Capítulo 8
La vi levantarse y salió como si algo le hubiera picado en el culo. No sabía qué era lo que había podido decir o hacer, que la hubiera afectado tanto.
Admito que ese lugar es muy especial para mí, por muchos motivos, los cuales todavía no podía desvelar hasta que no consiguiera que esa cabezota hablase conmigo e intentásemos arreglar ciertos aspectos, y puede que la hubiera abrumado un poco con mi forma de describírselo.
Sabía que lo tenía complicado. Llevaba varias semanas intentando dar el paso de hablar con ella y nunca me había visto con la suficiente valía para enfrentarme a su mirada de dolor, su lengua afilada cuando alguien la ha herido y el miedo que tenía a que no me perdonara nunca.
Esa oportunidad me vino casi como caída del cielo o como si algo o alguien hubiera movido ciertos hilos para que nos tuviéramos que reencontrar y no tuviésemos más remedio que volver a relacionarnos.
Tenía un plan que pensaba llevar a cabo.
Un plan que había elaborado junto a mi mejor amigo, Bruno.
Era el único con el que me había abierto en canal y conocía todos los detalles y motivos que me llevaron a hacer lo que hice.
También era el único conocedor de mis sentimientos hacía ella en su día y también en la actualidad.
Iba a ser mi acompañante durante todo ese proceso con la revista, ya que no iba a poder estar en dos sitios a la vez; mientras la redactora estuviera escribiendo o entrevistando en algún lugar y Mara sacando fotos en otro, necesitaba a alguien de confianza que pudiera ayudarme.
Empecé a impacientarme porque todavía no había regresado y salí de su despacho en su busca para asegurarme de que se encontraba bien.
De camino, me topé con una cara conocida.
Ella no me había visto todavía y, como no sabía qué reacción podría tener al verme, regresé al despacho.
Al fin y al cabo, era su mejor amiga y quien ha estado a su lado siempre.
Me senté de nuevo y enseguida volvió Mara con dos botellas de agua, tendiéndome una.
Retomamos la charla y le expliqué los diversos aspectos fuertes del alojamiento. Ella iba tomando nota de todo sin levantar la vista del ordenador. Aproveché para mencionarle la existencia de Bruno y fue entonces cuando capté su atención.
—Espera, espera, ¿en serio me estás diciendo que no será suficiente con estés pegado a mi espalda que encima tendré que lidiar con dos?
—No, solo tendrás a uno de los dos pegado a ti. El otro estará con la redactora.
—¡Ah, muy bien! Si todavía no habéis decidido quién irá con quién, me pido a Bruno. No lo conozco, pero seguro que nos llevaremos muy bien.
—Lo siento. Ya está decidido. Te he dicho que me preocupan más las imágenes que el texto. Yo seré quien te acompañe y Bruno, que para algo estudió periodismo, será la sombra de tu compañera.
—Vaya, hoy es mi día de suerte —dijo suspirando y con fingida emoción. Cosa que me hizo gracia, ya que me esperaba su reacción.
Una vez terminamos con los detalles, le expliqué que siempre estaba la opción de poder añadir algo más en el caso de que surgiera algo. Dimos la reunión por finalizada, aunque durante las siguientes semanas tendríamos que seguir puliendo algunas cosas.
Salimos de su despacho y vi que a la derecha había un gran alboroto. Imaginé que sería por la fiesta de despedida. Cuando estábamos a punto de encaminarnos al hall , un chico se acercó a nosotros y cogió a Mara por los hombros.
—¡Ay, cari!, que no nos hemos acordado de recoger los globos de helio —dijo de manera atropellada a Mara mientras recuperaba el aliento.
—Bueno, no te preocupes, me puedo acercar yo en un momento y los traigo enseguida. Aunque no sé si podré con todos.
—Si quieres te acompaño y te ayudo a traerlos.
—Cómo no, se tenía que ofrecer aquí míster amable —dijo ella en tono bajo. Pero no lo suficiente para que no la escuchase.
—¡Eso sería maravilloso! Además, con esos brazos fuertes que tienes, seguro que podrás cargar con ellos y no salir volando. Perdona, no me he presentado, soy Víctor, compañero de profesión de Mara. Y, ¿tú eres?
—Soy Jon, cliente de la revista y antiguo… —me quedé en blanco. No sabía cómo quería Mara que me presentara frente a su gente—, amigo de Mara —resolví esperando no haber molestado a doña «digas lo que digas me va a sentar mal».
Por sorprendente que pareciese, Mara no dijo nada.
Me hizo un gesto señalando los ascensores y no dejó que su compañero siguiera hablando.
Vamos, que me dejó con el brazo a medio camino, para estrecharle la mano a Víctor.
Creo que es la conversación más corta que había mantenido con alguien a quien me acabaran de presentar.
Pensaba que se iba a negar en rotundo a que la ayudara porque no dejaba de decirme que mi presencia no le agradaba mucho y que prefería no tenerme cerca a cada momento.
Esta mujer me volvía loco. Supuse que entonces sí le iría bien que la acompañase a conseguir su objetivo para la fiesta. Pues pensaba cobrarme el favor que le estaba haciendo en cuanto volviéramos a las oficinas.