraza a su amiga.
—Cami… Cami… —balbucea.
—Ya estoy aquí, cariño. Ya estoy aquí.
Tras unos minutos abrazadas, Maite respira mejor y se separa un poco. Morris sonríe y le limpia la cara.
—¿Dónde está Gabi? —pregunta sin preámbulos.
—Está localizado, cariño —miente, y una punzada de dolor le atraviesa el pecho.
—¿Sí? —Su cara cambia del dolor a la ilusión—. ¿Está bien?
—Está bien, no te preocupes. Me tienen que dar más datos, pero primero quiero saber cómo te encuentras tú.
Maite, ahora más tranquila, se acomoda en el asiento., y Jean le acerca una silla a Camila para que se siente a su lado.
—Señora García, me alegro de que se encuentre mejor —sonríe el agente—. Yo me retiro.
—La verdad es que me vendría bien un café tras el viaje—suelta de golpe Morris—. ¿Hay alguna cafetería por la zona? Los cafés de la máquina del hospital no me sientan bien.
Jean asiente con la cabeza, saca su móvil del bolsillo, lo deja sobre una mesita auxiliar y sale de la habitación sin mirar atrás. Camila hace lo mismo, dejando también su móvil.
—Ahora volvemos, Maite. —Le da un beso en la frente y su amiga, que se ha percatado de todo, asiente con la cabeza al mismo tiempo que agarra las manos de Morris y se las aprieta con fuerza. Camila no es capaz de mirarla a la cara y sale de la habitación del hospital tras Jean.