Me lo dice tu mirada Capítulo 6
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Capítulo 6

Llegó el jueves y, con él, la dichosa reunión que tenía pendiente con Jon en mi despacho.

Al día siguiente de que Lorena viniera a mi casa, le comenté a Víctor lo de la reunión.

Obviamente, omitiendo la parte de que el cliente y yo ya nos conocíamos.

Me dijo que no podía asistir. ¿En serio?

¿Acaso el mundo estaba en mi contra y no me quería facilitar pasar este mal trago?

No sé por qué al final le hice caso y no reservé la sala de reuniones.

Cuanto más espacio hubiera entre nosotros, mejor.

Pero para cuando quise reservarla, me habían tomado la delantera y ya estaba ocupada.

Pues nada, me tocaba tenerlo en mi despacho, un habitáculo de unos quince metros cuadrados, soportando su aroma a poca distancia, porque él era así, siempre tenía que ir bien perfumado, pero sin pasarse.

El lema «Menos, es más», lo llevaba a rajatabla en más de un sentido. ¡Si lo sabré yo bien!

La primera parte del día se me pasó volando.

Víctor y yo estuvimos toda la mañana inmersos en el estudio, sacando fotos a las joyas de nuevo.

Necesitábamos terminar con ese proyecto de una vez o mi compañero iba a empezar a sufrir alopecia.

El hecho de haber estado codo con codo, me vino de maravilla.

Cuando me tocaba trabajar junto a él era una fiesta.

Le gustaba poner música de fondo y a veces improvisábamos unas coreografías que ni en fama.

Cuando no nos daba por el baile, nos daba por el canto como si de un karaoke se tratara.

Nos poníamos a cantar a pleno pulmón para soltar adrenalina y así conseguíamos que hasta el trabajo más tedioso se nos hiciera de lo más divertido.

He de reconocer que algún mini musical también habíamos improvisado.

Cuando alguno de los dos tenía un drama encima, musical al canto.

Cantar e interpretar las canciones nos sacaba de la mierda de día que tuviéramos en ese momento.

Tirábamos de canciones del estilo de Pimpinela, duetos desgarradores, canciones épicas de Queen y, ¡cómo no!

, no podía faltar para ponerle el broche, Living la vida loca , himno indiscutible de Víctor.

A la hora de la comida, nos juntamos unos cuantos compañeros de la redacción.

Todos éramos conocedores de que la fiesta de despedida de nuestra compañera Alicia se celebraría esa misma tarde.

Todos menos ella, claro. Todavía faltaban dos meses para que se fuera definitivamente, pero por si acaso, no queríamos dejarlo para el último momento.

Era una sorpresa que le queríamos dar, para que no sacara cualquier excusa de la chistera y rajarse de la fiesta en su honor.

Lo teníamos todo planeado; el catering , un compañero que haría de DJ, los regalos y Arantxa, la encargada de entretenerla, mientras los demás lo preparábamos todo.

Cada vez que alguien mencionaba la palabra reunión se me removía algo por dentro.

Yo también tenía una reunión esa misma tarde y los nervios me tenían algo inquieta en la comida porque se acercaba la hora.

Lorena, a quien tenía enfrente, me miraba de vez en cuando y una sonrisa asomaba en su cara.

Yo sabía por qué sonreía y ella, a su vez, sabía que yo me daba cuenta de ello.

Víctor, quien tenía un ojo clínico para muchas cosas, sospechaba que algo nos traíamos entre manos, pero no nos había preguntado nada, de momento. Cosa rara en él, tenía que admitirlo.

Cuando llegó la hora del café, mi compañero ya no pudo aguantar más la intriga y aprovechó un momento en el que nos encontrábamos los tres separados del resto para salir de dudas.

—Vamos a ver, a vosotras dos os pasa algo. Y no se os ocurra negármelo, que nos conocemos —decía mientras nos señalaba a ambas alternativamente—. Me aventuraría a decir que tiene que ver con Mara, porque esta mañana estabas un poco ausente de vez en cuando.

¡Qué morro le echaba! Tuvo la poca vergüenza de decirme que había estado un poco ausente cuando él no había parado de parlotear cual cotorra.

—Tu perspicacia me deja anonadada en ocasiones —espeté entrecerrando los ojos—, no has parado de cotorrear en toda la mañana. ¿Cómo quieres que me concentre si tengo a una cacatúa en mi oreja?

—Vale. Me acabas de confirmar que es referente a ti. Cariño, hoy no has dado todo de ti en la canción de cierre cuando hemos terminado con la sesión. Algo te ronda por esa cabecita tuya.

—A mí no me ronda nada por mi cabecita. Es solo que no he dormido bien.

—Ejem… —tuvo que saltar Lorena. Estaba tardando en intervenir, la verdad. Aunque creo que le divertía el partido que estábamos protagonizando Víctor y yo—. No es el qué, sino más bien, quién te ronda.

—Así que, ¿hay alguien rondándote por esa cabeza? Y, ¿se puede saber de quién se trata?, ¿lo conozco? —La maruja que Víctor llevaba dentro estaba desatada.

Iba a abrir la boca para contestarle, cuando Lorena se me adelantó.

No me dejó siquiera aportar una aclaración.

Lo soltó todo a bocajarro, como si tuviera toda la información retenida y tuviera la imperiosa necesidad de sacarla: quién era, cuál era nuestra «relación», el reencuentro, el porqué de la reunión de ese día y las sospechas que ella barajaba para nuestro inminente encuentro.

Víctor estaba con los ojos tan abiertos, totalmente absorto con lo que mi amiga le decía, y ella a su vez estaba tan concentrada relatándole todo, que parecía que yo no estuviera presente, aun cuando la historia iba conmigo.

—¿No será aquel que te escribía hace poco mientras estábamos en el bar de enfrente comiendo, no?

Porque, aunque no lo creas, me di cuenta de lo nerviosa que te ponías.

Por lo que más quieras, ¡quiero conocerlo!

Por favor, déjame entrar en tu despacho con cualquier excusa y así poder verlo.

Puedo aparecer con unas fotos para que las revises.

¡Vaya, pues sí que sabían que estaba presente! Pero, claro, lo que más le intrigaba a mi compañero era conocer a Jon.

—¿Cómo dices? De eso nada. No pienso entrar en ese juego de chiquilladas para que lo conozcas.

No tengo ningún interés en presentarle a la gente de mi entorno, ya que es un cliente que, aunque se haya dado la casualidad de que tuvo algo que ver conmigo en el pasado y nos hayamos encontrado en el presente, no va a ver un futuro.

Por lo que no hay ninguna necesidad de que lo conozcas.

Los dos me miraban sin articular palabra. Supongo que esperando a que cediera de alguna manera. Eso no iba a pasar. Aunque estaba totalmente equivocada con lo de que no conociera a la gente de mi entorno. Muy pronto tendría que comerme mis propias palabras.

—Eres una aguafiestas cuando te lo propones. Espero que, por lo menos, luego en la fiesta, nos puedas dar algún titular de qué tal os ha ido. Lorena, ¿no tendrás alguna foto por ahí de él para que pueda echarle un vistacillo, no?

Ya estábamos otra vez. Como si yo no estuviera delante y no les estuviera escuchando.

Desistí con esos dos. No podía hacer nada, aunque quisiera.

Sabía perfectamente que en el momento en que me fuera y se quedaran solos, buscarían a Jon en las redes sociales.

A veces eran como niños, cuanto más les llevabas la contraria, más cabezotas se ponían en su empeño.

Yo soy más niña que ellos en ese aspecto, por eso lo sé bien.

—Por cierto, entiendo que quieras restarle importancia al asunto, pero, quitársela demasiado tampoco nos conviene.

—¿Por qué dices eso?

—Porque son casi las cuatro de la tarde y no creo que esté bien hacer esperar al cliente.

—¡Madre mía!, la culpa es vuestra, que me entretenéis con chorradas.

En cinco minutos darían las cuatro de la tarde, justo la hora en la que habíamos quedado y estaba a mitad del café, sin lavarme los dientes y sin haberme preparado todavía mental y físicamente.

Sí, sí, has leído bien, físicamente. Tenía que arreglarme un poco.

Ya sabes, un poco de corrector, una sombra muy suave, una pincelada muy difuminada en los mofletes y un poco de color en los labios.

Debía mostrar profesionalidad y causarle buena impresión al cliente, no te vayas a pensar algo que no era.

Debía tener un buen aspecto. ¿Sabes esa sensación de cuando te encuentras con tu ex, que quieres tener mejor aspecto que él?

Pues eso mismo me pasaba a mí. Y, ya que era nuestro cliente, me venía bien la excusa.

Además, así mataba dos pájaros de un tiro.

Tras la reunión, comenzaría la despedida de Alicia y, de ese modo, ya estaría preparada.

Salí a todo correr del bar, agradecí tener la suerte de coger un ascensor a la primera y, al llegar a nuestra planta, saludé rápidamente a Carla, la recepcionista quien intentó decirme algo, pero con la prisa que llevaba ni la escuché. Entré como una exhalación al baño para adecentarme un poco.

Al salir, me encontré a Arantxa hablando con Jon en el hall .

Ahí estaba mi cita de las cuatro. Me detuve un par de minutos a observarlo y tenía que admitir que estaba realmente guapo.

Siempre había sido guapo. Por mucho que me molestara tener que admitirlo, me seguía pareciendo muy atractivo.

Con esa sonrisa canalla que solía usar para salirse con la suya y que estaba utilizando en ese preciso momento con mi jefa. ¿Qué andaría tramando?