Match Point 31 #2
98%

31 #2

A todo el mundo le gusta que el jugador por quien nadie apostaba termine sorprendiendo.

Maldita sea, nunca en mi vida había sudado tanto.

No sé cómo Neil puede estar sentado a mi lado tan compuesto y en calma, con la boca apretada en una fina línea todo el rato.

Tengo la sensación de que el corazón me martillea con tanta fuerza en el pecho que Kieran podría llegar a ver sus latidos a través de mi piel cada vez que levanta la vista hacia mí.

Las miradas que me ha dedicado no han pasado desapercibidas.

Mi rostro ha aparecido en la pantalla grande en un par de ocasiones.

La primera vez, cuando he entrado en el palco para ocupar mi asiento junto a Neil, una ola de susurros intrigados ha recorrido las gradas y yo me he sonrojado intensamente.

Aunque, cuando Kieran ha ganado el tercer set y mi cara ha vuelto a aparecer en la pantalla, apenas me he dado cuenta.

No me ha importado lo más mínimo. Estaba demasiado ocupada animándolo.

En cuanto a Brian, me ha saludado con un seco movimiento de cabeza cuando he llegado al palco del equipo de Kieran, pero está sentado demasiado lejos de mí como para que podamos hablar.

Y probablemente es mejor así. En realidad, no tengo nada que decirle.

La remontada de Kieran ha sido extraordinaria, y parece que a Courtney le cuesta creer que ahora está jugándose el título en un tie-break .

Poco a poco, su juego ha ido evidenciando la frustración que parecía sentir ante el implacable ataque de Kieran.

Al inicio del cuarto set, Courtney se mostraba desconcertado y, hacia el final, daba la sensación de que se resignaba al hecho de que la cosa iba a terminar en tie-break : ha cometido dos dobles faltas en su último servicio.

Entre el tercer y el cuarto set, Neil me ha pasado su móvil para que le echara un vistazo al blog de Iris, en el que mantiene informados del partido a sus seguidores con constantes publicaciones:

O’Sullivan está jugando finalmente como si acabara de recordar que de verdad quiere ganar. Ahora se lo cree, y nosotros también.

Por más que odie a Courtney, tengo que admitir que el nivel tenístico de ambos jugadores es increíblemente alto. Cualquiera de los dos puede terminar ganando.

Courtney selecciona al fin una pelota y se dirige hacia la línea de fondo.

—Silencio, por favor —pide el juez de silla.

La pista central obedece.

El servicio de Courtney es potente y aterriza en medio de la pista, pero los reflejos de Kieran están a flor de piel y lo devuelve con un revés, reaccionando con rapidez para enviar la pelota a contrapié de Courtney.

Este ejecuta entonces un bonito revés cruzado y, a continuación, sube rápidamente a la red.

Kieran llega a la pelota y la envía al fondo con un golpe paralelo fuerte y plano, pero Courtney reacciona con una increíble volea.

Estirándose todo lo que puede hacia delante, Kieran consigue alcanzarla y hace un globo altísimo hacia el fondo de la pista.

Los espectadores sueltan un grito ahogado al unísono cuando Courtney corre de vuelta para intentar llegar a tiempo.

La pelota bota a un palmo de la línea de fondo.

Courtney salva la distancia con rapidez y consigue dar media vuelta y devolverla con un pobre drive .

Kieran tiene tiempo. Con suavidad, hace una dejada cortada para frenar la pelota y esta cae justo al otro lado de la red, donde rueda hasta detenerse.

Hay un momento de silencio incrédulo ante semejante exhibición de talento antes de que el estadio estalle en un estupefacto aplauso y vitoree y ovacione a Kieran. Al fondo de la pista, Courtney tira su raqueta al suelo hecho una furia.

Madre mía.

Kieran acaba de romperle el servicio. Se ha puesto por delante. Está ganando.

Punto de torneo.

¡Y ahora le toca sacar a él!

Aunque, mirándolo, nadie lo diría. Mientras el público todavía permanece de pie, felicitándolo por el último punto, Kieran está ocupado comprobando las pelotas que tiene en la mano, seleccionando dos y guardándose una en el bolsillo con una expresión inescrutable.

Se dirige hacia la línea de fondo y el juez de silla pide silencio, además de lanzarle una advertencia a Courtney.

—Joder —oigo que murmura Neil en voz baja a mi lado.

Secándose el sudor de la frente con el dorso de la mano, Kieran levanta la mirada hacia mí. Yo esbozo una leve sonrisa con la que le indico que no importa lo que suceda a continuación y que, pase lo que pase, estaré ahí para él. Una sonrisa que dice: «Siempre».

Él responde frunciendo fugazmente el ceño. Es un gesto que desaparece tan rápido como aparece, pero llego a vislumbrarlo y me pregunto qué pensamiento habrá cruzado su mente. Fuera lo que fuera, lo deja a un lado para concentrarse en el siguiente punto. Uno bastante importante.

Cuando hace botar la pelota, el silencio resulta ensordecedor.

La lanza al aire y realiza un potente servicio que obliga a Courtney a responder con un revés que se eleva sobre la pista.

Kieran devuelve la pelota con un revés paralelo y unos restos de pintura blanca salen volando cuando el bote roza el interior de la línea.

Courtney, sin embargo, llega sin dificultad y ejecuta un poderoso derechazo que coge a contrapié a Kieran.

Este apenas se las arregla para devolver la pelota al centro de la pista.

Courtney corre hacia ella, conecta otro soberbio golpe de derecha al rincón derecho de la pista y, a continuación, sube rápidamente a la red.

Kieran reacciona al instante y, tras correr a toda velocidad hacia la derecha, se estira todo lo que puede y consigue golpear la bola.

Su derecha paralela deja a Courtney clavado y solo puede ver con impotencia como la pelota bota y se aleja fuera de su alcance.

Todo parece suceder a cámara lenta.

Hay una explosión de ruido cuando la pista central estalla en vítores de celebración.

Me levanto de golpe de mi asiento con el corazón saliéndoseme del pecho.

Kieran cae de rodillas al suelo y entierra el rostro en las manos.

Todo su cuerpo tiembla con sollozos de júbilo e incredulidad.

El estadio parece temblar bajo el peso de los miles de personas que se ponen de pie de un salto.

Incluso con el techo cerrado, seguro que el aplauso se oye a varios kilómetros a la redonda.

—¡Lo ha conseguido! ¡Lo ha conseguido! —exclama Neil, abrazándose a su asistente y saltando de arriba abajo. Acontinuación, se da la vuelta para abrazarme a mí y susurrarme repetidamente al oído—: Gracias, gracias, gracias.

Cuando nos separamos, las mejillas de ambos están mojadas de lágrimas de felicidad.

Bajo un atronador aplauso, Kieran se pone de pie y se dirige a la red para estrecharle la mano a Courtney, que fuerza una sonrisa a pesar de su expresión de amargura.

Después de darle asimismo la mano al juez de silla, se da la vuelta para saludar a sus fervientes seguidores.

Abrumado por la emoción, echa la cabeza hacia atrás y cierra los ojos para saborear este glorioso momento.

Los irlandeses de las gradas han enloquecido por completo y no dejan de ondear con energía sus banderas y de entonar cánticos que reverberan por todo el estadio y me llegan al corazón.

Es como si todos lo conocieran personalmente y no pudieran estar más orgullosos.

Cuando Kieran vuelve a abrir los ojos, le relucen y los posa sobre mí.

Alzo las manos, que ya me arden de tanto aplaudir, y le sonrío mientras las lágrimas caen libremente por mis mejillas.

Él entonces cruza corriendo la pista en dirección al palco y, cuando llega abajo, comienza a trepar por las gradas para llegar hasta nosotros.

Cuando sus seguidores lo ven, estalla otra estruendosa oleada de vítores y el público que hay cerca se echa hacia delante para darle unas palmaditas en la espalda.

Neil recibe a Kieran con un fuerte abrazo y, con los ojos enrojecidos y húmedos, le dice que se lo ha ganado, que se lo merece y que él sabía que podía conseguirlo.

El resto del equipo se une a ellos dos, rodeándolos para darles un abrazo grupal en medio del cual Kieran desaparece.

Cuando vuelven a separarse, Brian se acerca a él y le da un breve abrazo y una palmadita en la espalda.

Acausa del fragor del público, no puedo oír sus palabras, pero espero que por fin esté diciéndole que se siente orgulloso de él.

En cualquier caso, tampoco estoy segura de que Kieran lo escuche, pues veo que está estirando el cuello en busca de otra persona.

Sus ojos encuentran los míos y, con una sonrisa, se abre paso entre los miembros del equipo para llegar a mí. Cuando rodea mi cintura con los brazos y me alza, la muchedumbre enloquece. Es como si estuvieran tan implicados emocionalmente en nuestra historia como nosotros.

—¡Has ganado el torneo de Wimbledon! —le digo al oído entre risas—. ¡Kieran, has ganado el torneo de Wimbledon!

—Antes se me ha olvidado decirte una cosa —dice sin aliento, dejándome de nuevo en el suelo y mirándome fijamente a los ojos—. Justo antes del servicio del último punto, me he acordado de que en los vestuarios no te he dicho que yo también te quiero.

Me quedo sin respiración y el atronador ruido que hay en la pista central queda ahogado por los fuertes latidos de mi corazón, henchido de amor y esperanza y felicidad. Todas esas cosas con las que una siempre sueña.

Cuando Kieran se inclina para besarme, me olvido de que todo el mundo está observándonos.

Es como si solo estuviéramos él y yo. Nada más importa.

Y,mientras sonrío con mis labios pegados a los suyos, me doy cuenta de que todo lo que ha sucedido hasta ahora —toda la confusión, todo el dolor, todo el caos y el júbilo— nos ha llevado a este momento perfecto.

Nos ha llevado el uno al otro.