Matrimonio por error (Multimillonarios Hawthorne) 27
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Harper

LA HABITACIÓN NO ESTABA tan mal. He dormido en lugares peores: mi destartalado coche, sin ir más lejos.

Esta vez, al menos, no estaba en la calle.

Este lugar, por pequeño y frío que fuera, resultaba cómodo.

Me senté en la cama individual, el único mueble del estudio, y me quité los zapatos.

Dejé escapar un gemido de satisfacción cuando la sangre volvió a circular por mis pies.

Trabajar de camarera era duro después de casi un año en un empleo tan cómodo como el que había tenido.

El trabajo era agotador y el lugar estaba muy concurrido.

Me gustaban los horarios. Me ayudaban a no pensar en él ni en ella. Dios, cómo los echaba de menos a ambos.

Huí de aquel ático entre lágrimas, y aun así estaba pensando en volver y...

¿y hacer qué? ¿Suplicarle que me aceptara de vuelta?

Tuve suerte de que no me hubiera demandado todavía.

O tal vez lo había hecho y aún no me habían notificado.

En cualquier caso, sería estúpido regresar a su casa.

Me echaría de nuevo a la calle sin más. O peor, me haría arrestar.

Moví los dedos de los pies y me giré hacia la caja de comida para llevar que estaba en la cama junto a mí.

La comida grasienta me llamaba, esperando que la devorara.

No tenía ni punto de comparación con lo que Jean preparaba a diario, pero las patatas fritas y el sándwich de pollo con gofre resultaban de lo más satisfactorios después de un día de trabajo duro sin probar bocado.

Mi tiempo en el restaurante, al menos, ocupaba mis pensamientos.

Al menos allí no me perseguía el recuerdo de...

No. No pienses en él. Me levanté, tiré la basura, me puse el camisón y apoyé la cabeza en la almohada.

En cuanto cerré los ojos, apareció en mis sueños, y no pude hacer otra cosa que dejarme abrazar por la idea de lo que podría haber sido. Al menos dormida podía estar con él.

El restaurante estaba más concurrido de lo habitual.

Una de las publicaciones del local en redes sociales se había vuelto viral, y estábamos recibiendo a un montón de entusiastas de la nostalgia de los años cincuenta que disfrutaban de la estética.

En cierto modo lo entendía. Era un lugar bonito y fotogénico, y a juzgar por la cantidad de gente que se hacía fotos, la mayoría pensaba lo mismo.

—¿Van a pedir algo sustancioso o solo vamos a estar sirviéndoles café todo el día? —dijo Mellie, una de las camareras. Puso los ojos en blanco cuando uno de los clientes levantó la mano para llamarla—. Ni siquiera es mi mesa.

Ella estaba especialmente solicitada. Parecía una Joan de Mad Men, y con el uniforme rosa y blanco que todas llevábamos, era una chica pin-up hecha realidad.

—Lamento que tengas que pasar por todo esto —le dije.

—Lo soportaría si estuvieran pidiendo comida. Tal vez entonces las propinas merecerían la pena.

—Uno de ellos me preguntó si ofrecíamos comida de cortesía para influencers. Benny se rio cuando le pregunté si lo hacíamos.

Mellie se rio y luego frunció el ceño cuando el cliente chasqueó los dedos.

—Puedo atenderlo yo si quieres. Decepcionarlo más.

Inclinó la cabeza hacia un lado.

—Gracias, cariño, pero tienes un cliente en la mesa cinco —me dio una palmadita en el hombro y me dejó sola.

El cliente de la mesa cinco era un hombre que me daba la espalda.

Llevaba un abrigo caro que sin duda cubría un traje caro.

No se parecía en nada a los influencers, así que quizá fuera un cliente con hambre de verdad, pero a medida que me acercaba, me resultaba más familiar.

El corazón se me aceleró. No podía ser él, ¿verdad?

Dejé el menú y solté lo de siempre:

—Bienvenido al Restaurante de Benny. ¿Puedo ofrecerle algo?

—Harper.

No era él. Era su hermano, Tyler. Enderecé la espalda. Al menos no tendría que pasar la vergüenza de que Sebastian supiera lo bajo que había caído, pero esto no era mucho mejor. ¿Qué estaba haciendo aquí?

—¿Quiere ver el menú mientras le traigo una bebida? —pregunté.

—Quiero hablar contigo.

Así que me había buscado. ¿Por qué, cuando él era quien nunca me quiso en la vida de su hermano y me delató? Tal vez estaba aquí para rematar la faena. Asegurarse de que nunca volviera a acercarme a su familia.

—Estoy ocupada.

Tyler miró alrededor.

—Ya veo. ¿Podríamos hablar más tarde? ¿Después del trabajo? —Sonaba como si quisiera saber si iba a decir que sí, no como si me lo estuviera exigiendo. No pensaba pasarme el resto del día preguntándome qué quería decirme.

—Si está aquí para amenazarme, debe saber que no he contactado con Chloe ni con Sebastian desde que me fui. Pido perdón por lo que hice y, por favor, solo intento seguir adelante con mi vida.

—Soy yo quien debería disculparse.

Eso me pilló desprevenida.

—Yo... —Miró el menú con la mirada perdida—. ¿Cuándo vas a estar libre? ¿Podemos hablar entonces?

Resoplé.

—Cuando termine mi turno.

Asintió brevemente y se fue. Con una sola aparición y unas pocas palabras, Tyler Hawthorne había logrado tambalear mis frágiles cimientos.

Intenté volver a mi turno sin pensar en nadie con el apellido Hawthorne.

Cuando terminé, que fue a las ocho de la tarde, Tyler estaba esperándome afuera junto a su coche.

—¿Podemos hablar ahora?

Lo ignoré y me dirigí al metro.

—¿Tu esposa sabe dónde estás?

—Lo sabe. Fue ella quien me dijo que hablara contigo.

Eso me hizo detenerme.

—¿Podemos hablar? Por favor. Te llevaré a casa.

—Ya te dije que no voy a molestar ni a ellos ni a nadie de tu familia.

—Lo sé. Lo de disculparme iba en serio —abrió los brazos como para demostrar que era inofensivo—. Lo siento mucho, Harper.

—No creo que seas tú quien deba disculparse.

—Aun así. Metí las narices donde no debía.

Era sincero. Era obvio. Pero lo que no entendía era por qué quería hablar. Mentí e hice el ridículo con personas a las que llegué a querer. Todo había terminado, y lo mejor que podía hacer era esconderme avergonzada. Sin embargo, la honestidad en su voz despertó mi curiosidad.

Me acerqué a él; abrió la puerta del pasajero y entré. Rodeó el coche hasta el lado del conductor mientras yo me acomodaba en el lujoso Mercedes. Cerró la puerta y se volvió hacia mí. —¿Dónde vives?

Le di las indicaciones y arqueó las cejas.

—Perdona que no sea Park Avenue, pero es un barrio seguro.

—No he dicho nada.

Condujo en silencio durante un par de minutos hasta que dijo: —Ojalá hubiera sabido que os queríais.

—¿Qué habría cambiado eso?

—Mi hermano rara vez se enamora. Dice que el amor no existe, pero sabe que sí, y una vez se enamoró.

—Creo que te equivocas sobre nuestra relación, Tyler. No era amor.

—Lo único que sé es que mi hermano está destrozado y no puede seguir viviendo como antes ahora que te has ido.

Se me cortó la respiración. Eso no podía ser verdad, ¿no? —Entonces deberías odiarme. Lo que le hice a tu hermano y a tu sobrina no estuvo bien. Pero no creo que sea porque se enamorara de mí.

—Mmm... puede ser, pero pensé que deberíais volver a hablar.

Mi piso no quedaba lejos, y enseguida llegamos. Frunció el ceño con preocupación, y por un momento se pareció a Sebastian cuando algo le inquietaba. —¿Esto es temporal, o es que mi hermano no te pagaba lo suficiente?

Ya sabía la verdad; bien podía contarle el resto. —Mi ex me chantajeó para que le diera todos mis ahorros, o le contaría la verdad a Sebastian. Al final, todo fue en vano.

—¿Tu ex? ¿Qué clase de imbécil haría...? —Se detuvo—. ¿Es el hombre que Sebastian le pidió investigar a nuestro detective privado?

Negué con la cabeza. No sabía que Sebastian estuviera investigando a Marcus. Pero supongo que, después de que Marcus se presentara en su casa y prácticamente amenazara la seguridad de su hija, pensó que sería prudente indagar sobre mi loco ex.

—No puedes quedarte aquí —declaró Tyler.

—Gracias por tu caballerosidad, pero no es necesaria. —Abrí la puerta.

—¿Puedes llamarlo?

—Si estás preocupado por tu hermano, Tyler, creo que lo mejor es que no vuelva a ponerme en contacto con él.

Salí y entré en el portal. No esperé a verlo marcharse. Con suerte, esta sería la última vez que un Hawthorne me dirigiera la palabra.