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Courtney contra O’Sullivan
Por qué el título individual masculino del torneo de Wimbledon es el más codiciado Por Iris Gray
Cuando comencé este blog hace dos semanas, mi jefe de sección me pidió que hiciera una predicción sobre quién creía que llegaría a la final. Hice una lista de posibles candidatos que publiqué, y la mayoría de los comentarios que recibí se mostraban de acuerdo.
Ni el australiano Chris Courtney ni el irlandés Kieran O’Sullivan figuraban en ella.
Pero aquí estamos, hoy es el día de la final y uno de los dos se coronará como campeón. Es cierto lo que dicen, pues: en Wimbledon puede pasar de todo.
No me molestaré en pronosticar quién será el nuevo rey de la pista central, aunque puedo decir con absoluta certeza que nos espera un gran partido. Ambos son jugadores experimentados que ya pasan de los treinta y han llevado a cabo un destacable retorno al primer nivel en este torneo.
Comencemos por el cabeza de serie número dieciocho, Chris Courtney, el australiano que disfrutó de un meteórico ascenso con veintipocos años al ganar tres títulos de Grand Slam: el Abierto de Australia y el Abierto de Estados Unidos dos veces.
Tiempo atrás, admitió en una entrevista que era su «miedo a la derrota» más que la emoción de la victoria lo que lo empujaba.
Hoy en día, Courtney sigue siendo un jugador destacado, si bien en los últimos dos años no ha estado al nivel esperado en más de una ocasión.
Sin embargo, tras una buena participación en el torneo de Queen’s Club en junio, estas últimas dos semanas su juego ha sido espectacular, demostrando que todavía es ambicioso y que posee una gran resiliencia mental y una potencia extraordinaria.
¡Pobre de aquel que subestime a este feroz y dinámico tenista!
¿Hay alguna razón por la que haya vuelto a la primera línea? Bueno, es posible que esté jugando así para estar a la altura del reciente e inesperado ascenso de quien durante todos estos años ha sido considerado su principal rival...
Kieran O’Sullivan. El irlandés ni siquiera era cabeza de serie, pero, contra todo pronóstico, ha alcanzado la final de Wimbledon. Ya lo digo ahora: se trata del regreso del año.
Dos semanas atrás corrían rumores sobre su inminente jubilación, pero es innegable que ha sido el jugador más apasionante de todo el torneo.
O’Sullivan se vio catapultado al estrellato internacional cuando, siendo todavía un adolescente, venció al entonces número uno para alcanzar la final del Abierto de Australia.
Entonces dejó a los espectadores sin palabras con su abundante talento natural, su estilo fluido y su exquisita precisión; tal y como un comentarista de la época dijo, tenía «chispa en la pista».
Después tuvo que enfrentarse a diversos retos tanto en su vida personal como profesional, en particular la trágica muerte de su hermano mayor, Aidan, y su carrera sufrió numerosos altibajos.
Aduras penas ha conseguido mantener su puesto entre los mejores jugadores, y últimamente se le conocía más por su volátil temperamento que por sus victorias en el circuito de la ATP.
Sin embargo, algo parece haber cambiado en O’Sullivan durante este torneo, y hemos tenido el privilegio de ser testigos de una cosa extraordinaria: vuelve a tener chispa.
No podemos saber con seguridad qué —o tal vez quién— ha causado este cambio, pero sí que está jugando con más pasión de la que le hemos visto en la última década, y eso lo convierte en una fuerza que tener en cuenta.
Ambos son grandes jugadores que se han ganado a pulso esta oportunidad de hacerse con el trofeo más deseado en el mundo del tenis.
Que gane el mejor.
Echo un vistazo a Iris por encima del móvil mientras deja una taza de café sobre la mesa que hay junto al sofá de sus padres.
—¿Qué? —dice a la defensiva, apartándome los pies para poder sentarse.
Me aclaro la garganta y leo en voz alta: «No podemos saber con seguridad qué —o tal vez quién— ha causado este cambio, pero sí que está jugando con más pasión de la que le hemos visto en la última década». Bajo el móvil y añado:
—¿Va en serio?
—¡Es verdad! Ynada de lo que digo implica que tenga algo que ver contigo. ¡Podría estar hablando de cualquiera! Quizá de Neil. Ode su padre.
Inclinando la cabeza, enarco una ceja. Ella pone los ojos en blanco.
—Está bien, tal vez pueda interpretarse como una alusión al hecho de que haberse enamorado hasta las trancas ha tenido cierto impacto en su juego en la pista. —Me sonríe a modo de disculpa—. En mi defensa, lo escribí ayer y estaba programado para publicarse esta mañana. Se me ha olvidado editarlo.
Suspiro y cojo mi taza.
—Te perdono porque me has traído café. Yporque, sin ti, anoche no habría tenido un techo bajo el que dormir.
—Mi casa es tu casa. —Vacila un momento—. O,más bien, la casa de mis padres es tu casa.
Sonrío con la taza en los labios.
—Fue muy amable por su parte permitir que me quedara a dormir en su sofá cuando aparecí ayer sin previo aviso.
—No te preocupes. Les encanta tenerte aquí.
De hecho, mi madre está usándote como excusa para criticar a mi padre por haber convertido el dormitorio de invitados en un gimnasio que nunca utiliza.
Me sabe mal que tengas que dormir en el sofá.
Deberías haber venido a mi habitación. —Me da unas palmaditas en una pierna por encima del edredón—.
Soy una excelente compañera de cama. No ronco ni nada.
—No habrías podido descansar. Mi cerebro me ha tenido dando vueltas toda la noche. Y,de todos modos, últimamente me he acostumbrado a dormir en el sofá.
Ella se me queda mirando con los ojos colmados de preocupación.
—¿Estás bien, Flora?
—Claro que sí —digo. Iris no parece muy convencida—. En serio, lo estoy. Solo ha sido un romance corto, una aventura de verano, y ahora ya ha terminado. Somos adultos. Toca pasar página.
—Parecía algo más que una aventura, la verdad —dice con cuidado—. Quizá no deberías darla ya por perdida. La presión de Wimbledon puede hacer perder el juicio a la persona más equilibrada. Alo mejor lo de ayer solo fue una crisis pasajera.
Niego con la cabeza mientras jugueteo con el asa de la taza.
—Kieran me dejó bien claros sus sentimientos, Iris. Hemos terminado. Eincluso si creyera que lo nuestro todavía es posible, no voy a convencer a nadie de que me quiera. Si él ya no está interesado en mantener una relación conmigo, no pienso luchar por ello.
Iris me mira de un modo extraño, mordiéndose fuerte el labio inferior con los ojos relucientes.
—¿Qué? ¿Qué pasa? —pregunto desconcertada por su expresión.
—Ay, Flora. Has dicho que no vas a convencerlo de que te quiera —dice suavemente con una media sonrisa—. Estás enamorada.
Me pongo rígida.
—No, no quería decir...
No consigo terminar la frase, pues comprendo que de nada sirve protestar sobre algo que ambas sabemos que es cierto. Siento el corazón acelerado. De repente, todo me da vueltas y una desagradable sensación me invade el estómago.
—No puede ser —susurro, mirando a Iris presa del pánico—. No nos conocemos desde hace tanto.
Ella se encoge de hombros.
— When you know, you know ... Yestas han sido dos semanas muy intensas para ambos. Habéis pasado por muchas cosas mientras vivíais juntos. Además —dice, enarcando las cejas—, no creo que haya una regla estricta sobre el tiempo que tienes que pasar con una persona para enamorarte de ella.
Me llevo una mano al pecho en un intento de calmar los erráticos latidos de mi corazón.
—Tienes razón, me he enamorado de él. Pero ¿quién no lo habría hecho?
Ella asiente con solemnidad.
—Tiene el cuerpo de un modelo de Calvin Klein, habla con acento irlandés y, además, en tu piso solo hay una cama. Era inevitable.
—En efecto. Era inevitable. —Me muerdo la uña del pulgar con el ceño fruncido—. Pero lo cierto es que no era consciente de que me estaba enamorando. O,al menos, no del todo.
—Y ahora te has dado cuenta de que sí —dice Iris con lentitud, mirándome como si estuviera poniéndome a prueba.
Me tomo un momento para reflexionar seriamente sobre todo esto.
Puede que no sea verdad. Todavía puedo corregirme; aún puedo asegurarle a Iris que lo he dicho sin pensar.
Aunque, en realidad, ese es el problema.
En efecto, lo he dicho sin pensar. No estaba pendiente de las palabras exactas ni tratando de escoger las más apropiadas.
Simplemente he dicho lo que sentía. He hablado con el corazón.
Me he enamorado de él.
De repente, me parece algo obvio y prácticamente insignificante.
Claro que me he enamorado de él. Es la persona más maravillosa que he conocido nunca.
Se trata de alguien amable y considerado, listo y divertido.
Bajo su coraza temperamental y desconfiada, es tierno y afectuoso, cariñoso y adorable.
Es un hombre incuestionablemente guapo, sí, pero, cuando lo conoces más a fondo, ese atractivo adquiere otra dimensión.
Pienso en el modo en el que sus ojos se iluminan cuando habla de algo que le apasiona; o en los hoyuelos que aparecen en su rostro cuando sonríe o, directamente, cuando se ríe de algo; o en las pequeñas arrugas que se le forman entre las cejas cuando está concentrado.
Cuando se preparaba un batido, también me hacía otro a mí.
Cuando descubrió que me gustaba dibujar, me animó con paciencia, pero sin llegar a presionarme.
Ha cocinado para mí, ha comprado el vino que me gustaba, me ha protegido de los paparazzi .
Empezó a utilizar un posavasos cuando se dio cuenta de que me molestaba que no lo hiciera, y cada día dejaba sus deportivas tiradas para después burlarse afectuosamente de mí cuando terminaba colocándolas en el zapatero.
Siente una pasión secreta por los cómics, le gusta Snoopy y su desconcierto ante los monos de vestir resulta adorable.