Capítulo 6
E l edificio del Commissariat Central du XIIe arrondissement, en la avenida Daumesnil, no tiene nada de espectacular. Fachada beige , ventanas estrechas y un cartel metálico que apenas se distingue desde la acera.
Jean camina por el pasillo principal con el informe en la mano, esquivando a dos agentes que salen de una sala de declaraciones, cuyas paredes están cubiertas de tablones con notas internas, retratos de sospechosos y horarios de servicio.
Llega al fondo del pasillo y golpea con suavidad la puerta de un despacho sin placa.
— Oui ? —responde una voz grave desde dentro.
El inspector entra. El despacho es pequeño pero funcional: una mesa metálica, una lámpara de brazo articulado y una estantería con archivadores etiquetados a mano. Armand Delacroix, comisario de policía , revisa un expediente con gesto concentrado.
—Tengo algo que creo que debería ver —dice Jean, dejando el informe sobre la mesa.
Armand no levanta la vista.
—¿Qué es?
—Un inspector español de vacaciones dice que escuchó una conversación en el restaurante Le Train.
—¿Y?
—Hablaban de pasaportes falsos, chicas que salían de Bucarest y una mujer con acento que parecía ruso hablando en español.
Esa declaración hace reaccionar a Delacroix. Levanta la vista poco a poco.
—¿Con acento del este?
—Sí. ¿Le suena?
El comisario se incorpora, cierra el expediente que tenía entre manos, se quita las gafas para dejarlas sobre el escritorio y las alinea.
—Podría ser «la Rusa» —susurra para sí, y Jean frunce el ceño.
—¿Quién es «la Rusa»?
Armand comienza a caminar por su despacho en silencio, una vuelta corta como si ordenara las ideas en su mente. Mientras tanto, Morel mueve su pierna, impaciente.
—Hablo español, puedo ayudar, comisario.
Su jefe se gira, su rostro es serio, se rasca la barbilla y niega con la cabeza.
—Olvídalo. Esa información no está en tu nivel de acceso.
Su subordinado se queda en silencio apretando los dientes, sin embargo, insiste:
—¿Quiere que vuelva a hablar con el inspector?
—Nosotros nos encargamos.
Jean asiente, pero no responde. Armand vuelve al escritorio, toma el informe que le ha dejado sobre la mesa y lo guarda en el primer cajón de su escritorio antes de enfocar la vista en su ordenador.
—Puede retirarse. No mencione esto a nadie má s.