Capítulo 61
Hola, Lola. ¿Cómo estás?
Uy, qué serio, me va a reñir.
Este ya ha visto la obra.
Ayer tarde vi la obra, ¿sabes?
Ea.
Vaya, vaya. Es que eres la leche hasta después de muerta.
Eres única.
Eso, viniendo de ti, siempre ha sido un cumplido.
La obra de Lola la han llamado.
No se han roto los cuernos pensando, no.
Aunque menos pensé yo que ni le puse título, he de admitir.
Gran detalle el de la pulsera. ¡Mensaje recibido!
¡¿Qué mensaje y qué ocho cuartos?!
Si yo te hacía a nueve mil kilómetros de aquí. En mi vida pensé que fueras a ver la obra.
Al final nos has dado el final que no tuvimos, ¿eh? Por tus narices.
Hombre, no… El final ha sido… una licencia poética, digamos.
Porque lo teníamos hablado y requetehablado.
Si no, me habrías dejado todo hundido pensando que, en el fondo, habrías querido otra cosa.
Solo me divertí imaginando cómo habría sido. Eso es todo. No le des más vueltas.
Y dejarte algo bonito en lo que pensar.
Quién sabe si en otra vida.
Quién sabe si en otra vida…
¡Uy! ¡Chispas!
¿Cómo ha sido eso del final?
¿Que las almas que están destinadas a estar juntas encuentran la forma de reencontrarse?
Algo así, sí.
Espero que tú te hayas encontrado con Carlos.
Y tanto que sí. Aquí estamos los dos la mar de a gusto.
Estoy feliz.
Pero ha estado muy bien traído. ¡Me ha gustado!
Esa relación que no puede ser por circunstancias ajenas a ellos.
A ver cómo se compite con la llamada de Dios…
En la que podrían haberse empeñado, pero decidiendo finalmente no hacerlo porque habría sido más doloroso.
Es que así fue. Tuvimos la opción de darnos solo a nosotros y elegimos darnos al mundo.
Guardarnos todo ese amor habría sido amargarnos.
Tu sitio estaba en tu vocación y el mío, aquí.
Una buena vida cada uno por su lado. Y felices de reencontrarse.
A diferencia de nosotros, que vivimos una buena vida juntos
Solo que juntos de otra manera.
Ahí salimos ganando, porque nosotros siempre nos tuvimos.
Lo que yo digo.
Fue una buena decisión, Vicente.
Y yo fui feliz con eso.
Y quiero pensar que tú también.
La más feliz.
¿Para qué te has muerto tan joven? Qué mal.
¡Por gusto no ha sido! Pídele explicaciones a tu jefe.
Al menos me queda el consuelo de haber conocido a gente que siempre me recordará a ti.
Conocí a Cecilio, Olga y Ester y vi a Matías aquí mismo, en este banco.
Ya, ya. Os vi.
Mira que no haberles hablado nunca de mí…
Ya, bueno… cosas que pasan.
Ayer estuve con ellos, por cierto. Me dijeron que me fuera a cenar después de la obra. La que has liado, Dolores.
Uy qué cobarde. Ahora me llama Dolores, cuando no le puedo hacer nada.
¿Qué ha pasado?
Se han pensado que la historia de Santiago y Candelaria era la nuestra. Les he tenido que explicar que ni hablar, que como mucho estaba inspirada y solo un poco.
Upsss…
Creo que lo han entendido. Cecilio parecía decepcionado sin esa dosis de romanticismo.
Olga ha preferido seguir creyendo su versión.
Por supuesto. Me defraudaría lo contrario.
Aunque nombrar a los protagonistas con el santo del día en que nacimos no ha ayudado.
No estaba inspirada ese día para pensar en nombres.
Pero, insisto, ni sabía que ibas a ver la función ni mucho menos habría imaginado que os ibais a conocer vosotros.
Por cierto, tengo que confesarte que casi se me escapa que la obra te importaba un pimiento.
Oyeee, ¡un pimiento no!
Empezó siendo un medio para un fin, sí. Pero enseguida le cogí cariño.
Pero es que me sabía muy mal por Ester, estaba muy compungida pensando que te habías ido sin cumplir tu mayor deseo.
¡Por cierto! Esta Ester no es la misma Ester que tú me describías, ¿eh?
¡Anda! ¿Cómo es eso? Cuenta, cuenta.
Como te hayas enterado de lo suyo con Olga me parto.
Contactó conmigo al poco de conocernos y, oye, para ser una persona como la describías, tan tímida, tan correcta, tan formal…
¿Sí?
Me ha sorprendido mucho. Me estuvo preguntando por las misiones, por lo que hacíamos, por si podían ir laicos y, bueno, que se viene de voluntariado el verano que viene, si todo va bien.
¡Toma, Jeroma! Esa sí que es buena.
¡Ole por mi chica!
La verdad es que lo dije en tu entierro y lo mantengo, Lola.
Qué huella has dejado en todos nosotros.
Tantas personas te tenemos que dar las gracias.
¿A mí? Las gracias a ti.
Antes de irte a Guatemala, cuando me regalaste la pulsera del sol, me dijiste «como este sol, iluminas nuestras vidas. No lo olvides».
No hice más que lo que esperabas de mí.
«Iluminaste nuestras vidas».
Te puse unas flores bonitas, ¿ehhh?
Sí que eran chulas, sí.
Se nota que te gastaste los cuartos.
Pero es que es tan cierto. Fíjate, si no, en Matías.
Me ha dicho que te llegó a decir que dejaba el trabajo y a su madre.
No sabes la alegría que me ha dado saber que te enteraste.
Por los pelos, pero sí. Me lo dijo.
Sabía que, de un modo u otro, lo terminaría haciendo. Pero la verdad es que me dejó tranquila y me alegró ver que había dado el paso.
Sin ti nunca lo habría hecho.
Y ahora, con los demás en su vida, podrá salir de esta.
De lo del trabajo, y de lo tuyo.
Esa era la idea.
Por el momento va a retomar la carrera que le quedó a medias al morir tu hermano. Estarías feliz de verlo.
Qué bonito, y de justicia divina en cierto modo.
Solo se atrevió a estudiar Bellas Artes en contra de su madre porque mi hermano lo apoyó y lo defendió.
Que se joda Beatriz.
Está tranquilo porque, aunque tu cuñada no le va a dar un duro, obviamente…
Obviamente.
… al menos sí lo van a arreglar para que cobre el paro.
Va. El dinero no va a ser problema. Mis ahorros, que tampoco estaban tan mal, y mi casa son todos para Matías e Inés.
Con eso debe de darle de sobra.
¡Ah, bueno! Y Lucía está trabajando, ¿sabes?
Necesitaban una administrativa en la clínica de Olga y están las dos encantadas.
¡Jolín! ¡Ni en mis mejores planes!
Bueno… Olga. Esa es otra.
Sabes quién no ha ido a ver la obra, ¿no?
Jaime cien por cien.
No vino ni a mi funeral, va a ir a ver la obra, con el tremendo cariño que le tenía…
Ni de coña.
Su marido. Bueno, exmarido más pronto que tarde, según nos ha contado luego.
Anda, ¡por fin! Tanta paz lleve como descanso deja.
Tenía que ser así. Van a ser más felices, los dos, por separado.
Está triste, la pobre. No podía nombrar a sus sobrinos sin que se le quebrara la voz.
La suegra, sin embargo, sí ha venido. Se le nota que la adora.
Va a ser duro. Pero está decidida.
Ojalá, ojalá pudiera estar ahí. Mecachis…
Te echa mucho de menos.
Bueno, todos lo hacemos, ya lo sabes.
De hecho, Cecilio nos ha dado un notición.
¡A ver!
Cómo te suena «Grupo de teatro amateur : Amigos de Lola».
¿Cómooo? ¿A ver, a ver? ¿De qué va eso?
Bueno. Aún está pensando en el nombre.
Cecilio es bien consciente de lo que hiciste por él, Lola.
No sabe qué habría sido de él si no le hubieras arrastrado a esta aventura.
Y dice que la mejor forma de estarte agradecido es continuar tu legado.
Me estás dejando muerta.
Bueno, más de lo que lo estoy.
De modo que, ni corto ni perezoso, va a crear un grupo de teatro para personas de su edad, que ahora están solas, pero siguen activas y con ganas de hacer cosas.
Ha reclutado al padre de Olga y a algunas antiguas amigas de la bachata.
¡Las señoras de la bachata!
Pero ¡bueno, qué ilusión!
Ay, Vicente… se muere una así de otra manera.
Más a gusto. Más en paz.
En fin, mi querida Lola.
Mi querido Vicente…
Que no estás con nosotros, pero, como ves, estás en todo lo que está pasando.
Misión cumplida, entonces.
Hiciste cosas muy buenas en la vida, Lola.
Pero, sin duda, ellos han sido tu gran obra.