Matteo (El Imperio del Mafioso 1) Capítulo 7 #3
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Capítulo 7 #3

Hasta que descubriéramos quién estaba detrás de aquellos incidentes, debía actuar con cautela para no poner en peligro mis cargamentos.

En cuanto terminé de hablar con Marco, mis ojos empezaron a buscar a Chiara. Elisa me interceptó, colocándose delante de mí y obligándome a prestarle atención.

—Me debe un baile —exigió con una sonrisa que pretendía doblegarme. Tuve que contener un resoplido, pero le había prometido que bailaríamos antes de que llegara Chiara y debía cumplir mi palabra.

—Claro. Pero hay otra persona antes que tú.

Asintió y me alejé sin más, dejándola atrás mientras me veía dirigirme hacia la mujer que deseaba.

Chiara advirtió que me aproximaba y empezó a retorcerse las manos. Parecía nerviosa. Su madre, al comprender hacia dónde me dirigía, me observó expectante.

Cuando llegué hasta ellas, no perdí el tiempo con rodeos. Quería estar a solas con Chiara y, en medio de aquella fiesta, sería difícil conseguirlo.

—¿Bailas conmigo? —Le ofrecí la mano y mis ojos descendieron hasta sus labios, cuyo interior mordisqueaba nerviosa. Asintió y aceptó mi mano.

La conduje hacia el amplio espacio reservado para el baile, donde ya había algunas parejas. Sonaba una melodía lenta, perfecta para acercar aún más nuestros cuerpos, aunque sabía que debía mantener cierta distancia para no comprometer su reputación.

Cuando apoyé la mano en la zona baja de su espalda, sentí que su cuerpo volvía a contraerse, aunque trató de disimularlo. Su reacción volvió a encender todas mis alarmas.

—¿Estás nerviosa, principessa? —la provoqué, intentando apartar aquella sospecha de mi cabeza.

No tenía por qué ser nada grave.

—¿Por qué iba a estarlo? —replicó mientras me rodeaba el cuello con las manos. Tuve que contenerme para no inclinarme y aspirar directamente de su piel aquel delicioso perfume.

—Tal vez porque estás bailando así de pegada a tu capo delante de cientos de personas. Sabes que soy irresistible, ¿verdad?

—Y un poco engreído también.

Una media sonrisa volvió a aparecer en mis labios ante su sinceridad, consciente de que solo pretendía provocarme.

—Puedes fingir que no te importa, pero sé que lo que sale de tu boca no es verdad —afirmé mientras le apretaba ligeramente la cintura.

Me resultaba imposible resistirme y, además, quería confirmar mis sospechas.

Su cuerpo volvió a tensarse y un gemido contenido escapó de sus labios—. ¿Ha ocurrido algo, principessa?

—¿Qué iba a ocurrir? —Su intento de hacerse la desentendida no me convenció. Cuando noté que su cuerpo se volvía rígido tras mi pregunta, tuve la certeza de que sabía a qué me refería.

—Parece que te duele la espalda. ¿O son imaginaciones mías?

—Se me había olvidado responderte... Estás equivocado. Todo lo que sale de mi boca es la verdad más pura.

Aquel cambio de tema no hizo más que confirmar mis sospechas.

—No cambies de tema, Chiara —dije con un tono algo más severo, aunque no tenía nada que ver con el que utilizaba en mis negocios—. Si alguien te ha hecho daño, puedes contármelo. Acabaré con la vida de quien se haya atrevido a tocarte.

Tragó saliva y tardó unos instantes en responder, algo nada habitual en ella. Cuando logró recuperarse, volvió a hablar.

—Gracias, pero no tienes que preocuparte. Primero, porque no hay nada entre nosotros que justifique que me protejas de esa manera. Y segundo, porque no me ha ocurrido nada. Me caí y me hice daño en la espalda.

Relajé los hombros e intenté creerla, aunque todavía no estaba completamente convencido.

—Espero que estés diciendo la verdad. Pero, en cuanto a protegerte, te equivocas. Protejo a todos los que están bajo mi mando y forman parte de la famiglia. Por tanto, ocurra lo que ocurra entre nosotros, tengo la obligación, como tu don, de protegerte de cualquier cosa que pueda sucederte.

Volvió a perderse en sus pensamientos, aunque no se me escaparon las miradas de reojo que me lanzaba durante el baile.

En cuanto terminó la canción, pensé en continuar con la siguiente para intentar aliviar la tensión que se había instalado entre nosotros después de nuestra última conversación, pero Elisa me interrumpió al aparecer detrás de Chiara sin el menor pudor.

—Creo que ha llegado mi turno, mi don —dijo con voz dulce y una ligera sonrisa en los labios.

Esa mujer no tiene ningún aprecio por su vida si sigue rondándome de esa manera, convencida de que conseguirá algo más gracias a su insistencia.

Estaba a punto de darle una respuesta cortante cuando Chiara separó nuestros cuerpos y miró a Elisa. Parecía molesta por su intromisión, pero no dijo nada para mantenerla alejada.

—Va bene, ya hemos terminado y necesito ir al baño —comentó sin mirarme a los ojos. Se alejó y me dejó con Elisa, quien, antes de que pudiera decir nada, ya me había rodeado los hombros con sus delgados brazos, obligándome a continuar con aquel baile.

Después de bailar con Elisa, me vi obligado a hacerlo con algunas invitadas más para no darle a mi padre motivos para afirmar que no había cumplido mi parte del acuerdo: intentar elegir a la futura dama de la mafia.