Capítulo nueve #3
No recordaba haberme movido, no tenía conciencia de haberme levantado de la mesa ni de haber caminado hasta la pista de baile.
Mi campo de visión se estrechó hasta convertirse en un túnel.
Troy y Lexi estaban en el centro de mi punto de mira.
El gruñido atrapado en mi garganta me retumbó en el pecho.
—¿Troy? —me planté delante de mi hermano y lo fulminé con la mirada—. ¿Qué coño crees que estás haciendo?
—Estamos bailando —dijo Troy, aunque tuvo la sensatez de soltar a Lexi, que se volvió hacia mí con los ojos como platos—. ¿Tienes algún problema con eso?
—Pues sí —me clavé las uñas en las palmas y luché por contener la frustración.
Troy me miró como si fuera imbécil.
—Quería aprender el two-step.
—Claro, el two-step —me burlé—. Y déjame adivinar. Tú eras el gilipollas dispuesto a enseñarle.
—Nos estábamos divirtiendo —dijo Troy con una paciencia que solo me irritó más—. ¿Te acuerdas de lo que es pasarlo bien? Tú y yo solíamos hacerlo juntos. Antes sabías divertirte. Eras genial.
—No vas a divertirte con mi mujer —escupí, bastante sorprendido por la frialdad de mis propias palabras—. ¿No lo entiendes? Es mía.
El jadeo de Lexi debió de agotar todo el oxígeno de la sala. O quizás fue la terrible mueca que se apoderó de su rostro lo que mantuvo mis pulmones vacíos incluso mientras intentaba aspirar un aire que no estaba allí.
Su expresión hizo que el estómago me diera un vuelco. Supe que la había cagado en el momento en que plantó los puños en las caderas y clavó su mirada furiosa exclusivamente en mí.
—Maximus Battleson, te has pasado tanto de la raya que me dan ganas de darte una bofetada para que entres en razón —siseó—. No soy una cosa que puedas reclamar como tuya. Y para que quede claro, no soy alguien a quien puedas querer y luego tirar según tus cambios de humor y tus caprichos absurdos.
No me dejó meter baza; prefirió incinerarme con su mirada fulminante.
—Así que bájate de tu pedestal y deja en paz a Troy —dijo—. Él no hizo nada malo. Tú eres el que anda por ahí con el culo torcido. Y para que lo sepas, yo puedo bailar con quien me dé la maldita gana.
Giró sobre sus talones y, abriéndose paso entre la multitud con su cuerpo esbelto, se largó de la pista de baile sin mirar atrás.
Oh, mierda.
¿Qué había hecho?
Mi visión empezó a ampliarse. Fui consciente de Jax y Kass flanqueando a Troy, observándome de cerca; de Emme de pie a mi lado con el ceño fruncido de preocupación, y de Trev plantado al otro lado, también mirándome con inquietud.
La música había cesado. La multitud se arremolinaba a nuestro alrededor, mirando.
Troy permanecía tranquilo, pero también mantenía su posición, clavándome una mirada seria.
Todas las miradas estaban puestas en mí, sin duda preguntándose qué iba a hacer a continuación Mad Max, el hermano Battleson tarado.
La había cagado. Otra vez. La frustración se había apoderado de mí. Me había dejado llevar por un berrinche sin pensar en los sentimientos de Lexi ni medir mis palabras.
Había actuado como un completo gilipollas.
Por si todo eso no fuera suficientemente malo, había estado a punto de pelearme con mi propio hermano. Llevaba un tiempo en una espiral descendente, pero ¿esto?
Esto era tocar el puto fondo.
—Lo siento, tíos —murmuré—. No sé qué coño me pasó.
—Eh —gritó Jax a la banda—. ¿Qué coño pasa con la música en este antro?
La banda contó tres tiempos y volvió a tocar. Jax agarró a Emme y se pusieron a bailar, haciendo el payaso, quitándome la presión de encima como si no hubiera pasado nada.
Otras parejas en la pista también empezaron a bailar. Kass y Trev se retiraron al reservado, dejándonos solos a Troy y a mí en medio de la multitud.
Troy me puso la manaza sobre el hombro, se inclinó hacia mi oído y gritó por encima de la música.
—Sé lo que te pasó. Estabas celoso. Y eso me dice muchísimo.
El rostro de Troy se iluminó con una de sus raras sonrisas genuinas.
—Hazme un maldito favor, Raider. Deja de castigarte y ve a por esa mujer increíble. Pero antes de irte, echa un vistazo y cuenta a los imbéciles que ahora te miran con mala cara.
Eché un vistazo alrededor, muy consciente de las miradas hostiles clavadas en mí.
—Sí, ¿y?
—Antes de que Lexi se fuera, todos esos salidos esperanzados estaban rondándola con estrellas en los ojos.
¿Esperanzados? Mierda.
Todos los malditos machotes del local se habían comido con los ojos a mi mujer, probablemente esperando una oportunidad desde el momento en que ella entró en Rocky's.
—Estaban revoloteando como moscas —dijo Troy—.
Y no me refiero a que quisieran su autógrafo o una selfie con ella.
Vieron un culo de escándalo paseándose por ahí y querían meterse en sus bragas.
Estaba claro. Mejor yo, cubriéndote las espaldas, que cualquiera de esos perdedores intentando levantarle la falda.
Jesucristo. ¿Qué coño le pasaba a mi cerebro?
—Lo siento, tío.
Me dio una palmada fuerte en el bíceps.
—Ve.
Por primera vez en mucho tiempo, seguí el consejo de Rogue. Salí disparado de Rocky's con un solo objetivo en mente: Lexi.