Me vais a perdonar la encerrona Capítulo 29
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Capítulo 29

—Mi maravillosa mujer tiene una petición —dijo un sonriente Matías a sus compañeros—.

Dice que si puede venirse de fiesta con nosotros.

Eso, claro, si mi tía es tan gentil de quedarse a los niños a dormir.

A lo cual, tía —dijo mirando a Lola—, me temo que ya no puedes decir que no, porque nos han escuchado hablar y están entusiasmados.

—¡Ala! ¡Ya me he quedado yo sin poder salir! —se indignó Lola mientras le sonreía a Matías.

—Pero le he dicho que no era seguro —continuó Matías girándose hacia Ester—, que ya le confirmaría porque no sé si prefieres, Ester, que vayamos solos; por aquello de que te acabas de quedar soltera…

Por favor, siéntete libre de decirme que no con la misma confianza con la que yo te pregunto —le pidió Matías.

—¡Por favor! Eso ni se pregunta. Por supuesto que sí —respondió Ester con entusiasmo—.

Solo he oído cosas buenas de tu mujer, tengo ganas de conocerla.

Que la que se ha quedado soltera soy yo.

Vosotros podéis traer a vuestras parejas y pregonar vuestro amor tanto como queráis —dijo Ester con determinación, mirando a Matías y Olga.

—¡Ah, no, no, no! ¡Este que haga lo que quiera! Yo ni loca me llevo a Jaime. ¡Vamos! Solo me faltaba eso. Quita, quita —dijo Olga—. Pero a mí me parece estupendo que se venga Lucía, claro.

—¿Te vas a ir de fiesta con tres mujeres? Joder qué suerte —sonrió Cecilio.

—Cecilio, estás a tiempo de reconsiderarlo —intentó convencerlo Matías, aunque sin esperanza alguna. Cecilio se limitó a sonreírle.

A Lola le costó un poco rebajar el entusiasmo y hacer que se centraran en el ensayo, aunque no podía negarse a sí misma que la complacía observar el buen rollo que se iba fraguando.

Para ese día había planeado hacer la primera lectura de la obra y necesitaba concentración.

De modo que les repartió los guiones y procedieron a leerlos, lo cual les tomó algo más de medio ensayo.

Terminaron cansados y con ganas de estirar las piernas y la espalda.

—Vamos a hacer una cosa. Nada de preguntas sobre la historia ahora. Vais a casa, la reposáis, y el próximo día iniciamos con todas las dudas. Pero ahora necesitamos algo de movimiento, ¿os parece? —Todos asintieron, salvo Cecilio, que la miró de reojo.

Entre todos, despejaron el espacio central. La siguiente dinámica consistía en caminar como un personaje con una característica especial que otro compañero decía al oído y que los demás tenían que adivinar.

Matías fue un zombie, por elección de Lola. Ridículo. A Ester, que lo adivinó, le tocó parecer perdida. Algo mejor, sin arriesgar. Al acertarlo Olga, esta tuvo que imitar estar a punto de pelearse, lo cual logró a duras penas porque no se aguantaba la risa. Aceptable.

Pero lo de Cecilio…, oh, eso sí fue magistral.

Tras fulminar a Olga con la mirada por su idea, comenzó a dar ridículos pasos cortos y rápidos y luego saltitos.

Cuanto más fallaban sus compañeros, más nervioso se ponía.

Cuando Lola pensó, convencida, que estaba imitando a Chiquito de la Calzada, Cecilio se dio por vencido.

Toda la tarde estuvieron riéndose de él porque era la única persona que cuando se cagaba, que era lo que le había tocado imitar, andaba como Chiquito.

Hicieron unos cuantos más: elaborados, originales, graciosos… y terminaron el juego con las endorfinas por las nubes y las pilas recargadas. Olga no pudo evitar preguntarle a Lola:

—¿Cómo se te ha ocurrido el de Franco Battiato? Me he partido de risa.

— Mmm . Es que Franco Battiato vale siempre para todo.

—Espera, espera. ¿Ese « mmm » significa lo que creo que significa? —Olga sonrió.

—No me dirás que no tiene su punto —contestó Lola.

—¿Franco Battiato? Joder, Lola. No te habrás quedado soltera porque seas muy exigente —bromeó Olga.

—¡Venga ya! Todos tenemos a alguien así. Alguien que objetivamente no es guapo pero que a ti te lo parece, ¿no?

—Yo creo que te entiendo —intervino Ester—. Yo siempre discuto con mi prima que el morbo que tenía Mark Knopfler era universal, ¡pero ella dice que solo me gusta a mí!

—Si a mí me tuviera que gustar un hombre —intervino Matías— no creo que fuera Mark Knopfler… coincido con tu prima —le dijo a Ester—. ¿Será porque son músicos?

—¡Seguro! Un hombre con una guitarra en la mano duplica su atractivo —sentenció Lola—. Siempre y cuando sepa usar los dedos, claro —aclaró. A Olga le dio un ataque de risa que Ester no entendió—. ¿Qué te pasa?

—¡Na, na, na, na! —empezó a gritar Matías mientras se tapaba los oídos para no oír las obscenidades de su tía.

—Por Dios, chicas. Que casi le da un infarto —bromeó Cecilio—. Ten cuidado, Lola, no vaya a pensarse que has tenido una vida.

—¿Te crees que no sé la vida que ha tenido? «He visto cosas que vosotros no creeríais» —recitó a lo Blade Runner , mirando con descaro a su tía.

—¿Te acuerdas del que venía a verme y se quedaba dormido en el sofá siempre? La relación menos pasional del mundo.

—¿Ese era el de las patillas? —preguntó Matías mientras el resto atendían a la conversación.

—¡ Nooo ! Dios, el «Curro Jiménez». Ese era peor, que me robaba tuppers de comida y luego ni siquiera me los devolvía —recordó Lola—. Y es que encima odiaba esas patillas.

—¡Mira, como Ana! Quería yo dejarme patillas de joven y me dijo que ni hablar —intervino Cecilio—, que su padre llevaba y que cómo iba su marido a tener el mismo aspecto.

—Qué sabía mujer —apuntó Olga.

—¿Y ese que tuviste en la carrera? ¡Ese estaba bien! —seguía rememorando Matías.

—En la carrera… —Lola pensó unos instantes—. ¡Ah! ¿Aquel? Ese no era nada, ¡era seminarista!

— Ammm . —Todos se rieron de la cara de chasco que se le había quedado a Matías.

Lola dio por finalizado el ensayo pero le costó cortar la guasa de Olga, Ester y Cecilio husmeando en su vida amorosa con la misma curiosidad que los alumnos tienen sobre la vida de sus profesores.

Cuando salían por la puerta Lola siempre se quedaba unos minutos pegada a la ventana hasta que dejaba de oírlos hablar fuera.

No pudo borrar la sonrisa de su cara mientras Cecilio le preguntaba a Matías si sería él el único al que le ponía Lina Morgan de joven.

Lo último que escuchó, porque era imposible no hacerlo, fue a Olga encomendándole a Ester a grito pelado la importante misión de preparar su noche de farra.