Me prohíbo mirarte así (Romances de oficina 2) Capítulo 16
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Capítulo 16

—¿Estás segura de que no quieres que me quede? —pregunta Sloane, vestida con ropa deportiva, el pelo recogido en una coleta y el móvil en la mano.

Es sábado por la mañana y ha quedado con Jenna para ir a hacer una ruta, pero Vivianne está tumbada en el sofá, en pijama, despeinada y en estado casi catatónico.

—Estoy bien, Sloane; además, Vicky vendrá en un rato, he quedado con ella esta mañana.

Su hermana la mira de arriba abajo y arquea una ceja.

—¿Y qué harás? ¿Salir a la calle con esa pinta?

—No voy a salir, nos quedaremos aquí. Vete, anda —Vivianne hace un esfuerzo descomunal por levantarse, abrazar a su hermana y empujarla hasta la puerta—. No hagas esperar a Jenna, y pasadlo bien.

Sloane le besa la mejilla y sale de su propio apartamento a regañadientes, preocupada por su hermana.

Vicky Bob llega veinte minutos después y el timbre le da un susto de muerte a la jefa de la oficina de Axis en Nueva York: estaba tan absorta pensando en el ataque de ansiedad de Juliette que se sentía como si estuviera fuera de su cuerpo.

Se levanta con una mano en el pecho, impactada por lo rápido que late ese músculo maldito, y abre la puerta.

Su amiga entra como un vendaval, dejando un halo rojo a su paso que Vivianne sigue con la mirada, todavía medio en trance.

—Odio el tráfico de esta ciudad —espeta Vicky Bob, dejando el bolso sobre la mesa antes de girarse cuando su amiga cierra la puerta—. ¿Qué coño…? ¿Ahora quieres pedir limosna en la entrada del supermercado? —pregunta, mirándola de arriba abajo.

—Cállate, estoy estresada —dice Vivianne, como si eso justificara su pinta desastrosa.

Se deja caer en el sofá con expresión derrotada y su amiga decide que, aunque sean poco más de las diez de la mañana, les hace falta alcohol.

Con la confianza que le otorga ser la mejor amiga de Vivianne y haberse acostado con Sloane en el pasado, abre el mueble bar y saca la botella de whisky con dos vasos.

—Toma —Vicky le entrega uno a su amiga y se sienta junto a ella en el sofá—. ¿Qué pasa?

—Me estoy volviendo loca —Vivianne deja el vaso sobre la mesa baja, sube las piernas al sofá y apoya los codos en las rodillas mientras hunde las manos en su pelo.

—Supongo que hablamos de tu jefa —deduce Vicky.

—Supones bien.

—¿Qué ha pasado ahora?

Vivianne levanta la mirada y hace una mueca extraña con los labios.

—¿Qué pasa, Viv? —insiste Vicky, intrigada.

—Digamos que tuvimos algo más que un beso.

La ceja perfectamente delineada de Vicky Bob se eleva como si quisiera pegarse a su pelo.

—¿Perdón?

—Follamos; bueno —Vivianne se corrige—, en realidad, fue ella la que me folló a mí.

Vicky quiere hacer palmas para celebrarlo, pero no quiere alterar a su amiga y que esta se enfade.

—De acuerdo. Te folló —le cuesta contener una sonrisa—. ¿Y qué es lo que sigue? ¿Lo hizo tan mal que ahora estás traumatizada y por eso pareces una pordiosera? ¿O lo hizo tan bien que no puedes parar de rezarle a todas las deidades para que vuelva a hacerlo?

—Es una mezcla de lo segundo con una irritación que no puedo controlar.

No sé qué me pasa, Vicky. No la soporto, es verla y alterarme, y es muy complicado comunicarse con ella.

El otro día —explica pensativa—, después de…

bueno, después de lo que pasó, quise hablar con ella, explicarle que esto tenía que parar, que no podemos seguir compartiendo despacho porque no es sano que estemos discutiendo a todas horas.

Vicky está seria, escuchándola con atención.

—¿Qué dijo ella? —pregunta cuando Vivianne no continúa.

—Nada. Se quedó allí de pie, dejándome hablar mientras me miraba con esos ojos suyos. Reconozco que no supe expresarme muy bien, estaba nerviosa y tensa y dije algunas cosas que a lo mejor fueron duras.

—O lo fueron o no, Viv —opina Vicky.

—No puedo saberlo porque no dijo una palabra, pero cuando al fin terminé de decir lo que tenía que decir le dio una especie de ataque de ansiedad, o de pánico, no sabría decirte. No podía respirar, y tampoco hablaba; fue horrible.

—¿Qué hiciste tú? —pregunta su amiga.

—Lo que pude —Vivianne se encoge de hombros, intentando disimular la angustia que la invade cuando recuerda a su jefa en ese estado—. Intenté calmarla, la guié para que respirara como yo y al final se le acabó pasando.

—¿Y?

El gesto de Vivianne se endurece.

—Que se fue, joder. Se fue sin decir nada, ni siquiera me dio las gracias.

Vicky ladea la cabeza.

—¿Esperabas que te las diera después de decirle que no querías estar cerca de ella?

—Es una forma de hablar, Vicky.

Vivianne está frustrada.

—Después de eso se cambió de despacho al día siguiente, y debo ser una desquiciada que no sabe lo que quiere, porque cuando vi el despacho vacío creo que la eché de menos, y no lo entiendo, porque es…

—Para ya, Viv —la corta su amiga, poniéndole una mano en la pierna.

Vivianne la mira como si fuera la primera vez que la ve. Busca en ella una sonrisa o su típica expresión burlona, pero no encuentra nada que no sea una mirada entre seria y preocupada.

—Creo que necesitas sincerarte contigo misma de una vez y admitir que te estás enamorando de ella, eso si no lo estás ya.

Los ojos de Vivianne se desorbitan y se levanta del sofá como si de repente estuviera lleno de pinchos.

—¿Tú has oído algo de lo que te he contado?

Vicky bebe un sorbo de su vaso con parsimonia y asiente.

—De principio a fin.

—Pues no lo parece, Vicky. Te he dicho varias veces que no la soporto; no puedo estar enamorada de una mujer que ni siquiera me cae bien —rebate, y su razonamiento le parece incontestable hasta que Vicky se levanta.

—¿Por qué no?

—¿Cómo que…?

—Vamos a ver, Vivianne. Te voy a dar unos cuantos datos que respaldan mi teoría. El primero y fundamental: te folló y quieres que repita. Segundo —enumera con dos dedos levantados—, casi se muere de un ataque de ansiedad y tú trataste de ayudarla en lugar de marcharte con tu drama.

—Soy humana, Vicky, ¿o piensas que soy un monstruo que la dejaría así sin ayudarla?

—No, claro que no, pero te preocupaste por ella y lo sigues haciendo, ¿o no?

Vivianne se queda callada. Quiere negarlo solo por llevarle la contraria, pero Vicky tiene razón: no ha dejado de pensar en lo que le pasó a Juliette y, si es sincera consigo misma de una vez, ha de admitir que le preocupa.

—Tu silencio me da la razón, así que nos queda solo el punto número tres: no te cae mal, Viv.

Lo que creo que pasa es que esa mujer te gusta desde el primer día y tu manera de reaccionar ante algo que no te esperabas ha sido esta.

Toda tu vida has salido con hombres, te has pasado casada con el capullo de Andrew…

bueno, eso no importa. La cuestión es que te divorcias, asqueada de tu matrimonio y con la intención de darte un tiempo para ti antes de empezar a salir con otro hombre, pero entonces aparece la tal Juliette y el coño te mete un petardazo que te deja trastornada, irritable y en negación.

Piénsalo, y si me equivoco no digo nada más.

Vicky coge su vaso y se acerca a la ventana, dejando a Vivianne en medio del salón con la cabeza a punto de explotarle.

Piensa en todo lo que acaba de decir su amiga y se da cuenta de que tiene razón.

Juliette Baxter le llamó la atención desde el primer día y ella trató de justificar los ratos que pasaba pensando en ella y en sus malditos trajes perfectos convenciéndose de que era porque su jefa era insoportable, y en parte lo es, pero también le resulta irresistible.

—Vale —dice al cabo de unos minutos—, quizá tienes razón.

Vicky se gira, torciendo una sonrisa.

—¿Quizá?

—Bueno, sí, es posible que me esté enamorando de ella —admite—. Dios mío, Vicky, ¿qué coño hago ahora? —pregunta angustiada.

—Hablar con ella. Dile lo que sientes y a ver qué te dice. Si estáis en el mismo punto, pues veis lo que hacéis, Viv, y si no…

—No puedo. Juliette vive en Chicago y su estancia aquí es temporal. Da igual lo que sienta por ella; en cuanto se marche se acaba, así que lo mejor es dejar las cosas como están.

Vicky la mira un momento antes de terminarse su vaso de whisky.

—Es decisión tuya, Viv; yo te apoyaré en lo que hagas, pero creo que te equivocas al no querer hablarlo: ambas tenéis derecho a saber lo que siente la otra.

Vivianne la observa con las cejas levantadas, preguntándose dónde está ese lado de su amiga que esperaba que le dijera que se la follara mientras pudiera y se olvidara de ella, porque eso es lo que suele hacer Vicky —estar con todas las que puede sin comprometerse con ninguna—, pero ella no es así y su mejor amiga lo sabe.

—Cómo me alegro de que estés aquí —dice Vivianne, abrazándose a ella.