Matteo (El Imperio del Mafioso 1) Capítulo 17 #4
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Capítulo 17 #4

Dejé escapar una risa nasal al ver que Leonardo arqueaba una ceja ante mi comentario y añadí—: Al menos, conmigo.

—Ahora sí. Me alegra saber que te sientes mejor aquí. Al final, tu matrimonio no ha sido el fin del mundo que imaginabas. Parece que tu madre ha hecho al menos una cosa bien en su vida.

Levanté los ojos hacia el cielo azul añil y permanecí contemplándolo mientras reflexionaba sobre sus palabras.

Quizá tuviera razón. Todavía me sentía muy confundida por todo lo que estaba sucediendo entre nosotros.

La noche anterior y las horas que habíamos pasado conversando habían sido realmente agradables, pero no sabía si ya podía afirmar que confiaba en él. Tampoco sabía qué haría con el plan que mi madre creía que yo ya había puesto en marcha y que, hasta aquel momento, no había sido capaz de iniciar.

No conseguía ser tan fría. Todos me trataban tan bien que por fin había descubierto qué se sentía al formar parte de una familia. ¿Y tendría que apuñalarlos por la espalda? No parecía correcto.

Además, Genie continuaba allí, bajo el cuidado de quienes me habían maltratado.

Sabía que no sufría lo mismo que yo gracias a los guardaespaldas que la mantenían a salvo, pero ignoraba cuánto tiempo conseguiría mantenerlos allí.

No dudaba de que Federico encontraría alguna manera de librarse de ellos si sospechaba que yo no estaba cumpliendo con mi parte.

—Quizá sí haya hecho algo bien —respondí, sin estar segura de mis propias palabras.

Sabía que mi madre nunca había tenido buenas intenciones conmigo. Solo pretendía enriquecerse a través de mí, nada más.

—Esta tarde pasaré por allí para ver a Genie. Después te enviaré un mensaje para contarte cómo le ha ido durante el entrenamiento.

Una sonrisa sincera apareció en mi rostro y me sentí aliviada al oírlo. Al menos, también estaba preparando a mi hermana para cualquier problema que pudiera tener con la mierda de nuestro padrastro.

Escuché unos pasos que se acercaban y levanté la cabeza, apoyándome sobre un antebrazo. Allí estaba nada menos que mi atractivo marido.

Aquellos ojos que ya conocía tan bien recorrieron mi cuerpo sudoroso y advertí cómo tragaba saliva. No llevaba nada indecente, aunque me había puesto ropa ajustada para poder moverme con facilidad durante el entrenamiento.

—¿Ya te has cansado, principessa? —me provocó con aquella sonrisa de canalla que cada vez me gustaba más.

Observé cómo la camiseta negra se ceñía a sus músculos y dejaba al descubierto los tatuajes de sus brazos. Tuve que contenerme para no dejar escapar un gemido de frustración.

—El entrenamiento ya ha terminado. —Me encogí de hombros mientras me sentaba y apoyaba los brazos sobre las rodillas. Mi primo se levantó y se limpió las manos en la ropa antes de saludarlo.

—¿Cómo está, señor?

Se estrecharon la mano y, para mi sorpresa, Matteo lo trató mejor que el día de la boda.

Entonces se había mostrado más frío, quizá porque nuestro enfrentamiento aún era reciente y Leonardo había sido el motivo de la discusión.

Sin embargo, tal vez ya hubiera comprendido que entre mi primo y yo no había nada aparte de amistad.

Me levanté de mala gana y bebí un sorbo de agua mientras prestaba atención a su conversación.

—Con algunos problemas, pero nada que no pueda resolver.

Leonardo asintió y un escalofrío me recorrió el cuerpo ante la simple posibilidad de que aquellos problemas estuvieran relacionados con algo que Federico tramaba en su contra.

—Si necesita mi ayuda para cualquier cosa, estaré encantado de ayudarlo.

Tragué saliva. No quería que Leonardo empezara a involucrarse en aquello que mi madre y su marido estaban tramando contra la famiglia. Él no sabía nada de lo que estaban haciendo y eso podía causarle muchos problemas e incluso hacer que acabara herido.

—En realidad, quería hablar contigo. Tengo una propuesta que hacerte. —Mi mirada se encontró con la de Matteo y presté todavía más atención, intrigada por lo que tenía en mente para mi primo—. ¿Podemos hablar ahora?

—Claro. —Mi primo se acercó a mí, me dio un beso en la mejilla y me revolvió el cabello como hacía siempre. Puse los ojos en blanco mientras el don parecía reír con la mirada al observar lo que acababa de hacer—. Hasta luego, Chichi. Después te contaré cómo le ha ido a tu hermana.

Asentí, todavía intrigada por aquella conversación.

Matteo se acercó a mí y, para mi completa sorpresa, me dio un beso fugaz en los labios antes de tirar suavemente de mi labio inferior.

Sentí que mi cuerpo se incendiaba con aquel breve contacto.

En cuanto se apartó, me guiñó un ojo y se dirigió hacia la mansión junto a mi primo mientras conversaban.

Me llevé una mano a los labios y, cuando quise darme cuenta, estaba sonriendo como una tonta enamorada. En ese instante advertí que Mattia me observaba con una expresión divertida y adopté un semblante serio de inmediato, maldiciéndome en silencio por dejar que aquel hombre me afectara con tan poco.

Seguía siendo el asesino de mi padre y aquella realidad desaparecía de mis pensamientos con mucha más frecuencia de la que debería.