Me lo dice tu mirada Capítulo 3
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Capítulo 3

La reunión terminó. Admito que no había prestado demasiada atención a lo que Jon decía.

Me encontraba en un estado de shock absoluto, y con la mirada fija en mis papeles y en mi agenda, sin poder, ni querer levantar la vista.

Cogí el móvil en varias ocasiones con la intención de escribir a Lorena y decirle que, por favor, me llamara para tener la excusa de salir de la sala lo antes posible.

Deseché la idea porque entonces tendría que explicarle el motivo por el que necesitaba esa vía de escape y no me apeteció mucho. Tenía los nervios a flor de piel.

Mientras empezaba a recoger mis cosas, vi que Arantxa se acercaba a mí con Luis y Jon a su lado. Me empezaron los sudores por lo alterada que me encontraba y me sentí como un animal enjaulado sin escapatoria alguna.

—Mara, te presento a Luis y a su sobrino Jon. Ella es Mara, una de las mejores fotógrafas que tenemos. Os garantizo que quedaréis muy contentos con su trabajo. Junto a ella acudirá también su compañero Víctor, quien no ha podido asistir por encontrarse en la recta final de un encargo.

—Estoy encantado de contar con tu objetivo. He visto varios de tus trabajos y realmente tienes muy buen ojo y muy buen gusto —me dijo Luis mientras me estrechaba la mano.

—Es un placer. Sin duda, las mejores fotos salen cuando encuentras el momento y el sitio indicado para enfocar bien aquello que tienes delante y disparar. Muchas veces te llevas una sorpresa con el resultado —les dije mientras miraba de reojo a Jon.

Luis y Arantxa me sonrieron y se fueron hablando de sus cosas. Y ahí estábamos, uno frente al otro. Para cuando quise darme cuenta, no quedaba nadie más en la sala de reuniones. Solo él y yo. «Maravilloso», pensé y di media vuelta para terminar de recoger mis cosas.

De repente, oí que se cerraba la puerta tras de mí. Un alivio recorrió mi cuerpo al pensar que Jon había tenido el detalle de irse y no alargar más mi malestar. Me dejé caer sobre la silla para destensarme y solté un largo suspiro para recuperar el aire que necesitaba. Poco me duró el momento.

—Hola, Mara. ¡Cuánto tiempo! ¿Qué tal estás? Te veo muy bien.

—¿En serio? ¿Eso es todo lo que se te ocurre decirme? —Aquello tenía que ser un mal sueño del que tendría que despertar enseguida. Pero desgraciadamente, no lo era—. Pues sí, como puedes ver, estoy perfectamente, igual que la última vez que nos vimos. Gracias.

—Sé que no es una situación fácil la que se nos presenta.

De verdad que siento mucho si esto pueda causarte algún malestar.

Le insistí a mi tío para que pusiera a otra persona encargada del proyecto.

Pero no funcionó. Quiere que esté al frente de todo esto y cree que me vendrá muy bien pasar por todo el proceso del reportaje para cuando…

Me levanté con una mano estirada frente a su rostro indicando que cerrara el pico y suspiré de frustración. Jon dio unos pasos en mi dirección y yo le hice un gesto con el brazo para que retrocediera.

—Que corra el aire. Por si no te has dado cuenta, no dispones de la confianza necesaria para acercarte demasiado.

Suele pasar cuando desapareces de la vida de las personas.

Ahora encima me toca estar cerca de ti durante varios días.

Algo que me tiene totalmente obnubilada.

—No pude evitar levantar el tono de voz en esa última frase y acompañarla de una fingida sonrisa—.

Era ironía esto último por si no te habías dado cuenta.

Para que no te hagas ilusiones y esas cosas —dije exasperada.

Me entró la risa mientras recogía todas mis pertenencias enérgicamente. No sabía si catalogarla como risa nerviosa, risa fingida o cansada. Todavía no me creía que tuviera que pasar tanto tiempo a su lado y encima, para colmo, sería algo así como mi jefe.

—Por lo menos te ríes. Mejor reír que llorar, ¿no?

Nos quedamos mirándonos durante un tiempo y no pude reaccionar. Vi en su mirada que estaba arrepentido. Pero, ¿de qué estaba arrepentido?, ¿de estar ahí?, ¿de lo que pasó?, ¿de lo que me hizo? No conseguía descifrar las respuestas a mis preguntas.

—Tu mirada me dice que estás arrepentido. ¿Puedo saber el motivo? Espera, espera. Se me ocurren varias opciones: ¿Por engañarme?, ¿por tener que pasar todo este proceso conmigo?, ¿por no encontrar una escapatoria fácil?, ¿por todo lo anterior a la vez?, ¡ilumíname!

Por si no os lo había dicho, a veces, sufro de incontinencia verbal.

Jon respondió con una media sonrisa a mi pregunta y también un pequeño suspiro. ¿Acaso se pensaba que podía tratarme como a una niña pequeña?

—Sabes que siempre me ha gustado tu desparpajo, tus salidas de tiesto y tu carácter. Era lo que más me atraía de ti. Eras capaz de pegarme un corte sin darte cuenta y dejarme noqueado. Veo que después de todo, no has perdido tu esencia y eso me gusta.

Lo volvió a hacer, intentar engatusarme como lo hacía antes.

—Perdona, ¿estás de broma? ¿Acaso crees que estoy dispuesta a soportar esa labia que solías usar para salirte con la tuya? Ni lo intentes, porque desde ya te digo que no te va a funcionar. Estoy inmunizada a tus encantos y artimañas.

—Siento oír eso. No cesaré en mi empeño de que podamos llegar a tener un trato cordial. Han pasado tres años, y creo que en algún momento podremos hablar de aquello y aclarar ciertas cosas que se quedaron sin resolver.

Se había acercado más de lo que yo estaba dispuesta a permitirle y me rozó el brazo mientras me sonreía.

—¿Cómo has dicho? Si mi memoria no me falla, ¡esas ciertas cosas que se quedaron sin resolver, fueron por tu culpa!

¿Cómo puedes tener tanta cara de decirme que se quedaron sin resolver?

Decidiste largarte cuando mejor estábamos.

Y no solo eso, encima tuve que soportar un ghosting importante por tu parte.

—Todo tiene un porqué. Me encantaría poder explicártelo en algún momento.

—Me importa una mierda la razón de tu huida.

Porque para mí fue así. Me abandonaste y te largaste sin mirar atrás.

A diferencia de ti, yo no tiendo a escapar y tampoco huyo de mis responsabilidades.

Voy a encargarme de las fotos y lo voy a hacer lo mejor que sé.

Agradecería que me dieras cierto espacio.

No debería resultarte muy difícil porque es justo lo que hiciste hace tres años.

¿Lo recuerdas? —Aproveché para apartarlo un poco—.

También te pediría que intentaras no rebasar el límite de tus quehaceres mientras trabajo.

Para que me entiendas mejor, no quiero tener a una mosca cojonera dando por culo detrás de mí —dicho esto, salí por la puerta de la sala de reuniones con la cabeza bien alta mientras pensaba que era una bocazas y que ya no tenía escapatoria.

Llegué a mi despacho y me senté derrotada en mi silla.

En un principio quería hacerle ver que su presencia no tenía ningún impacto en mí.

Pero, me di cuenta de que probablemente había reflejado justamente lo contrario, por cómo me había puesto.

Me tapé la cara con ambas manos y empecé a moverme adelante y atrás mientras respiraba hondo.

Este trabajo iba a resultarme muy difícil de sobrellevar.

Años atrás, me perdía en esa mirada que me dedicaba con esos ojazos verdes.

Me encantaba despeinar su pelo moreno para darle un punto más desenfadado.

En ese momento, estaba dolida, sentía rabia, pero no podía negar lo evidente: Jon seguía siendo ese chico guapo del que me enamoré y que un día me abandonó.

Estaba agobiada y necesitaba salir de la redacción. Fui en busca del único que conseguiría distraerme y quitarme un poco esa presión que sentía en el pecho. Localicé a Víctor y lo invité a comer al restaurante frente al edificio de la redacción.