Capítulo 5
Le conté a Lorena casi todo lo sucedido esa mañana. Había omitido la parte en la que ella se iba a encargar de escribir el artículo, porque no quería quitarle la ilusión a Alicia de contárselo.
—¿Y ya está? ¡Cómo me fastidia no haber estado hoy en la oficina!
Cogió carrerilla y empezó a divagar ella sola imaginándose lo que habría hecho si hubiera estado allí.
—Como que, ¿y ya está? ¿Qué más quieres?
—Tienes que demostrarle que eres una profesional y que su presencia te importa entre poco y nada. Respecto a la reunión del jueves, ¿te la ha pedido solo a ti?
—Pues no lo sé. Me escribió a mi número solicitando la reunión. ¿A dónde quieres llegar?
—Bueno, digo yo que tendrá que reunirse con el equipo. Es decir, con Alicia, Víctor y contigo.
«Mierda» pensé. No había caído en eso. Estaba tan ensimismada en mi drama interior, por haberlo vuelto a ver en el momento más inesperado y tener que afrontar la situación, que no pensaba con claridad.
—Pues claro que sí. La reunión tendrá que ser con ellos también.
Me había olvidado totalmente de los demás. Lorena tenía razón, tendríamos que ser cuatro y no dos. Me había puesto nerviosa por tener que reunirme yo sola con él, en mi despacho y sin nadie más.
—Pues parece que él no lo tiene tan claro. Es probable que quiera aprovechar para intentar hacer las paces contigo. En el dosier aparecen los números de contacto de todos y, que sepamos, a Alicia no le ha pedido ninguna reunión y a Víctor tampoco porque, de ser así, te lo habrían comunicado.
Cuando Lorena se ponía a analizar, siempre me rompía todos los esquemas y me entraba cierta ansiedad.
—Pues no lo sé. No tengo ni idea de si les ha pedido una reunión a ellos también. Andan muy liados cerrando cosas y no he podido verlos de nuevo antes de volver a casa.
—¿Cerrando cosas? ¿Qué tiene que cerrar Alicia?
Estaba yéndome de la lengua sin querer. Como siguiera con esta conversación, terminaría por contarle lo que todavía no podía saber.
—Pues proyectos en los que estará trabajando, para terminarlos antes de empezar este, digo yo. Tendrá que cerrar fechas, tiempos, no sé, cosas que hacéis vosotras antes de empezar otro.
Tenía que ponerme un poco a la defensiva si no quería que me pillara.
—Claro, ya entiendo. Ella tiene que cerrar «cosas», como tú dices, pero las reuniones te las piden a ti.
Vamos, Mara, piénsalo bien. Jon quiere hablar a solas contigo.
Porque tampoco ha mencionado a Víctor y es parte de tu equipo.
La verdad es que me parece una idea estupenda.
—¿Había escuchado bien? Sí, sí que lo había hecho.
—¿Perdonaaaaa? ¿Qué te parece una idea estupenda? ¿Me estás tomando el pelo? Yo no tengo nada que hablar con él.
—En realidad eso no es cierto. Vais a tener que hablar mucho por lo que me temo —dijo tendiéndome una revista—. Además, conociéndote como te conozco, te habrás puesto hecha una furia, y eso solo consigue que él vea que no lo has olvidado. Esperemos que no se haya dado cuenta de nada más…
Suspiré. Lorena llevaba razón. No en lo referente a que era «una idea estupenda que hablásemos», evidentemente, sino a que, quisiera o no, tendríamos que conversar por el artículo.
Me ponía nerviosa toda esta situación solo de pensarlo.
También me entraba cierta rabia que, después de lo que pasó, su presencia tuviera una reacción en mí y en mi cuerpo.
Estaba claro que no lo había olvidado. Me costó mucho confiar en él y, cuando por fin le dejé entrar, se marchó a los meses.
Me tumbé apoyando mi cabeza sobre las piernas de mi amiga mientras ella me acariciaba el pelo dándome un masaje para que me relajara.
No me veía con ganas y fuerzas de tener a Jon alrededor mío todos los días. Desde que lo había visto, miles de preguntas habían acudido a mi cabeza; era consciente de que yo trabajaba allí, ¿por qué no consiguió convencer a su tío para poner al frente a otra persona? ¿Por qué no lo había hecho?
—Lorena, no puedo tener a Jon a mi alrededor todos los días.
Se supone que tiene que supervisar las fotos que saco y tendrá que acompañarme a cada sesión programada, darme el visto bueno y tendré que reunirme con él en reiteradas ocasiones para que vea la edición de las fotos por si tuviéramos que repetir alguna. ¡Será algo así como mi jefe!
—Cariño, estás equivocada. En este momento, él es el cliente y tú tienes que contentarlo. Siento ser yo la que te lo diga, pero vas a tenerlo pegado a la nuca.
«¿Contentarlo?, ¿pegado a mi nuca?». Me estaba entrando ansiedad solo de pensarlo.
Decidí escribir a Alicia para preguntarle si le había pedido una reunión a ella también. Aunque me podía hacer una idea de lo que me iba a responder antes siquiera de formularle la pregunta.
Buenas noches, guapísima. Me ha escrito Jon y me ha pedido una reunión para que hablemos del proyecto del hotel. Lo he citado el jueves después de comer. Supongo que también te habrá escrito a ti.
Alicia:
¡Hola! No me ha escrito todavía. Me parece muy buena idea que quiera reunirse contigo para hablar de los cambios.
Por lo visto, a todo el mundo le parecía una buena idea que nos reuniéramos.
Creo que sería conveniente que tú también acudieras a la cita. Imagino que habrá distintos asuntos que tratar.
Alicia:
No voy a poder. Estoy hasta arriba de trabajo y no me dan las horas para dejarlo todo atado antes de marcharme. No te preocupes. Lo harás muy bien. Con lo que habléis, toma apunte de todo y luego lo tratas con Lorena y la pones al día de los cambios. Confío en ti.
«Confiaba en mí», maravilloso. Ahora sí que no tenía más opciones que tener que estar yo sola con el cliente/ex ligue, para planear los días más complicados que se me iban a presentar en breve.
Pusimos la serie que le había recomendado su amiga.
Tenía que dar descanso a mi cabeza y entretenerme con lo que veía en la pantalla.
Hasta ese momento, por mi mente ya se habían recreado imágenes del pasado.
Aquella última vez que nos besamos, la vez que planeábamos el viaje del verano, cuando me abrazaba diciéndome lo mucho que había pensado en que estuviéramos así, su sonrisa, lo que me hacía sentir entre sus brazos y, como un rayo, desapareció.
Las lágrimas acudieron a mis ojos y la rabia me comía por dentro.
Pensaba que ya no tendría que volver a encontrarme con Jon.
Al fin y al cabo, él decidió por los dos.
Todo quedaría como un sueño del que un día desperté y tuve que empezar a trabajar para olvidarlo.
Mi cabeza iba a toda velocidad. Menos mal que tendría a Lorena y a Víctor conmigo. ¿Qué podía salir mal?