Me lo dice tu mirada Capítulo 23
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Capítulo 23

Bajé de la habitación vestida con un conjunto cómodo, el rostro relajado, con el cabello aún húmedo por la ducha y el frescor del aceite corporal en la piel.

El ascensor me dejó en la planta baja y mientras me dirigía al comedor, sentía esa paz típica de las mañanas sin prisa.

Entré en el bufé con el olor a café recién hecho, pan tostado y frutas frescas impregnando el ambiente.

Busqué con la mirada la mesa de siempre y allí estaban: Lorena y Víctor sentados, con sus platos ya a medio disfrutar y Bruno de pie, animándolos con algún comentario que, a juzgar por las carcajadas, debía ser bastante bueno.

Cuando me vieron, los tres alzaron las manos saludándome como si llegara la cuarta pieza del rompecabezas. Me acerqué sonriendo, sintiendo esa cálida complicidad que habíamos construido desde el primer día.

—Buenos días, bella durmiente —dijo Lorena con sorna cariñosa.

—Buenos días a todos. Veo que ya vais por el segundo café —respondí mientras me sentaba.

—Y no prometo que sea el último. —Víctor señaló su taza y asintió.

—Nos preguntábamos si habías resultado accidentalmente herida de la batalla de ayer en la piscina, pero visto lo visto, estás radiante. —Bruno me guiñó un ojo.

Sonreí, ocultando el calor que me subió a las mejillas.

—Digamos que he dormido bien.

Bruno alzó las cejas sin decir nada, pero con esa mirada que decía: «ya hablaremos tú y yo». Y supe dentro de mí, que esa mañana había empezado algo más que un nuevo día.

Bruno consultó el reloj y dio un paso hacia atrás.

—Os dejo, que tengo unas cosas que atender antes de que empiece el ajetreo del día. Pero luego hablamos —dijo, señalándome con un dedo en gesto de complicidad.

—Eso suena a interrogatorio con café incluido —respondí, divertida.

—Exacto —confirmó, antes de desaparecer por el pasillo que conducía hacia el hall .

En cuanto volví la atención a la mesa, noté las miradas fijas de Víctor y Lorena. Había llegado el primer turno del interrogatorio y me preparé para lo inevitable.

—Bueno —empezó Víctor, entrelazando los dedos sobre la mesa—, ¡cuéntanos! ¿Qué pasó anoche? ¿Por qué desaparecisteis después de los juegos? ¡No bajasteis ni a cenar!

Lorena se inclinó hacia mí con una ceja arqueada.

—Y por esa cara, yo diría que pasaron cosas. Cosas con C mayúscula.

Mordí un trozo de pan tostado intentando parecer casual.

—Igual solo nos fuimos a dormir temprano.

—Claro, y yo soy monje benedictino —dijo Víctor, rodando los ojos.

Suspiré divertida y un poco resignada. Mordí un trozo de pan tostado intentando parecer casual. Iba a ser una mañana larga.

—Bueno, digamos que Jon y yo nos dimos algunos mimos.

Víctor soltó una carcajada estridente.

—¡Lorena!, ¿tú sabías que ahora al sexo se le llama «darse mimos»?

Lorena se llevó la taza de café a los labios y respondió sin inmutarse:

—Será que como nos encontramos a primera hora de la mañana sin café en vena, se considerará horario infantil —lo dijo con total despreocupación y aparentemente seria. Los tres estallamos en risas.

—Hemos vuelto a conectar. Como si nuestros cuerpos se volviesen a reconocer y se necesitasen tras mucho tiempo.

—Vamos, que en estos años no has tenido mejor polvo que el de ayer. —Víctor no había captado lo del horario infantil, por lo visto.

—Los de ayer. Uno a la mañana en el spa y otro a la tarde después de la piscina.

—Joder con la conexión, ni el 5G va tan rápido como vosotros.

—Qué vida más injusta, Víctor —saltó Lorena con fingido dramatismo—. Yo llevo dos semanas de sequía y aquí la amiga, de dos en dos.

—Oye, que solo han sido dos y yo llevaba bastante más tiempo de sequía. Pero, no sé, ayer al mediodía después del sexo, estaba todavía muy entregado y hoy en cambio, estaba muy raro.

—Claro, mujer, estaría agotado.

—No, Víctor, lo digo en serio, estaba como ausente, pensativo, serio; como si tuviese algo que lo preocupase. Además, me ha dicho que vienen unos familiares suyos: su tío, su abuelo y no sé quién más.

—¡Ay, madre!, ¡a que tiene novia! O tal vez está prometido; peor todavía: ¡casado! —soltó Víctor alarmado.

—Aquí la reina del drama y de las telenovelas, haciendo acto de presencia —dijo Lorena con guasa—. Seamos más realistas. No creo ni que tenga pareja, prometida o mujer. Bruno no ha hecho mención a nada parecido en todo este tiempo que hemos estado a solas.

—¿Por qué te tendría que mencionar nada de eso? —Me entró mucha curiosidad tras ese comentario.

—Bueno, porque como mejor amiga tuya que soy, todavía no me fío mucho de Jon y lo tengo en cuarentena.

Sé que Bruno no me va a admitir nada así de fácil, no podía descubrirme haciéndole preguntas muy directas.

Por eso lo he camuflado y he aprovechado ciertas conversaciones para interrogarlo sin que se dé cuenta y así sacarle información.

—Me encanta lo retorcida que puedes llegar a ser, bichito. —Mis dos amigos chocaron los puños mientras yo seguía a la espera de la información que había recabado.

—De momento, no tengo nada claro. Sí sé que algo importante le pasó y que eso lo hizo cambiar hace unos años. No puedo asegurar que coincida con la fecha de cuando se marchó. Cuando aprieto un poco, Bruno me cambia de tema rápidamente.

—Cuando estábamos juntos, en ningún momento me mencionó ningún suceso importante anterior a conocernos. Lo único reseñable que yo recuerdo fue que sus padres decidieron marcharse a vivir a los Pirineos, a la montaña, y que estuvo viviendo con su abuelo y su tío.

—No te preocupes, seguiré investigando por mi cuenta.

—Puso su mano encima de la mía y dejamos esa conversación por el momento.

Pero algo dentro de mí me decía que el ambiente estaba enrarecido entre Jon y yo.

Algo le rondaba en la cabeza, estaba convencida, porque esa mañana estuvo ausente.

Mis miedos y fantasmas del pasado hicieron acto de presencia, pero decidí que lo mejor que podía hacer era esperar a que regresara con sus familiares y esperar a ver cómo seguía actuando conmigo.

La tensión que llevaba dentro se diluía en el aire entre trago y trago de café, y supe que, al menos por el momento, podía seguir disfrutando de ese pequeño oasis antes de que la realidad volviera a tocar la puerta.