CAPÍTULO 4 #2
—Lo encontré... estaba allí, sobre su maleta —balbuceó, extendiéndole el sobre con un gesto errático.
El apretó los labios y miró alrededor, para luego buscar en su bolsillo del que extrajo un pañuelo de papel.
—Oh, no pensé… Lo toqué… Yo lo toqué por la esquina cuando lo giré.
Tonta, tonta. Las huellas…
—Ey, ey —dijo él con un gesto tranquilizador—. Respira, Taylor… No tienes por qué hacer todo perfecto. Deja esto en mis manos. Respira… Eso, eso es.
La voz calma la volvió en sí y asintió. Se había dejado llevar por los nervios.
—Con calma, dime todo de nuevo.
—Lo encontré sobre la maleta en la zona de equipaje.
—¿Viste a alguien?
—Hubo mucha gente esta mañana. El catering, los técnicos de sonido... Hubo gente entrando y saliendo. No puedo recordar las caras, todo se mezcla.
Taylor empezó a hiperventilar otra vez. La dicotomía entre la profesional que resolvía menús y la hermana aterrada que veía cómo el pasado de su familia era desenterrado la estaba quebrando.
Matt dio un paso hacia ella y le tomó la mano. Sus dedos eran rudos, calientes por el sol y la envolvieron con una firmeza que la obligó a anclarse al suelo. Con la otra mano, le apretó el hombro, transmitiéndole una calma que ella no poseía.
—Taylor, mírame —le dijo con una suavidad que desarmaba cualquier defensa—. Respira conmigo. Una vez. Vamos.
Ella lo hizo, inhalando el olor cítrico y amaderado de él, sintiendo cómo el temblor de su mano cedía ante la presión de la suya.
—Lo tienes —dijo él con una sonrisa pequeña y honesta—. Ahora ve a sentarte, toma un café, dedícate un tiempo. Has pasado cuidando de los demás, yo me encargo de esto, te lo prometo. Todo estará bien.
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El sobre en su mano quemaba como si fuera un pedazo de carbón encendido. Matt observó a Taylor alejarse hacia la zona de coordinación; todavía caminaba con los hombros tensos, pero ya no temblaba.
Se miró la palma de la mano sintiendo aún el rastro del contacto con su piel. Ella estaba asustada, y eso le provocaba una reacción protectora que iba mucho más allá de su contrato profesional con la Agencia Pipen.
Sacudió su cabeza y maniobró para abrir el sobre y que cayera el contenido. La imagen de la fotografía lo hizo enarcar las cejas hasta que prestó mayor atención y reconoció a Natasha en los ojos y la boca de la adolescente que lo miraba. La nota era amenazante y era una escalada en toda regla.
Sheila Miller. Ese era el nombre real de Natasha. Quien la acosaba quería dar un mensaje fuerte y claro al aludir al pasado. Esta imagen no debía estar en posesión de la prensa, podría jurarlo.
El rastreo de antecedentes era una práctica habitual en la Agencia Pipen cuando sus servicios eran requeridos. No había aparecido este nombre. De hecho, no había visto nada anterior a los diecinueve años de Natasha Morozova.
Tomó el móvil y llamó a Louie, que lo atendió de inmediato.
—Hola, Matt. ¿Cómo estás? ¿Cómo te lleva el calor?
—Hola, Louie. Estoy bien. Escucha, la cliente recibió un sobre con una fotografía vieja y una mención a su nombre. Nombre real, me refiero. Creo que el acosador intenta decirle algo. ¿Apareció el nombre Sheila Miller en la revisión de antecedentes? No está en el material que me entregaste.
—Mm, no recuerdo. Sí me costó encontrar sobre ella, lo personal.
El sonido de las teclas anunciaba que Louie lo tenía en altavoz y ya estaba trabajando.
—Te voy a pasar la imagen. El nombre en el sobre es Sheila Miller. Tendrá unos quince o dieciséis años y aparece frente a una casa rural.
—Okay, el nombre va a ayudar. Buscaré información que puede darnos pistas.
—Necesitamos registros de vecinos, exnovios, familiares lejanos. Información sobre cualquier incidente que haya ocurrido con ella. Voy a tratar de averiguar más con ella o su hermana. Alguien la ha encontrado, alguien que la conocía cuando no era famosa.
—Así que la amenaza no viene del éxito de Natasha sino de su vida anterior —murmuró Louie.
—Eso parece. ¿Puedes informarle a Scott? Tengo que recorrer la zona, ver si alguien vio algo. Llegó demasiado cerca.
—Vas a necesitar apoyo.
—Veremos. Avísame apenas tengas info.
Colgó y guardó el aparato. A lo lejos, el equipo de mantenimiento trabajaba reforzando la rampa, tal como había demandado. Sus ojos encontraron al director, que lo ignoró. Idiota, farfulló. No sumaba a la causa que cada persona viviera para hacer lo menos posible.
Su mirada buscó a Natasha entre la multitud de técnicos. Estaba rodeada. Maquilladora, la coach que la asesoraba, Derek, el actor, el microfonista. En su elemento, comandando la atención, ajena a la amenaza que se agigantaba y venia del pasado.
Tendría que advertirle y esperar que colaborara no exponiéndose de manera innecesaria. Buena suerte con eso, pensó. Esta mujercita hacia lo que quería.
Hablando de eso… La orden de ir a su encuentro a las seis vino a su cabeza. Era tentador. Podría hablar con calma, explicarle…
¡Ja! Deja eso, Matt, no te engañes. Si vas a su caravana vas a follarla como el calentón que te has vuelto. Lo mejor es que recorras la zona y trabajes. Para eso estás aquí.