¿Me besas o te lo pido por mi cumpleaños? Capítulo 31
91%

Capítulo 31

Llevé a Vitto a mi casa, y se quedó prendado de ella. Lo primero que le enseñé fue el jardín, con el porche trasero y la barbacoa.

—Esto es una maravilla, Lola.

—¿Verdad que sí?

—Ya te veo sentada aquí, mientras la niña juega en el jardín…

—Sí, aunque tengo que poner seguridad en la piscina, que no quiero que la niña se caiga y llevarme un susto.

—Me parece una idea fantástica, pero lo que sí debes hacer es apuntarla a natación en cuanto cumpla los tres meses, que es cuando está permitido, y que aprenda a nadar.

—Pobrecita, todavía no ha nacido y ya le estamos organizando la agenda.

Soltamos una carcajada y regresamos al interior, donde le enseñé el resto de la casa.

—Como puedes comprobar, hay sitio de sobra para que vengáis aquí cuando queráis, así que queda descartado el tema del hotel.

—¿Cuál va a ser el dormitorio de la niña? ¿Has comprado ya todo lo que le hace falta?

No me dio tiempo a contestar cuando llamaron al timbre. Miré el reloj y vi que estaba cerca la hora a la que había quedado con mis amigos, así que supuse que sería alguno de ellos.

—¿Vas a abrir tú?

—¿Yo?

—Sí, es una sorpresa que les quiero dar a todos, que están deseosos de conocerte.

—Venga, vale, yo abro.

Vitto salió de la casa para abrir el portón delantero, antes de abrir la puerta principal. Pero la sorpresa no se la llevó quien estaba detrás de la puerta, sino yo.

Era Enzo quien estaba allí, quien no sabía si salir corriendo o pedir permiso para entrar, por eso salí de la cocina y lo enfrenté directamente.

—¿Qué estás haciendo aquí, Enzo?

—Buenos días a los dos… Lola, ¿podemos hablar?

—¿Ahora sí? Porque cuando te lo dije esta mañana en la cafetería no quisiste ni escucharme.

—Sé que tienes razón en todo lo que me digas, pero la duda me está matando, Lola.

—Lola, creo que deberíais salir al jardín y hablar con tranquilidad. Si no lo haces por ti, hazlo por tu niña; ella se merece tenerlo todo, que no te ciegue el orgullo —le dijo Vitto.

—Gracias, Vitto. Creo que te he juzgado mal, aun sin conocerte. Bueno, en realidad, os he juzgado mal a los dos.

—Está bien, vamos, pero no te aseguro nada.

Le hice un gesto para que viniera conmigo y me senté en el porche trasero, donde había sombra y no nos moriríamos de calor.

Últimamente, siempre tenía calor, pero era lo normal en el embarazo, o eso me dijo el ginecólogo.

—Aquí me tienes, ¿qué es lo que te está matando por dentro, según tú?

—¿Es mi hija?

—Ya te he dicho que sí, pero la negaste.

—Lo hice porque pensé que estabas con Vitto, que erais pareja y que él era el padre.

—No, Enzo. Vitto es un buen amigo, mi mejor amigo, de hecho, el que me ha sostenido cuando tú me habías abandonado, el que ha limpiado mis lágrimas, unas que has provocado tú con tus actos. No es ni mi novio, ni mi pareja, ni nada de lo que te puedas imaginar.

—Joder, he metido la pata hasta el fondo. Yo te quiero, Lola, estoy enamorado de ti…

—Pero te has casado con otra.

—Ella sabe que no la quiero. No sé si me casé por despecho, cuando vi la foto de la ecografía, por comodidad, porque me sentía bien a su lado, o por qué coño lo hice.

—Por hacerme daño, Enzo, no te mientas a ti mismo.

—Quiero estar presente en la vida de mi hija, y en la tuya. Quiero que seamos esa familia que pensamos construir. No nos niegues la felicidad, Lola.

—Yo no he negado nada, Enzo, lo has hecho tú, casándote con esa mujer.

—La boda no es legal hasta que no presentemos el certificado en el juzgado, y yo no lo he hecho.

—Eso no me vale. Te quiero más que a mi vida, pero ya no estoy yo sola, ahora también está mi hija, y ella se merece una familia como es debido, y eso no implica que tengamos que estar juntos.

—A la niña no le va a faltar mi cariño, eso te lo puedo jurar.

—Eso espero, porque ella no ha pedido venir al mundo. Arregla las cosas con tu mujer y, cuando haya salido de tu casa y de tu vida, entonces volvemos a hablar.

—¿Me vas a dejar que ejerza de padre?

—Por supuesto, ya te he dicho que una cosa no quita la otra.

—Te quiero, Lola, y te voy a demostrar que es cierto. Perdóname por todo el daño que te he causado. Los celos me hicieron actuar de la peor manera.

Me dejó un breve beso en los labios; le salió de dentro, aunque me supo a poco, no voy a mentir.

Lo bueno que me llevé fue que, por fin, había abierto los ojos, había descubierto que lo que yo le había dicho era cierto, con pruebas, porque me levanté y le mostré toda la documentación sobre el embarazo.

Pudo comprobar que el momento de la concepción fue el mismo día en el que se marchó de mi casa dando un portazo y sin decir adiós, y se llevó las manos a la cabeza.

Cuando salió de mi casa, allí estaban todos, que me arroparon en sus brazos y que no me preguntaron absolutamente nada.

Pasamos una tarde de lo más agradable. Vitto se integró en nuestro grupo a la perfección, e hizo una videollamada a su chica, Emma, que no dudó en hablar con nosotros como si nos conociera de toda la vida.

—¿Has solucionado algo con Enzo? —me preguntó Pablo en cuanto nos quedamos a solas.

—Bueno, algo hemos sacado en claro, tanto él como yo.

—Espero que eso le sirva para darle la patada a esa mujer, que tan solo le está haciendo mal en su vida, nada bueno.

—No seré yo la que le diga nada de eso. Mi única misión es que esté al lado de su hija; el resto es asunto suyo.

—Sí, pero no me vayas a decir que esa boda no te ha dolido.

—Sí que me ha dolido, pero, como te he dicho antes, eso no es competencia mía, eso lo tiene que solucionar él.

Al final, entre todos, desalojaron la habitación que sería la de mi niña, me ayudaron a quitar el papel pintado y, mientras algunos hacían esto, otros fueron a por la pintura.

Ingrid fue la encargada de elegir tanto la pintura como el papel pintado que iría en esa habitación, y no pudo tener mejor gusto.

En una de las paredes pusimos el papel pintado, que era de rayas grandes en rosa pastel y blanco, mientras que las otras dos las pintaron, una en blanco y la otra en el mismo tono rosa del papel.

La cuarta pared no hizo falta pintarla, porque tenía un armario empotrado. Para eso también tenían algo pensado, porque era de color marrón oscuro, y ellos se encargaron de lijarlo entero y de pintar una puerta en blanco y otra en rosa pastel, y así alternativamente.

—Ea, pues ya está la habitación lista para que traigan los muebles —dijo Sergio.

—Me encanta, ya me estoy imaginando su cómoda cambiadora ahí, en esa pared, y su pequeña camita en esa otra…

—Va a quedar de cine, cariño. Esta princesa no se merece menos.

Me abracé a ellos, emocionada. Sí, me faltaban mis padres, en especial mi madre. Me faltaba mi familia de sangre, pero estaba rodeada de la elegida, esa que estaría ahí, pasara lo que pasara.

No sé qué hubiera sido de mí si aquel día no hubiera enviado el currículo a esa oferta de trabajo.

Sí, podéis pensar que también me trajo los peores momentos de mi vida, el secuestro, la pérdida de mi hijo, pero también me había dado a unas personas que estaban ahí, incondicionalmente, y eso superaba cualquier cosa mala que me hubiera ocurrido.

Cuando todos se marcharon y me quedé a solas con Vitto, nos sentamos en el sofá y le conté lo que había hablado con Enzo.

—Amiga, ese hombre se moría de celos, y eso ha sido lo que lo ha llevado a actuar de esa manera.

—Lo sé, pero no puedo evitar tener miedo, no quiero pensar en que lo pueda volver a hacer.

—Háblalo con él, dile que, ante cualquier duda o cosa que lo haga sentirse mal, hable contigo, que te lo diga. La comunicación es lo más importante en una pareja, y te lo digo por experiencia.

—Por supuesto que estoy de acuerdo contigo, pero no depende de mí. El miedo siempre va a estar ahí. Pero bueno, todo se verá. Ahora me toca disfrutar de mi embarazo.

—¿Cuándo tienes la próxima visita?

—El miércoles, y espero que todo siga bien, o me va a dar algo.

—Tranquila, tan solo hay que verte para saber que eso es así.