Matrimonio por error (Multimillonarios Hawthorne) 16 #2
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—¿Viste lo que hice, papi? —interrumpió Chloe mientras iba a sentarse a quitarse los patines.

Le costaba un poco. No había manera de sacarlos.

Estaba a punto de ayudarla, pero entonces recordé cuánto le gustaba demostrarle a su padre lo capaz que era.

Así que me concentré en quitarme los míos mientras escuchaba la conversación entre padre e hija.

—¿Me viste patinar? —Chloe tiró del patín hasta que salió y sonrió al conseguirlo.

—Sí, claro. Lo hiciste muy bien.

—Hice el de dos pies.

—Giro de dos pies —corregí.

—¿Me viste hacer el giro de dos pies?

Sebastian se rio.

—Parece que eres una patinadora nata.

A Chloe se le iluminó la cara.

—Deberíamos repetir mañana.

—Nos vamos mañana —respondió Sebastian.

Se le cayó la cara. Pero entonces se le encendió la bombilla.

—¿Puedes construir esto en el edificio? —Señaló la pista de hielo—. Harper dijo que hay mucho espacio en el sótano del edificio.

—¿Quieres tu propia pista de hielo? —Sebastian parecía divertido.

—Sí. Eres un constructor, ¿no?

Casi me río al pensar en Sebastian como «constructor» cuando su trabajo era mucho más que eso.

—No puedo construir eso. Es demasiado grande incluso para el sótano de nuestro edificio.

—Puedes construir una pequeña. Una solo para mí. No soy tan grande.

Lo dijo como si estuviera haciendo una petición razonable.

—Vaya. No tenía ni idea de que te gustara tanto patinar. ¿Qué pasó con el esquí?

Se encogió de hombros.

—No es tan divertido como patinar. Entonces, ¿qué me dices?

Lo miró expectante.

—¿Cómo lo haría? ¿De dónde sacaríamos hielo? En Nueva York no hay hielo.

—Sí que lo hay. Estaba nevando cuando nos fuimos. Podemos cogerlo de la calle.

Sebastian me miró.

—Cuando me preguntó por la nieve, no tenía ni idea de que quería usarla para construir una pista de hielo.

—No sería tan difícil —añadió Chloe.

—¿En serio? —Sebastian se puso en jarras—. ¿Y cómo la mantendrías fría en verano?

Chloe frunció el ceño. No había pensado en eso.

—Eh... ¿la rodeas de neveras?

Sebastian y yo nos echamos a reír. Sebastian la cogió en brazos y se la llevó consigo. Recogí los patines de los dos y los seguí.

—Eso no basta. Mira, ¿qué te parece si te llevamos a una pista de hielo que ya existe en Nueva York y aprendes a patinar allí?

—¿Hay una? —exclamó Chloe.

—Hay varias.

—Genial.

Cuando los alcancé, Sebastian preguntó:

—Y tú, ¿cuánto tiempo llevas patinando?

—Estoy oxidada, la verdad. Patinaba en el instituto. Nada serio.

—Parecías lo bastante buena como para enseñar a una principiante. ¿Le enseñarás a Chloe?

Asentí.

—Dios, no me quiero ni imaginar lo insoportable que vas a ponerte después del espectáculo de patinaje —le dijo Sebastian a su hija.

—¿Qué significa insoportable? —preguntó ella.

—Significa tú durante el próximo mes, como mínimo.

Chloe soltó una risita.

—¡Eso no es verdad!

Todos volvimos al chalet y nos cambiamos de ropa para la noche. Tyler, Saffron, Grant y su mujer e hijos ya estaban en sus asientos cuando llegamos.

—¿Otra vez comiendo tarde? —dijo Tyler mientras se levantaba para dejarnos pasar a nuestros asientos.

—Patinaje —respondió Sebastian con retintín.

Tyler no parecía muy convencido, pero el entusiasta asentimiento de Chloe hizo que apartara de mí su mirada acusadora.

El espectáculo comenzó con una patinadora artística rusa que había ganado recientemente la medalla de plata en los Juegos Olímpicos, seguida de un grupo de mujeres que usaban cintas y pelotas como accesorios.

Fue mágico. Y cuando llegó el intermedio, casi había olvidado dónde estaba.

Chloe, sentada a mi lado, estaba igual de fascinada.

Aplaudía con entusiasmo, radiante, mirándome a mí y a su padre junto a ella.

—Tengo hambre —anunció de repente.

Sebastian levantó las manos al cielo.

—¡Pero si te has comido una cena enorme!

Chloe se encogió de hombros.

—Pues ahora tengo hambre.

Sebastian suspiró.

—Venga, vamos.

Se levantó y la cogió de la mano.

—Ha sido mejor de lo que esperaba —dijo Saffron mientras se levantaba a estirar las piernas.

—¡Ya te digo! —dijo Maple, levantándose también—. A mí también me ha entrado hambre. ¿Adónde han ido?

Saffron señaló hacia donde estaban los dulces.

—Te llevo. Tyler y yo lo inspeccionamos todo al llegar.

Grant también se levantó.

—Con tanta charla sobre comida, a mí también me han entrado ganas.

Y así, sin más, me quedé a solas con Tyler.

Ni siquiera me di cuenta de lo que había pasado hasta que fue demasiado tarde.

Pensé que no iba a pasar nada durante un rato.

Me hice la ocupada, fingiendo que había algo muy interesante en mi móvil, pero no coló.

No lo vi venir, pero en cuestión de segundos había acortado la distancia entre nosotros y estaba sentado a mi lado.

—Bueno —estiró los brazos—, tú y mi hermano. ¿Qué pasa entre vosotros dos?

—Estamos. Casados.

—Lo sé.

Era como un perro con un hueso. Estaba claro que pensaba que yo era una súcubo que iba detrás de su hermano. Si aclaraba las cosas, quizá cambiaría de opinión.

—Escucha, tu hermano...

—Es muy especial para mí. Somos siete, pero él y yo estamos así de unidos —cruzó los dedos índice y medio—. Siempre nos hemos cuidado las espaldas.

—Lo entiendo.

—No creo que lo entiendas —se inclinó hacia mí.

Resultaba amenazador. Intimidante—. Te estoy vigilando, Harper.

Estoy prestando más atención que Seb. Y si descubro algo mínimamente sospechoso sobre ti, o si les haces daño a él o a Chloe, haré todo lo que esté en mi mano, y puedo mucho, para destruirte.

—Nunca les haría daño. Yo... él me gusta. Y Chloe. Te lo prometo, no estoy intentando nada; la boda fue idea suya. Y no le pedí nada. Lo que recibo es lo que él me prometió. Por iniciativa propia.

—Bien. Porque un Hawthorne no es la clase de hombre con el que te conviene meterte. ¿Entendido?

Solo pude asentir.

—Bien.

Se levantó y volvió a su asiento, dejándome más helada que el propio estadio.