Me lo dice tu mirada Capítulo 15
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Capítulo 15

El sol del atardecer acariciaba el horizonte de la costa mientras regresábamos del acantilado.

Habíamos conseguido unas tomas espectaculares: la luz filtrándose entre las rocas, el mar en calma, algunos barcos recorriendo la costa y hasta un par de gaviotas que se prestaron amablemente a la escena.

A nivel profesional, no podía estar más satisfecha.

A nivel emocional…, bueno, eso era otra historia. Intentaba concentrarme en el trabajo, pero su cercanía y su cambio de actitud, me lo estaban poniendo un poco difícil. Suspiré, deseando que ese torbellino mental me dejara al menos el resto del día en paz.

—¡Eh, Mara! ¡Espabila, que te quedas atrás! —gritó Lorena unos pasos por delante de mí, riéndose de algún chiste o alguna gracia que le habría contado Bruno.

—Perdón, me quedé mirando la luz —mentí. No me creyó, pero tampoco insistió.

Al llegar al hotel, el frescor del aire acondicionado me dio la bienvenida como un abrazo.

Iba con la mochila colgando, el pelo recogido en un moño improvisado, algo cansada, pero feliz.

Y justo entonces, lo vi. Víctor estaba de pie junto a la recepción, con unas gafas de sol sobre la cabeza y una sonrisa de oreja a oreja.

Mi alegría fue automática y sin filtros. Sentí cómo se me iluminaba la cara.

—¡Víctor! —exclamé, y eché a andar hacia él como una niña al reencuentro de su mejor amigo.

Fue ahí cuando todo sucedió en cámara lenta. La alfombra, mi pie, el tropiezo, la gravedad y el suelo.

—¡Ay, mierda! —solté, justo cuando sentí el crujir en el tobillo.

Caí al suelo como un saco de patatas con dignidad cero.

Me quedé unos segundos en modo fetal, mientras con las dos manos, me agarraba el tobillo con resignación.

El silencio fue inmediato. Hasta que, por supuesto, Tifany apareció en escena desde detrás del mostrador con su sonrisa de actriz frustrada y voz de locutora de televisión local.

—¡Vaya, qué mala pata, ¿no?! —dijo, soltando una risita aguda—. ¡Nunca mejor dicho! ¿Lo pilláis? Pata…, tobillo torcido…, caída estrepitosa. ¡Jajaja, qué chispa tengo!

Nadie se rio, excepto ella.

Víctor se agachó de inmediato a mi lado, preocupado, y los demás vinieron a los pocos segundos.

—¿Estás bien, cari? —preguntó con cara de susto.

—¡Joder! —gruñí entre dientes, haciendo una mueca cuando intenté mover el pie derecho —Creo que me he torcido el tobillo.

—No lo muevas así —dijo Jon, poniéndose de cuclillas y apartando con suavidad las manos de Víctor—. Déjame ver.

—A ver si ahora eres médico, además de relaciones públicas —murmuró Lorena, cruzada de brazos.

—No necesito ser médico para saber cuándo algo se está hinchando —respondió Jon, sin despegar los ojos de mi tobillo.

Yo estaba en shock , entre el dolor, la vergüenza y el calor que me subía a las mejillas por tener a todos pendientes de mi llegada triunfal.

Bruno se adelantó y levantó la mochila del suelo, donde llevaba mi cámara.

—Al menos sobrevivió esta belleza —dijo sonriendo, mientras la analizaba.

—Igual la cámara tiene mejor equilibrio que algunas. —La muy…, juro que, porque ya había dado suficiente espectáculo con mi caída que, si no, la dejaba calva a la Nancy.

—¿Perdona? —saltó Lorena mirándole con los ojos inyectados en ira.

—¡Uy, perdona! —intervino ella, con aire ofendido—. Yo solo intentaba aligerar el ambiente. Que no se diga que no tengo sentido del humor.

—Lo tuyo no es humor, es ruido blanco —replicó Lorena con sorna, mientras le ofrecía su brazo a Jon para que me ayudara a levantarme.

—A la enfermería del hotel, ya —ordenó Jon con voz firme—. Vamos a que te vean ese tobillo.

—¿No exageras un poco? —protesté, medio arrastrándome para levantarme.

—¿Te gusta cojear por el hotel como una figurante de The Walking Dead ? —me soltó Lorena.

—Tiene razón —dijo Jon, pasándome un brazo por la espalda para ayudarme a caminar—. Y, además, cualquier excusa es buena para oírte lloriquear un poco mientras analizas si van a pincharte o no. —Jon era conocedor del pánico que les tengo a las agujas y siempre se burlaba de mí.

—Oh, por favor… —murmuré. Pero no me aparté.

Y, entonces, mientras me alejaba cojeando con Jon a un lado y Lorena al otro, vi a Víctor intercambiar una mirada con Bruno. Entre ellos dos, parecía haber una conversación muda, cómplice, mientras miraban de reojo a la petarda de Tif.

—Tú lo que querías era llamar la atención, ¿verdad? —bromeó Lorena más tarde, ya en la habitación, mientras me ayudaba a poner el pie en alto sobre una almohada.

—¿Crees que me tiraría al suelo y me arriesgaría a una torcedura solo por eso?

¿Y sabes qué es lo peor? —añadí—. Que incluso en el suelo, con el tobillo torcido y la cámara al borde del colapso…

, la muy asquerosa no pierde el tiempo en sobarle el hombro o enseñarle lo bien que se le mueven las pestañas postizas que lleva recién puestas.

—Uyyy, ese ceño fruncido y este arrebato de rabia se deben a… —empezó a preguntar ella.

—No sé de qué me hablas —suspiré con el pie dolorido y la mente más revuelta que nunca.