Me lo dice tu mirada Capítulo 9
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Capítulo 9

Procuré apartar a Jon lo más rápido posible de la cercanía de Víctor. A mí no me engañaba y estaba convencida de que antes de preguntar, ya sabía quién era él. He de admitir que me sorprendió la sutileza con la que le hizo la pregunta.

Entramos al ascensor y, como evitaba a toda costa el contacto visual con Jon, me puse a mirar en mi móvil las fotos que habían estado enviando mis compañeros de los preparativos de la inminente fiesta.

Habían usado el estudio para las sesiones de fotos y se estaban entregando completamente a la causa; había luces, una bola de discoteca colgando del techo, una mesa rectangular enorme con vasos, bandejas con papel de aluminio por encima, que supuse serían los canapés, y también me pareció ver una pantalla de tela al lado de la mesa donde nuestro compañero haría de Dj.

Un carraspeo me devolvió a ese ascensor que estaba compartiendo con él.

—¿Estás mal de la garganta?, ¿quieres un caramelo?

Me lanzó una mirada acusatoria y tras dar un suspiro, miró la pantalla donde nos indicaba los pisos que faltaban para llegar a la calle.

Una vez fuera del edificio, nos dirigimos a la tienda de artículos de fiesta que había a dos manzanas. Jon no entró conmigo, prefirió esperarme fuera mientras escribía a alguien con su móvil. La curiosidad de saber a quién hablaba me estaba matando, pero no podía preguntárselo.

Al salir volvimos lo más rápido posible. Justo en el momento que salíamos del ascensor, apareció Lorena a nuestro lado.

—Vaya, vaya, mira a quién me encuentro aquí —dijo mi amiga mostrando mucho sarcasmo.

—Hombre, Lori. Te veo muy bien.

—Perdiste el derecho de llamarme Lori hace como unos tres años.

—Tengamos la fiesta en paz —atajé. Lorena estaba en su derecho de estar enfadada con él. Pero no sé qué fue lo que me llevó a ahorrarle un mal trago a Jon.

—Hablando de fiesta, ya que has sido un chico tan amable y nos has hecho el favor totalmente desinteresado de ayudar a Mara, lo menos que podemos hacer es pedirte que te quedes a la fiesta y te tomes algo con nosotros.

—Ahí estaba Víctor. Lo quiero mucho, pero a veces tenía el don del oportunismo muy poco desarrollado.

—Arantxa y Alicia ya le han pedido que se quede luego a tomar algo.

Pero no puede, tiene que irse. Supongo que habrá quedado con alguien, ¿no?

—No pienses lo que no es. Esa última frase no la solté porque me muriese de ganas de saber si antes estaba quedando con alguien y quisiera saber con quién.

Fue una aportación sin ningún ápice de interés.

—La verdad es que sí, he quedado con alguien.

—Así que, sí, tenía una cita con alguien —.

Me encantaría quedarme un rato, pero ha venido una persona a buscarme y no me gustaría hacerla esperar mucho más tiempo.

—Me miró con una amplia sonrisa. Sabía lo que podía llegar a incomodarme dicha situación y lo estaba haciendo para provocarme.

Estaba segura. Lorena me observaba con preocupación analizando mis gestos.

—Pues sí, la verdad es que…

—Estoy seguro de que a Arantxa y a Alicia no les importará en absoluto que se una también.

—Víctor estaba sembrado. A mí me salían chispas y rayos por los ojos.

Tenía la poca vergüenza de restregarme en la cara que tenía una cita y encima mi compañero y camarada la estaba invitando a nuestra fiesta. Había jugado bien sus cartas el muy…

—Si insistís, le diré que suba.

—Bueno, insistir, lo que se dice insistir…, tampoco es que te lo hayamos rogado. Igual ella no quiere quedarse —dije para evitar tener que soportar verlo con su cita en nuestra fiesta.

—¡Uy, ya lo creo! Le encantan las fiestas.

—¡Que bien! Pues anda, y no pierdas más tiempo. No queremos hacerle esperar mucho.

Estaba de los nervios. No me podía creer que fuera tan insensible y le parecería bien traer a una chica a mi trabajo.

Juré que Víctor me las pagaría. Ya lo creo que lo iba a hacer.

No podía tener la boca cerrada, no. Con darle las gracias por su ayuda y una palmadita en la espalda habría sido suficiente.

Pero no. Tenía que seguir insistiendo para que se quedara y de paso que se trajera a algún ligue y la paseara por delante de mis narices.

El ascensor se abrió y aparecieron Jon y otro chico que no conocía. Supuse que sería alguien que nos traía algo para la despedida. El hecho de ver que Jon volvía solo me alegró tanto que no pude evitarlo y, cómo no, no pude controlarme.

—No me digas que tu chica te ha plantado. ¡Cuánto lo siento! Espero que no se haya enfadado mucho y se haya marchado por eso.

—¿Mi chica?, ¿en qué momento he dicho que haya quedado con una chica? —Era cierto. No lo había dicho—. Os presento a Bruno, es uno de mis mejores amigos y mi mano derecha dentro de la empresa.

—Encantado y muchas gracias por invitarme.

Me la había jugado. Admito que Jon en ningún momento mencionó a ninguna chica, pero por la manera de expresarse lo estaba medio insinuando sabiendo que yo llegaría a esa conclusión. La mirada retadora que le estaba dedicando no le pasó desapercibida.

Recordé que cuando estábamos juntos me habló de un amigo que estaba estudiando periodismo fuera y no podían verse muy a menudo. En ese momento las piezas me encajaron y supuse que aquel amigo sería Bruno.

Cuando todos se encaminaron a la sala, Jon me agarró del brazo y me susurró al oído.

—¿He podido percibir cierto malestar ante la posibilidad de que hubiera quedado con una mujer?

Con la única que he quedado hoy es contigo y si he terminado por aceptar la invitación ha sido para poder seguir disfrutando, ¿cómo has dicho antes?

¡Ah, sí!, del placer de tu compañía y, además, de tu encantadora hospitalidad.

Y así, sin más, deslizó la mano acariciando mi brazo más tiempo del necesario, mientras seguía el camino que habían hecho los demás segundos antes, dejándome con la palabra en la boca, sabiendo lo que me molestaba que me hicieran eso.

Lo cierto es que tampoco tenía mucho que decir.

Una vez más me estaba ganando esta pequeña batalla que teníamos.

Conocía mis puntos débiles y sabía qué tecla pulsar para desquiciarme.

Tenía un talento natural que me volvía loca. Pero se la devolvería.