Match Point Epílogo
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Epílogo

Un año después

—¿Qué te parece? —me pregunta Kieran, poniendo los brazos en jarras.

Quitándome las gafas de sol, me acerco a él y contemplo las vistas. Estamos rodeados de montañas y, ante nosotros, se extiende un lago sobre cuya superficie relucen los rayos del sol. Mientras la brisa agita los mechones de pelo que me caen por la cara, respiro hondo y asiento.

—Es perfecto —declaro para su satisfacción.

Él se quita la mochila con un movimiento de hombros y, tras abrir la cremallera, saca una sábana de pícnic doblada y la extiende en el suelo. Luego se arrodilla y saca una botella medio vacía de champán, dos copas, una tarrina de fresas, un bote de nata y dos cucharitas.

Me siento a su lado y, tras ponerme de nuevo las gafas de sol, estiro las piernas y me reclino hacia atrás apoyándome en las manos.

La región de Lake District es muy vasta, pero, aun así, en pleno verano puede resultar difícil encontrar un lugar apartado para hacer un pícnic.

Kieran se tomó la tarea muy en serio y, después de preguntar por ahí, se decidió por este sitio junto a Rydal Water. Yo no podría haber esperado nada mejor.

Abre la botella de champán, me sirve una copa y me la da antes de servirse otra. Después de brindar, vuelve a sentarse y admira las vistas. Yo doy un pequeño sorbo y dejo la copa sobre la precaria superficie de hierba, junto al borde de la sábana.

—No puedo creerme que estemos aquí —dice Kieran con un suspiro, apoyándose sobre los codos—. Esta semana ha sido muy larga y ya pensaba que no terminaría nunca.

Extiendo una mano para colocarla sobre su pierna.

—Te mereces este descanso. El baile de anoche no podría haber ido mejor. Me siento muy orgullosa de ti.

—El mérito no es solo mío —dice, mirándome fijamente—. Habría sido un desastre sin tus increíbles dotes para organizar y planear eventos. Todavía me parece un sueño. No puedo creer que lo consiguiéramos.

—Yo sí —digo, encogiéndome de hombros.

Cuando Kieran tuvo la idea de celebrar un gran baile de gala para recolectar fondos para su organización benéfica, Concentrados en el Juego, supe que sería una tarea ambiciosa, pero que merecería la pena.

Tenía el potencial no solo de recaudar mucho dinero gracias a sus contactos en el mundo del deporte, sino también de proporcionarle a su organización un gran impulso publicitario, y eso es exactamente lo que sucedió.

Esta mañana las fotos oficiales del evento, celebrado en el club Hurlingham, han aparecido en toda la prensa y las redes sociales gracias a las numerosas caras famosas que acudieron.

Contamos con la asistencia de importantes nombres del mundo del tenis con sus mejores vestidos de gala y esmóquines, así como de glamurosas estrellas de todos los deportes que uno pueda imaginarse.

Recaudamos la asombrosa cantidad de 1,25 millones de libras esterlinas.

Anoche tuve la sensación de que iba a estallar de orgullo cuando Kieran, con una expresión de absoluta estupefacción, anunció la cantidad total entre entusiastas aplausos.

Alo largo de este último año, se ha entregado en cuerpo y alma a esta organización benéfica que ofrece sesiones deportivas gratuitas —de tenis, fútbol, ballet y natación, entre otros— a niños de edades comprendidas entre los seis y los dieciocho años que hayan sufrido la pérdida de un familiar.

Como bien sabe el propio Kieran, el deporte y el ejercicio pueden ayudar a sobrellevar el duelo, estimular la concentración y proporcionarle a uno un rumbo vital, de modo que ahora su principal objetivo consiste en asegurarse de que sean accesibles para niños de cualquier procedencia que estén pasando por lo mismo que él.

Cuando tiene tiempo, él mismo ofrece clases de tenis.

Los niños lo adoran, aunque eso no es ninguna sorpresa.

Su pasión y su duro trabajo van a cambiar muchas vidas para mejor. No creía que pudiera sentirme más orgullosa que el día que alzó ese trofeo en Wimbledon, pero, de algún modo, lo de anoche ha conseguido superar incluso eso.

Además de famosos, en el baile también había parientes y amigos.

Iris estaba presente, así como Neil y varios miembros del antiguo equipo de Kieran, incluida su publicista, Nicole, de la que me he hecho bastante amiga.

Hasta Brian cogió un vuelo para asistir.

Asu llegada hubo un momento de tensión entre él y Kieran, pero ambos consiguieron mantener la calma y Brian hizo una generosa donación.

La organización benéfica también significa mucho para él, pues Kieran la creó en honor a la memoria de Aidan.

El libro de Brian se publicó las pasadas Navidades y Kieran no le ha perdonado del todo algunos de los capítulos en los que se detallan algunos incidentes personales.

En particular, le molestó especialmente el apartado en el que se revela lo destrozado que se quedó por esa entrevista que concedió y que se publicó después de la muerte de Aidan.

Kieran es una persona muy reservada y detesta que el mundo conozca sus intimidades, con lo que le costó un poco dirigirle de nuevo la palabra a Brian.

A pesar de lo que este había asegurado, su libro no era un manual de tenis, sino unas memorias, tal y como se había dicho previamente en la prensa, y nunca llegó a enviarle a su hijo un borrador con antelación.

Lo que sí hizo, sin embargo, fue editar muchos fragmentos tras su victoria en Wimbledon, razón por la cual la publicación se retrasó hasta diciembre.

Se rumorea que la anterior versión era mucho más negativa respecto a Kieran, y los más cínicos de nosotros supusimos que había sentido la necesidad de cambiarla ahora que quería estar de buenas con su hijo, el campeón del último torneo de Wimbledon.

Aun así, me alegré de que viniera anoche y también de que ambos estén reconstruyendo su relación.

Ahora que Kieran se ha retirado, ya no hay necesidad de que Brian sea su entrenador y puede limitarse a ejercer de padre.

Llevará algo de tiempo, pero, tal y como Kieran dijo ayer, Aidan habría querido que ambos estuvieran en el evento, arreglando poco a poco su relación.

Mi padre y Camila también acudieron al baile y se lo pasaron muy bien hablando con los famosos presentes.

No debería haberme sorprendido la cantidad de gente a la que ya conocían; al parecer, ya se habían codeado con muchas de esas celebridades en Nueva York.

Ha estado bien tener la oportunidad de conocerlos un poco mejor este último año.

Papá mantuvo su promesa y vino a Inglaterra a finales de verano para que pasáramos algo de tiempo juntos.

No diría que ahora la conversación fluye con facilidad entre nosotros, pero está haciendo un esfuerzo y me llama para saber qué tal estoy con más frecuencia.

Amenudo bromeo con Kieran diciéndole que si he conseguido recomponer la relación con mi padre ha sido básicamente porque por fin hemos encontrado algo de lo que hablar en lo que ambos estamos interesados: él.

Lo de anoche fue muy emotivo tanto para Kieran como para mí.

Poner en pie esta organización benéfica ha supuesto mucho trabajo y lo hemos hecho mientras preparábamos el traslado a nuestro nuevo hogar, una casa de ensueño en el Village de Wimbledon.

No había ningún otro lugar en el que quisiéramos vivir.

Después del torneo, Kieran alquiló durante seis meses un piso en la zona, puesto que ambos estuvimos de acuerdo en que quizá debíamos salir durante un tiempo antes de mudarnos juntos.

Sin embargo, ese tiempo fue más que suficiente para que nos diéramos cuenta de que lo nuestro iba en serio y volvió a Lingfield Road en cuanto terminó el contrato de su alquiler temporal.

Me entristecerá dejar mi antiguo piso, pero ha llegado el momento de contar con un espacio propio más grande.

Observo a Kieran mientras contempla el idílico paisaje y extiendo una mano para pasar los dedos por su pelo.

Él cierra los ojos y, tras dejar escapar un leve suspiro, se recuesta y me indica que me una a él.

Quitándome las gafas de sol, me acurruco felizmente en el hueco de su brazo mientras traza suaves círculos en mi hombro.

—¿Sabes? Creo que es la primera vez que te veo relajado este último año —comento, acariciándole el cuello con la nariz—. Menuda jubilación más extraña la tuya.

—Estaba claro que lo de retirarse joven no sería para mí.

—Pues yo creo que te sienta de maravilla —replico—. Mira todo lo que has hecho en un año.

—¿Y qué hay de ti, autora superventas?

Suelto una carcajada.

—¡El libro todavía no se ha publicado! No digas que será un superventas o lo gafarás. Primero necesito encontrar una editorial.

Todos los momentos que he tenido libres los he dedicado a mi novela gráfica y por fin, hace dos meses, la terminé.

Aunque desde el principio Kieran ha sido fundamental en el proceso creativo, lo cierto es que me aterraba enseñársela aunque estuviera convencida de que había creado algo de lo que podía sentirme orgullosa.

Nunca me he sentido más vulnerable que cuando se la envié a varias agentes y tuve que esperar ansiosamente su respuesta.

Después de tres rechazos, una se mostró interesada.

El día que firmé con ella, Kieran me compró un pastel y colgó una pancarta en la que podía leerse: «FELIZ CUMPLEAÑOS FIRMA CON UNA AGENTE LITERARIA» .

La ejecución no era la mejor, pero lo felicité de todos modos por el esfuerzo.

—Tu agente está convencida de que, en cuanto envíe la novela gráfica a varias editoriales, será adquirida de inmediato —me recuerda Kieran—. ¿Cuándo será eso, por cierto?

—La semana que viene. —Me muerdo el labio inferior—. Estoy nerviosa. Espero que, efectivamente, le guste a alguna editorial. Si ninguna se muestra interesada, me moriré de la vergüenza.

—No hay nada vergonzoso en terminar una novela gráfica, firmar con una agente y enviársela a varios editores.

Eso ya supone de por sí un gran logro, independientemente de lo que suceda a continuación —insiste Kieran, cambiando de postura para mirarme a la cara con el brazo todavía atrapado bajo mi cabeza.

Se quita las gafas de sol y se las guarda en el bolsillo de sus pantalones cortos.

Contemplo entonces sus ojos y admiro sus rasgos mientras él me sonríe con cariño.

El corazón se me acelera. «No puedo creer que me haya elegido a mí».

Podría pensarse que, después de un año, ya debería haberme acostumbrado a lo guapo que es, pero lo cierto es que todavía tiene la capacidad de dejarme sin aliento.

—¿Y si nadie quiere publicar mi novela gráfica? —murmuro nerviosa.

—Sí que lo harán.

—Pero ¿y si no es así?

—Entonces comienzas a trabajar en la siguiente —dice Kieran, y esboza una traviesa sonrisa—. Estás en el lugar adecuado. Tengo entendido que esta zona puede resultar muy inspiradora.

Yo lo miro recelosamente.

—Ah, ¿sí?

—Aunque todo ese bombo no deja de ser comprensible, ¿no? Es un lugar muy especial.

—Lo es. Muy especial.

Este parece ser el momento adecuado. Desde que me he hecho la prueba esta mañana, he estado esperando una oportunidad para decírselo y, ahora que estamos aquí tumbados como si no hubiera nadie más en el mundo salvo nosotros dos..., bueno, no creo que vaya a encontrar una ocasión mejor.

—Kieran —comienzo a decir despreocupadamente.

—¿Mmm? —contesta él con los ojos cerrados.

—¿Sabes esa botella de champán que has traído hoy?

—¿Quieres un poco más?

—No. De hecho, vas a tener que bebértela tú solo.

—¿Por qué? —pregunta perezosamente—. ¿Tienes pensado ir a algún sitio?

—No voy a ninguna parte. Es solo que no voy a poder beber nada de alcohol durante los próximos nueve meses.

Kieran abre los ojos de golpe y retira el brazo para poder sentarse.

—¿Estás...? ¿Estás...? —comienza a decir aturullado, y se inclina hacia mí con la respiración entrecortada.

Sonriendo con timidez, también me incorporo y asiento con los ojos anegados en lágrimas.

Él inhala profundamente antes de rodearme con los brazos y abrazarme con tanta fuerza que me pregunto si piensa volver a soltarme.

Cuando esta mañana he visto el signo «más» de color azul, me ha parecido algo surrealista.

Amedida que he comenzado a asimilarlo, he sentido de todo, desde terror absoluto hasta una felicidad desmedida.

Pero, en cualquier caso, estoy segura de que puedo hacer esto, y me siento muy afortunada de contar con alguien como Kieran a mi lado para lo que venga a continuación.

Cuando este finalmente me suelta, me coge la cara con ambas manos y clava sus ojos llorosos en los míos.

—¿Vamos a tener un bebé? —me pregunta con voz ronca, como si apenas se atreviera a creérselo.

—Vamos a tener un bebé —susurro. La mandíbula me duele de sonreír tanto.

Con una amplia y radiante sonrisa, inclina la cabeza para posar sus labios sobre los míos. Es un beso tan intenso y significativo que el corazón me da un vuelco. Luego se separa un momento y dice con voz ronca y entrecortada:

—Te quiero mucho.

Acto seguido, me atrae hacia sí y, tras deslizar sus manos por mis caderas, las estrecha alrededor de mi cintura.

Al apoyar la barbilla en su hombro y abrazarlo con fuerza, exhalo lentamente y me quedo mirando el lago. Bajo el cálido sol de la tarde, una multitud de destellos dorados danzan sobre su superficie azul zafiro. Es un lugar precioso, pero en realidad no importa dónde se lo haya dicho.

Cierro los ojos y sonrío para mí cuando Kieran me susurra al oído que se pasará el resto de su vida haciéndonos felices a mí y a nuestro hijo.

Parece que hace una eternidad desde que quería venir a toda costa a Lake District para escribir mi historia. Al final, ha resultado que se encontraba en Wimbledon.

Y no ha hecho más que comenzar.