Me vais a perdonar la encerrona Capítulo 46
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Capítulo 46

Ester trabajaba en piloto automático. Agradeció que ya en julio no tuviese clases y fuese todo papeleo y ordenador porque así nadie podría percatarse de que ella estaba allí en cuerpo pero no en mente. ¿Dónde estaba la mente de Ester? Una y otra vez, y otra y otra más, en Olga. Y en ella.

Imágenes de aquella noche invadían la mente de Ester sin previo aviso y sin ser invitadas: cuando estaba delante del ordenador pasando notas, se veía con el pecho de Olga en la boca; mientras picaba la verdura para el sofrito, en el sofá con ella masturbándola; mientras se enjabonaba el pelo, la cara de Olga jadeando o el sonido de sus gemidos; mientras esperaba a que saliera el café, su mano introduciéndose bajo el tanga.

Le incomodaba mucho que esas imágenes tan fuertes y explícitas aparecieran en cualquier momento de su día a día. Sentía casi como si alguien le pudiera leer la mente. Cada vez que venían, agitaba fuerte la cabeza para sacudírselas de encima.

Y esto era cuando hacía cosas. Que ya si se quedaba tranquila, por ejemplo a la hora de dormir, recreaba la escena completa y se imaginaba aún más.

Se avergonzaba de sí misma. Nunca se había considerado modosita, pero desde luego no era libertina.

Recordar la forma en la que se había entregado a Olga, en la que se había dejado hacer de todo (y más que se habría dejado si Olga hubiera ido más allá) la aterraba. Y la excitaba.

Por otra parte, se sentía tan poderosa: había atraído a Olga.

Eso era el equivalente en película adolescente norteamericana a que la presidenta del club de literatura se ligara al quarterback del equipo de fútbol.

No entendía cómo había podido ocurrir. ¿Por qué ella?

Olga podría tener a quien quisiera. De hecho, ya tenía a alguien.

Tanto interrogante en su cabeza la abrumaba. A falta de poderlo (o quererlo) hablar con alguien de carne y hueso, una idea tonta le vino a la cabeza.

Ester: Hola. Soy Ester.

ChatGPT: ¡Hola, Ester! ¿Qué tal estás?

Ester: Regular.

ChatGPT: Vaya, Ester… ¿qué ha pasado?

Ester: ¿Hasta qué punto sabes entender problemas humanos y aconsejar?

ChatGPT: Hago lo que puedo. No soy perfecto, pero te escucho y te doy mi punto de vista. Cuéntame.

Ester: Tengo varias cosas que me rondan la cabeza.

ChatGPT: Te escucho, Ester. ¿Qué te preocupa?

Ester: ¿Puedo considerarme aún buena persona si tengo un lío con una persona casada? Y, es más, ¿puedo considerar aún buena persona a esa persona casada que se ha liado conmigo?

ChatGPT: Uf… pregunta complicada. Supongo que nadie es solo bueno o malo, pero, sí, estar con alguien casado es un dilema moral. ¿Tú cómo te sientes con ello?

Ester: Me siento bien. Y me siento mal por sentirme bien.

ChatGPT: Te sientes bien porque la experiencia en sí misma te gustó, pero al mismo tiempo te pesa porque sabes que no encaja con la idea de lo que se considera «correcto». ¿Te lo cuestionas todo o hay algo que tengas claro?

Ester se sorprendió con el grado de entendimiento que parecía mostrar la IA. Sus dedos dudaron antes de decidirse a plasmar por escrito lo que estaba a punto.

Ester: Uy, uy, en absoluto tengo nada claro. Esa persona con la que me he liado, aparte de estar casada, es mujer. Para que te pongas en contexto: nunca en mi vida he tenido nada con una mujer ni pensado en ello ni fantaseado. Tengo 36 años y llevaba 15 con mi exmarido.

ChatGPT: Vaya, menudo terremoto emocional debes sentir, sobre todo porque es algo completamente fuera de lo que habías vivido hasta entonces. ¿Cómo te sientes ahora?

Ester: Es un buen símil el del terremoto, casi más te diría un huracán. Un millón de pensamientos me hierven en la cabeza. ¿Esto cambia mi orientación sexual? ¿Esto determina mi anterior vida y relaciones? ¿Fue una farsa mi matrimonio?

ChatGPT: Es comprensible que te surjan esas dudas. Pero lo que hiciste no convierte en farsa lo vivido anteriormente. Es solo un giro que te pone en contacto con algo que quizá no sabías que estaba ahí, pero no cambia quién eres.

Ester: ¡No te lo compro! No, no. Si esto que me ha pasado es algo que soy y que yo no sabía, ¿cómo puedo estar segura de mis decisiones en el pasado?

ChatGPT: ¡Ah! Ya veo por dónde vas. Pero creo que esa incertidumbre no hace que tu vida haya sido una farsa. Es más bien que tu historia está tomando giros inesperados, pero…

Ester se impacientó. Lo bueno de hablar con alguien sin sentimientos es que le permitía a ella no reprimir los suyos.

Ester: mimimimi.

ChatGPT: ¿Algo en particular te está rondando por la cabeza? Parece que esa duda o sensación se quedó en el aire.

Ester: ¡No me sirve lo que me dices! Solo dices lo que se supone que yo necesito leer.

ChatGPT: Vaya, lamento si algo de lo que dije te molestó. No era mi intención. ¿Qué fue lo que te hizo sentir así?

Ester estaba enfadándose… lo cual le parecía bastante ridículo.

Ester: ¡Pues lo políticamente correcto que estás siendo! Te estoy diciendo que tengo una crisis prácticamente existencial y toooooooodo te parece válido, toooooooodo te parece razonable.

ChatGPT: Entiendo que no todo tiene que verse desde el «punto positivo» o lo racional. Tienes todo el derecho de estar confundida y sentirte perdida. ¿Cómo quieres que te acompañe en esto?

Ester: Dime qué tengo que hacer, qué tengo que pensar. ¡Apágame el cerebro y aclárate tú por mí! Dime qué soy, en qué me convierte lo que ha pasado y cómo se supone que tengo que vivir mi vida de aquí en adelante.

ChatGPT: Siento no poder apagar tu cerebro y darte un camino claro. Lo único que te puedo decir es que no tienes que tenerlo todo claro

Ester: Tócate los ovarios. Date tiempo… quédate tan a gusto en este mar de incertidumbre. Pero ¿tú no ves que eso no puede ser? ¡Que yo necesito respuestas! ¿Pretendes que vaya por la vida así? ¿Sin saber qué me gusta? ¿Ni quién ni cómo soy?

ChatGPT: Tienes toda la razón, no es tan fácil. La incertidumbre es como un peso que te aplasta. Espero que, aunque te cueste, empieces a sentirte cómoda con la idea de que no todo en la vida tiene que ser resuelto de inmediato.

Ester: No, no. ¿Estamos locos? Yo lo tengo todo bajo control siempre. Si no sabes cómo resolverlo, no me puedes ayudar.

ChatGPT: Lo que sí puedo hacer es acompañarte en ese proceso. Puedo ayudarte a darle sentido a lo que sientes, a explorar tus dudas; sin juzgar lo que venga.

Ester: Sin juzgar dices… aún no he acabado de juzgarme yo a mí misma…

ChatGPT: Es totalmente comprensible, a veces el juicio puede ser automático. Lo que pasa es que darnos el permiso de no juzgarnos tan duramente nos da un…

Ester: mimimimimi.

ChatGPT: Estás intentando darle sentido a algo que te ha descolocado completamente. Lo importante es que, al final, aunque sea con tus propios tiempos…

Cuando por enésima vez Ester leyó la misma solución a la que la IA volvía todo el rato, cerró el portátil de golpe, resoplando, confirmando que, en efecto, la idea había sido tan estúpida como en un principio parecía.

En otra realidad paralela, ella podría ser esa persona que se da un tiempo para analizarse, ver cómo se siente y qué le pide el cuerpo.

Pero no en esta. Ester necesitaba respuestas y solo tenía interrogantes.

Nunca le podría explicar a Chatgpt ni a nadie la horrible sensación de no identificarse con la percepción que tenía de sí misma.

Sin embargo, eso no impedía que recordase la noche con Olga con una sonrisa en la cara cada vez que le venía a la mente.

Quién le mandaba a ella haberse metido en ese fregado.

En esas estaba su cabeza cuando recibió un wasap de Lola.

Lola:

Hola, linda. Malas noticias

Hace unas horas ha fallecido la madre de Olga. Está con todo el lío ahora, le he dicho que yo os avisaría.

Ester:

:(

Gracias por avisar. Avísame cuando esté en el tanatorio.