Capítulo 10
La fiesta comenzó con un sonoro «¡SORPRESA!
» cuando Arantxa apareció junto a Alicia.
Como era de esperar, nuestra compañera no pudo contener la emoción y empezó a llorar como una Magdalena.
Vino a abrazarnos a todos para darnos las gracias por la sorpresa y confesó que, de no haber sido así, su despedida se hubiera reducido a tomar algo en el bar de enfrente.
De esa manera, se llevaría un bonito recuerdo de su paso por la empresa y del adiós, aunque muchos le recalcamos que no tenía que ser un adiós literal, sino un hasta la próxima.
La fiesta enseguida empezó a animarse. Claro que, con Víctor de por medio, no podía ser de otra manera.
Ese hombre tiene el don de animar cualquier velada, como si de un show man se tratara.
En un momento, agarró el micrófono y pidió a los presentes que escribiéramos en un papel nuestro nombre y describiéramos el primer encuentro que tuvimos con Alicia y lo que se nos ocurriera respecto a ella.
Después, recogió todas las dedicatorias y las añadió a una especie de anuario personalizado que había ideado.
Me pareció un detalle precioso para que se llevara un buen recuerdo de cada uno de los presentes.
—Deja de mirar todo el rato a la derecha de esa manera tan descarada, vas a terminar con tortícolis. —Lorena estaba muy pendiente de mí, intuyendo que podría estar de los nervios porque Jon estuviera ahí.
—No digas tonterías, solo me aseguro de que estén cómodos.
—¿Y por qué deberías asegurarte de su comodidad?
—Pues…, porque… ¡y yo qué sé! Ni siquiera sé por qué han decidido quedarse. Yo desde luego no me habría quedado. ¡Uf, qué difícil se me está haciendo todo esto y eso que no ha hecho más que empezar! Mira todo lo que me queda por delante.
—Yo creo tener una ligera idea de la razón que le ha llevado a Jon a querer quedarse y, creo que en el fondo, tú también, aunque no lo quieras admitir.
Lo que estoy intentando averiguar es si esa razón te parece bien y te agrada, o si prefieres perderlo de vista.
—La miré con ojos de súplica para que no me hiciera responderle—.
Tranquila, me decanto por la primera opción.
Además, así podré deleitarme con el amigo que ha traído, porque es muy guapo.
Las dos comenzamos a reírnos de una manera que llamamos un poco la atención.
Gracias a que, justo en ese momento, Alicia cogió el micrófono para dedicarnos unas palabras, aprovechando que ya se había tranquilizado un poco del shock inicial.
Hizo un repaso de su trayectoria dentro de la redacción, agradeció a todos los compañeros la relación tan buena y la confianza depositada en ella.
Cada pocas palabras tenía que parar para secarse las lágrimas de lo emocionada que estaba.
También aprovechó para confesar que le apenaba no poder hacerse cargo del último proyecto y fue entonces cuando anunció que Lorena sería su relevo en el artículo del hotel.
A mi amiga se le iluminó la cara en el momento y las dos se fundieron en un abrazo.
Tras el discurso, llegó el momento más esperado de todos: el karaoke; una fiesta del trabajo no tenía éxito si no había un karaoke de por medio. Repartieron una hoja con las canciones que podíamos elegir para que nos apuntáramos y poder empezar con el espectáculo.
Jon y Bruno se nos acercaron con unas bebidas para las dos.
—Un Martini con limón para la señorita. Supongo que seguirá siendo de tu gusto.
—Gracias. Yo no cambio de gustos y de opinión tan fácilmente como otra gente. —Le quité el vaso y di un trago largo. Lo necesitaba.
—Como no sabíamos qué querías, te hemos traído un gin-tonic. Si prefieres otra cosa, dime y te lo traigo —le dijo Bruno a Lorena con una sonrisa que sabía estaba derritiendo a mi amiga.
—Me encanta, gracias.
Señalando la hoja de las canciones, nos preguntaron si era necesario que ellos también participaran en el karaoke. Miré a Jon con diversión. Él siempre ha cantado muy bien, pero no parecía que la idea le apeteciera mucho.
—Es un requisito indispensable si pensáis permanecer en la fiesta. Todos vamos a cantar, aunque sea una canción. Si no os apuntáis voluntariamente, será Víctor el que elija la canción. Así que, yo que vosotros, no correría muchos riesgos.
Se pusieron a buscar en la lista con urgencia. Lorena y yo nos lo estábamos diciendo todo con la mirada y con las risas que intentábamos reprimir, pero nos costaba mucho. La escena era de lo más divertida.
—¿Qué tal todo por aquí?, ¿las chicas os están cuidando bien? —Mucho había tardado en venir. Era mencionarlo y, por inspiración divina, aparecía.
—Sí, gracias. Ya nos han explicado más o menos la dinámica y estamos eligiendo alguna canción fácil. Jon canta muy bien, pero, yo…, digamos que lo intento. —Todos nos echamos a reír.
—No te preocupes. No creo que la gente se fije en si cantas bien o no con este físico y esa cara que tienes —dijo Víctor mientras palpaba el brazo a Bruno y todos los mirábamos divertidos—. ¿Haces mucho ejercicio? Porque estos brazos están muy trabajados.
—Me gusta cuidarme y mantenerme en forma. Si quieres venir un día al gimnasio, por mí no hay problema. Te enseño unos cuantos ejercicios y…
—¡Uy, no, querido! Yo cuando piso un gimnasio es para fotografiar los monumentos que se encuentran en ese momento esculpiéndose.
Víctor anotó las canciones que habíamos elegido. Me creó mucha curiosidad cuando apuntó la de los chicos, porque los miró de arriba a abajo y asintió como dando el visto bueno.
Mi amiga llevaba ya un buen rato hablando con Bruno.
A ambos se los veía muy cómodos. No podía decir lo mismo de Jon y de mí.
Aunque no hablábamos, se notaba cierta tensión en el ambiente.
Estaba segura de que su intención era desquiciarme con su silencio y que yo fuera la primera en hablar.
Iba listo si pensaba que me iba a ganar en esta pequeña batalla de silencio incómodo.
Di un pequeño suspiro con ese pensamiento.
—Doña suspiritos.
—¿Perdona? —Lo miré con cara de enfado.
—Siempre que te encuentras en una situación incómoda, te balanceas sobre tus pies y lanzas un suspiro.
Cuando iba a rebatirle, Víctor me interrumpió dando el pistoletazo de salida para dar comienzo al karaoke, por lo que me quedé con la respuesta a medio camino.
Como no podía ser de otra manera, comenzó él con la canción Don´t stop me now de Queen.
Sin duda esa canción era perfecta para él, pues no había quien lo parase.
Además, ayudaba a que la fiesta se animase.
Lorena y yo aprovechábamos para bailar y reír.
Tras la actuación de nuestro amigo, nos llegó el turno a nosotras.
Las dos lo tuvimos muy claro en cuanto vimos que esa canción todavía no la había elegido nadie.
Nos pusimos frente a todos y en cuanto empezaron a sonar los primeros acordes, comenzamos a bailar nuestra pequeña coreografía que ya teníamos previamente ensayada para Girls just wanna have fun .
Mientras la cantábamos procuré evitar la mirada de Jon.
Pero cada vez que tocaba el estribillo, no podía evitarlo.
Era como si necesitase decirle algo con esas palabras.
That’s all they really want (Eso es todo lo que realmente quieren) Some fun (Un poco de diversión) When the working day is done (Cuando el día de trabajo haya terminado) Girls - they want to have fun (Las chicas, ellas quieren divertirse) Oh girls just want to have fun (Las chicas solo quieren divertirse)
Jon no perdía detalle de lo que hacía en todo momento, serio, con su copa en la mano dando tragos sin apartar sus ojos de los míos, con la espalda apoyada en la barra improvisada y las piernas cruzadas; me estaba poniendo bastante nerviosa.
Me entraba un escalofrío y hormigueo en el estómago por la intensidad de su mirada que, aunque me estaba divirtiendo mucho, deseaba que acabase ya la canción.
Cuando terminamos, todos nuestros compañeros nos aplaudieron y les agradecimos con una reverencia, mientras esperábamos a que los siguientes se acercaran para entregarles el testigo.
Al levantar la cabeza, tenía a Jon justo frente a mí.
Le tendí el micrófono y aprovechó para atrapar mi mano con las suyas y acercarse a mi oído.
—Mensaje captado. Ahora nos toca a nosotros. Espero que te guste tanto como me ha encantado a mí verte. Voy a intentar cumplir tu deseo para que te diviertas —me susurró y, al separarse, me guiñó un ojo mientras me sonreía de manera canalla.
Volví donde Lorena y Víctor con el corazón latiendo a una velocidad acelerada. ¡Qué calor tenía en ese momento! Cogí lo que quedaba de mi copa y, como si de agua se tratase, le di un buen trago.
Jon y Bruno, antes de que empezara la canción, se susurraban algo al oído.
¡Qué estarían tramando esos dos! De repente, nos dieron la espalda y cuando Rock dj comenzó a sonar, empezaron a mover el talón derecho arriba y abajo, mientras lo acompañaban con sus caderas al mismo tiempo.
Desde el principio, se metieron a todos los allí presentes en el bolsillo.
Ellos cantaban, y los demás les respondían.
Can I kick it? Yes you can (¿Puedo patearlo? Sí, tú puedes) I got Funk (Lo tengo Funk) You got Soul (Tienes que Soul)
A medida que avanzaban, estrofa a estrofa, la sala se convirtió en una algarabía. Sobre todo, cuando llegó el primer:
It’s time to move your body
(Es hora de mover tu cuerpo)
Mis compañeras les hacían los coros y mis compañeros se acercaron a ellos para acompañarlos. Todo un espectáculo.
—Querida, siento decirte que estás bien jodida. ¿Ya se te han desintegrado las bragas? —Miré a Víctor con cara circunspecta, de manera que no se apreciasen los calores que me habían abordado con lo que estaba sucediendo.
Tenía razón. Estaba muy jodida. Ver a Jon cantando era una delicia.
Pero si encima le sumabas la canción elegida con esos movimientos que se traían los dos amigos, era una explosión de morbo y atracción.
Además, el muy canalla, con cada «es hora de mover tu cuerpo» me lanzaba un guiño y me invitaba con un gesto de cabeza a que me sumase al corrillo que se había formado frente a ellos.
Con el tembleque de piernas que me había entrado, no era la mejor idea unirme para mover el cuerpo.
Por fin su canción terminó y toda la sala estalló en vítores y aplausos. Se lo habían ganado. Lo habían hecho realmente bien. Víctor corrió hacia ellos para abrazarlos y darles las gracias por el momentazo que habían creado. Su actuación sería recordada por mucho tiempo.
Lorena estaba tan estupefacta como yo. Tenía la boca abierta y no paraba de abanicarse con una servilleta que había cogido de la mesa de atrás.
—Madre del amor hermoso, esto cada vez se pone más interesante. Necesito agua. ¡Qué calor! —Y con las mismas, se marchó de allí dirección al baño y me dejó sola ante el peligro. Porque sí, Jon se estaba acercando y tenía en la cara reflejada la definición de peligro.
—¿He conseguido mi objetivo?
—Si te refieres a alborotar a todos mis compañeros y que a más de una le hiciese falta un babero, sí, objetivo cumplido.
—No te escabullas, sabes perfectamente que no me refería a eso. Pero, aunque no lo quieras admitir, lo he visto y sé que he conseguido parte de mi objetivo.
—¿Cómo estás tan seguro?
—Porque me lo dice tu mirada.