Me vais a perdonar la encerrona Capítulo 35
51%

Capítulo 35

—¡Uy, sí! ¡Desatendidísima! —Olga le quitó hierro a la disculpa de Lola mientras mojaba la toña en el café.

Lola tenía claro que Olga iba a reaccionar así, pero no porque Olga fuese malísima teniendo conversaciones personales iba Lola a dejar de expresarle lo mucho que valoraba su amistad y que sentía haberla descuidado.

—No te preocupes. Sabes que yo soy una amiga cactus —la tranquilizó Olga.

—Ya estamos con las modernidades.

—¿Amigas cactus y amigas orquídeas? ¿No? —preguntó Olga.

—No, no —contestó Lola.

—Pues eso. La amiga cactus es con la que tienes una amistad fácil, resistente, que no hay que estar regando constantemente, que no requiere de grandes esfuerzos y que es muy agradecida porque siempre está saludable con unos cuidados mínimos.

—Ya, y la orquídea, a poco que te descuides, y aun a veces con todo el cuidado del mundo, se te va a la mierda —completó Lola, y Olga asintió.

Lola estuvo viendo a la madre de Olga. Le habló con tanta dulzura y la acarició con tanto cariño que Olga se emocionó. También fue emotivo para Lola. En este tiempo sin verla había empeorado, lo que la llevó a pensar en su propia condición, en qué sería de ella. Olga leyó algo de eso en sus ojos.

—¿Tú cómo lo llevas? Pero de verdad —preguntó, seria.

—Pues… a ratos —contestó Lola tras pensárselo un poco—.

A ratos esperanzada y a ratos acojonada.

A veces, con la certeza de que me voy a curar y, otras veces, convencida de que me voy a morir.

De hecho, algo que pienso es que, si pasa, al menos agradezco que mis padres no van a ver morir a otro hijo.

—Ya… joder… ¿Sabes qué pensamiento me vuelve loca a mí? —reflexionó Olga—. Tratar de encontrar un sentido de justicia a todo esto: a lo tuyo, a lo de mi madre, a lo de la mujer de Cecilio…

—Nada, olvídate. Estuve años flagelándome con eso después de morir mi hermano —recordó Lola— y no llegué a ninguna conclusión. No obtuve más que sufrimiento.

—Eso tuvo que ser horrible —dijo Olga al aire.

—Horrible es poco. Casi que me fui detrás de él. Por falta de ganas no fue.

—Pues qué suerte que tuvo Matías de que no fuera así —apuntó Olga.

—Ay, mi niño… —se lamentó Lola.

—Tu niño tiene cuarenta y pico años —le recordó Olga.

—Es, con diferencia, a quien más tengo presente en la cabeza cuando pienso en si me muero —reconoció Lola.

Se hizo un silencio entre ambas que Olga sostuvo unos segundos antes de cambiar de registro:

—¡Oye! ¿Y cómo es que yo no sabía nada del repertorio de hombres que ha desfilado por tu vida? ¡Me lo tienes que contar todo! Empezando por ese de las patillas.

Lola estalló en una carcajada. De modo que dejaron a un lado el drama para pasar una tarde de cotilleos y risas, como era habitual en ellas. A ese par de cactus les vino muy bien esa lluvia de primavera.

Cuando se fue Lola, Olga se tumbó al lado de su madre, la abrazó, acompasó su respiración a la de ella y dejó que un par de lágrimas cayesen por sus mejillas.

Sin saber por qué, comenzó a hablarle, a recordar su vida, a agradecerle por todo, a decirle lo mucho que la quería.

Pensó en Matías. En que qué injusto (de nuevo la injusticia) que su madre tan divertida, tan dicharachera, tan buena, se estuviese apagando y en que al pobre Matías, que sí tenía a la suya con salud y sus facultades intactas, le hubiese tocado esa mierda.

En su mente se habían quedado rebotando las palabras que había dicho Matías en el último ensayo: «Coño, que es mi madre».

Se sintió tentada de escribirle, y a punto estuvo de hacerlo varias veces, pero en todas se echó atrás por no remover mierda.

Pero, al final del día, tumbada en la cama, recién duchada y en calma, pensó que a veces venía bien removerla y que, además, si era sincera con ella misma, eso no iba solo de él.

Olga:

Ola ke ase

Matías:

Como te gusta dar vergüenza ajena

Olga:

Ahora se dice cringe :D

Matías:

Eso es lo que damos tú y yo actuando?

Olga:

Efectiviwonder

Matías:

Jajajaja, idiota

Qué dices?

Olga:

Nada. Llevo toda la tarde pensando en escribirte…

Matías:

Para decirme ola ke ase?

Olga:

Así soy

No… Es que el otro día en el ensayo dijiste algo y no me lo puedo quitar de la cabeza…

Matías:

Es que a veces digo muchas tonterías

Olga:

Nooooo

Bueno sí jaja pero ahora no me refería a eso

Cuando estábamos hablando de tu madre dijiste que era complicado porque trabajas con ella y porque es que es tu madre. Y, lo siento, pero no lo entiendo.

Matías:

Explícate

Olga:

Pues que mi cabeza automáticamente te contestó con un y qué pasa porque sea tu madre?

Tú crees que les debemos algo a los familiares solo por el hecho de serlo? Me interesa tu respuesta sincera porfa

Matías:

Por qué te interesa mi respuesta?

Olga:

Necesito convencerte para yo sentirme menos mierda…

He decidido renegar de mi hermano, como si no existiera. Y si alguien me dice que está bien… creo que me aliviaría

Matías:

Coño! Qué ha pasado?

Olga contó a Matías la historia de su hermano.

Que se había ido a Chile, que se había quedado a vivir allí, que nunca había vuelto a ver a sus padres, ni siquiera cuando su madre había enfermado, y que se había desentendido por completo de todo cuanto tuviera que ver con ellos, más allá de mandar fotos de los nietos de vez en cuando.

Con los últimos bajones de su madre cada vez más grandes y más seguidos, y pensando que se podría ir pronto, Olga había contactado con su hermano, pensando en que querría ver a su madre por última vez; abrazarla, reconfortar a su padre, presentarle a sus nietos…

Pero este se había excusado sin grandes explicaciones.

A Olga le había hervido la sangre al ver la cara de su padre, y había agradecido a lo más alto porque, al menos, su madre no hubiera sido consciente del desprecio de su hijo.

Olga:

Así que a veces no quedan más cojones que decirle a alguien que es ruin, miserable y mala persona por muy familia que sea. Y mandarlo a tomar por culo no solo con las palabras sino con el corazón

Matías:

Joder Olga. Como lo siento. Que mal me sabe por tu padre

Bueno y por ti. Debe de ser tan duro…

Olga:

Pero es injusto? Estoy siendo mala? Le debo algo por ser mi hermano? Él puede ser un capullo integral y que se le perdone todo porque somos familia?

Es que no me jodas, eso no puede ser

Matías maldijo a Olga en su fuero interno por plantarle semejante contradicción delante de sus narices.

Tenía claro lo que pensaba al respecto: si te hace daño mantener la relación con una persona, por muy familia que sea, y si no hay posibilidad de arreglo, hay que mandarla a tomar por culo y punto.

Y hubiera sido cínico no decírselo a Olga solo para no escuchar un «ale, pues aplícate el cuento».

Matías:

Las familias tienen un sentido, una razón de ser, que es protegerse entre ellos, darse amor, seguridad… Si no tienes todo eso qué sentido tiene llamarse familia?

Y lo mismo al revés. Personas que no son parientes pero con los que tienes una relación que va mucho más allá de la amistad pueden pasar a convertirse en tu familia.

Olga:

Me da paz leerte, gracias

Matías:

A veces estoy inspirado :)

No me vas a decir que consejos vendo que pa mí no tengo o algo así tan tuyo?

Olga:

Líbreme Dios de hacer bromas fuera de lugar

Pues no, para qué? Pa que me contestes que lo de mi hermano no tiene nada que ver con lo de tu madre? Pues para eso nos lo ahorramos no? :D

Matías:

:O

Eres un poco bruja, como mi tía

Olga:

:P