Me lo dice tu mirada Capítulo 2
3%

Capítulo 2

Ese mismo día unas horas antes:

—Mara, recuerda que en una hora vienen unos clientes. Ha habido algún cambio de última hora. Os lo cuento todo ahora en la sala de reuniones —me recordó Arantxa, mi jefa.

—Sí, claro, no hay problema. Ahora mismo dejo esta carpeta en mi despacho y me encamino hacia allí. Víctor me acaba de llamar y me ha dicho que no llegará a tiempo. Anda liado con los de las joyas.

Cuando a primera hora de la mañana me habían informado de dicha reunión, una sensación extraña se apoderó de mí.

Normalmente, siempre procuramos ir a las reuniones Víctor y yo como parte del departamento de imagen y fotografía, pero mi compañero ya me adelantó que le esperaba un día muy largo, pues no conseguía entenderse con el representante de las joyas.

Aunque procuré mediar un poco por la mañana e intentar acercar posturas entre los dos, me di por vencida porque se habían juntado el hambre con las ganas de comer.

Víctor es muy perfeccionista y no le gusta que se inmiscuyan mientras está concentrado y, el chico de las joyas, en palabras de mi compañero, es un sabelotodo y un tiquis miquis.

Cogí todo lo que necesitaba y me dirigí a la sala de reuniones.

Por el camino me encontré con Alicia, la redactora encargada del artículo.

Venía con una sonrisa de oreja a oreja y me estaba dedicando una mirada llena de ilusión y alegría.

La miré y la animé con la mano para que me contara el motivo de esa felicidad.

—Con esa cara que traes, cualquiera pensaría que has tenido una noche muy movidita y placentera —dije dándole un toque en el brazo para que se arrancase y hablase.

—Ya sabes lo que dicen, la primavera la sangre altera. Además, ayer teníamos algo que celebrar.

—¿Algo que celebrar? —Ya me estaba haciendo ilusiones de que en breve sería tía postiza.

—Solo lo sabe Arantxa y porque es la jefa, pero en dos meses me iré.

A mi marido lo han ascendido y nos vamos a vivir a Barcelona.

Estoy muy emocionada con la idea de vivir allí.

Además, ante la posibilidad de que esto ocurriera, habíamos mirado algunas casas y ya le hemos echado un ojo a una casita cerca de un pequeño parque donde poder dar paseos y ver las ardillas que andan revoloteando por los árboles —dijo casi con lágrimas en los ojos de la emoción.

Vivir en Barcelona no era precisamente su sueño.

Siempre hablaba de formar una familia aquí en San Sebastián y llevar a los niños bien pequeños a la playa de La Concha.

Por lo menos, se mudaba a otra ciudad con playa.

—¡Madre mía, pero si ya casi tienes hasta la casa! ¡Que callado te lo tenías, pillina! Me alegro mucho por vosotros. Ya tengo excusa para ir a Barcelona. —Me abrazó encantada.

—Se supone que yo me encargaba del artículo de la cadena hotelera. Pero justo esa semana tengo que acompañar a mi marido para que se instale. Volveré para terminar todos los proyectos pendientes y, en unos dos meses, me iré definitivamente allí.

—Pero, entonces, ¿quién va a venir con nosotros?

—Le he sugerido a Arantxa que se lo asigne a Lorena. Seguro que hará un muy buen trabajo y así también podréis ir juntas a hacer fiestas de pijama de las vuestras durante la estancia en el hotel.

¿Había oído bien?, ¿estancia en el hotel?

Yo pensaba que sería un proyecto de cosa de un día o dos.

Pero por la manera en la que lo había dicho mientras entrábamos ya en la sala, me estaba dando cuenta de que me faltaba bastante información.

Enseguida caí en la cuenta de lo que me había adelantado Arantxa antes de salir de mi despacho.

Por otro lado, me parecía genial la idea de que Lorena y yo trabajásemos juntas.

Siempre hacíamos buen equipo por la relación y confianza que teníamos.

Antes de que llegasen los clientes, a nuestra jefa siempre le gustaba repasar el plan de acción y hacer un poco de brainstorming para proponer ideas que pudieran surgir. Toda idea, por muy loca y disparatada que fuera, era bien recibida.

—Bien, llegarán de un momento a otro. Por eso aprovecho para anunciaros que nuestra querida Alicia nos deja en unos meses.

Gracias por todo el trabajo que has hecho, por tu entrega, y ya sabes que aquí siempre tendrás una familia esperándote con los brazos abiertos.

Si en algún momento regresas, estaremos encantados de que vuelvas a ocupar tu mesa.

Podemos empezar a preparar la fiesta de despedida, porque no te vas a librar de ella.

—Gracias a todos vosotros. Como bien ha dicho Arantxa, sois parte de mi familia y os llevaré siempre conmigo, allá donde mi trasero aterrice.

—Todos nos echamos a reír—. Como imaginaréis la mayoría, no puedo encargarme de este artículo, así que, le pedí a Arantxa que se lo reasignara a Lorena.

Conociéndola como la conocemos todos, va a disfrutar como una enana.

Cogeré notas en la reunión y luego se las pasaré a ella.

Pero, por favor, que nadie le diga nada hasta que lo tenga todo bien preparado y atado —todos asentimos.

—Bueno, os informo de los últimos cambios —tomó de nuevo la palabra la jefa—.

Los clientes nos han informado de que las personas encargadas del artículo estarán invitadas a alojarse en el nuevo hotel que acaban de adquirir en Menorca, el tiempo que sea necesario para hacer un buen trabajo.

Hemos calculado que, en cosa de una semana, lo podríamos tener casi todo, a falta de pulirlo a vuestra llegada —nos comunicó mientras yo iba anotando en mi libreta.

Sí soy de las que siguen usando papel y boli, no me juzgues.

Estaba totalmente sorprendida con lo que estaba escuchando.

¿Una semana alojada en Menorca?, ¿en serio?

¡Era como unas vacaciones! Ya me estaba imaginando la cara de Lorena cuando se enterase.

Con razón, Alicia no quería que nadie se fuera de la lengua.

¡No habría quién la aguantase! Espera, sí que había, y esa persona iba a ser yo.

Vaya por delante que adoro a Lorena, pero siempre se pone muy intensa cuando le tocan proyectos de esta índole, y hoy en día sigue igual.

—No os vayáis a pensar ahora que vais a estar de vacaciones —advirtió—.

Os tendréis que alojar allí para ver todos los entresijos de los que disponen, los servicios, el personal y claro está que, además de disfrutar de la estancia, tendréis que trabajar duro para que todo salga como se espera —nos aclaró Arantxa viendo la cara de gozo que tenía.

Analicé rápidamente el dosier que tenía delante y me di cuenta de que había bastante trabajo con todo lo que se nos venía encima.

Esto requería de un buen estudio de secciones y escenarios que los clientes quisieran reflejar.

Tendría que hacerme un esquema y preguntarles por los puntos más llamativos y especiales del hotel.

Teniendo en cuenta que el escenario en el que se ubicaba ayudaba bastante, teníamos que captar bien la esencia que queríamos transmitir para que el lector quedase maravillado.

Mientras iba anotando todo antes de que se me olvidara, no me di cuenta de que los clientes ya habían llegado y estaban tomando asiento a nuestra izquierda.

Levanté la vista y, junto a nuestra jefa, se encontraba un hombre de unos cincuenta años, alto, con buen porte y sonrisa encantadora.

—Os presento a Luis. Es el dueño de la cadena hotelera y responsable de que todo salga según lo acordado. Luis, este es mi equipo y, a partir de ahora, será también el tuyo.

—Muchas gracias, Arantxa. Estoy encantado de estar aquí y estoy seguro de que juntos vamos a conseguir muy buenos resultados.

Espero que no hayamos causado mucha molestia con el cambio de última hora.

Nos ha parecido que sería la mejor de las maneras para que conocierais en profundidad nuestra empresa desde dentro, hasta lo que se ve desde fuera.

—Mientras Luis hablaba, yo seguía tomando más apuntes gracias a los folletos que nos estaban repartiendo—.

Todos los gastos correrán a cargo de mi empresa.

Por favor, no dudéis en pedir lo que necesitéis en cada momento.

No queremos un artículo superficial y adornado.

Queremos llegar a vosotros para que, a su vez, los lectores lleguen a nosotros gracias a vuestro trabajo.

Mientras lo veía hablar, había algunos gestos en él que me resultaban familiares.

Luis me pareció un hombre cercano y muy agradable.

No se me pasaron por alto las miradas que se traía con mi jefa.

Ella siempre había tenido buen ojo para los hombres, aunque decía que ninguno había conseguido impresionarla.

Mientras Arantxa y Luis hablaban entre ellos en voz baja, Alicia y yo poníamos en común los apuntes que habíamos anotado, además de las nuevas ideas que se nos iban ocurriendo.

Por lo que al trabajo de imagen respectaba, íbamos a tener que sacar millones de fotos por todos los rincones, puesto que nos íbamos a alojar en un cinco estrellas con muchos servicios y abundantes actividades.

La idea me gustaba porque podría moverme un poco a mi aire.

Lo que me desagradaba era tener a alguien detrás observando cada movimiento y disparo que hacía con mi cámara.

Tenía mucha suerte de que Víctor y yo formásemos un buen tándem, y nos acoplábamos tan bien como nos repartíamos las tareas.

Luis volvió a llamar nuestra atención.

—A partir de este momento, cualquier reunión o consulta que queráis realizar para los distintos aspectos, tomas de decisiones, cambios o propuestas, lo haréis con Jon.

Él es mi sobrino y persona de confianza que estará a cargo y al tanto de todo.

Os acompañará en vuestra estancia y estará presente en todas las reuniones.

Como tantas otras veces me pasaba, un escalofrío me recorrió el cuerpo entero al oír ese nombre y no pude evitar reaccionar ante su sola mención. «Relájate Mara, es un nombre muy común».

Luis se sentó al lado de mi jefa y vi de reojo cómo un chico, que estaba a un par de asientos a mi izquierda de distancia, se ataba la americana y se disponía a levantarse para ponerse frente a todos nosotros.

Me quedé mirando la espalda del joven, se notaba que le gustaba cuidarse porque la americana parecía hecha a medida, le quedaba como una segunda piel.

Iba a comentarle algo en voz baja a Alicia mientras este terminaba de ponerse al frente, cuando de repente me fijé y lo vi.

«Pues sí, es él. Maldita mi mala suerte».

Fue entonces cuando él alzó la vista y me miró.

No me quitó ojo en lo que a mí me pareció una eternidad.

Me quedé a medio camino del oído de mi compañera y no pude mover ni un músculo ni articular ninguna palabra.

¡No podía ser! ¡No me podía estar pasando esto a mí!

¿Qué hacía él allí?, ¿por qué?, ¿había dicho Luis que era su sobrino?

Sabía que su familia era dueña de una cadena hotelera.

¡De la jodida cadena hotelera para la que tendría que trabajar los próximos meses!

¿Jon? No, no, no, no y no. ¿Iba a pasar mi estancia con Jon?

De eso ni hablar. No tenía intención de pasar ni uno, ni dos ni cinco minutos junto a él.

—Buenos días, como bien os ha dicho mi tío, yo seré la persona que os acompañará en este proyecto. Os vamos a facilitar mi e-mail y mi número de contacto. Para cualquier cosa que necesitéis, no dudéis en pedírmelo.

Esa última frase la dijo mirándome a los ojos. Pues iba listo si pensaba que yo iba a necesitar nada de él. No lo quería ver, no lo quería tener a mi lado, no quería saber nada de él y, para colmo, ¿teníamos que trabajar codo con codo? «¿Dónde estaba la cámara oculta?», pensé.