Match Point 27
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Después de que Brian se marchara, le anuncié a Kieran que dormiría en el sofá. Él reaccionó como si no comprendiera mi decisión e intentó convencerme para que me quedara en el dormitorio.

—Ambos sabemos que necesitas descansar —le recordé entonces con una sonrisa tranquilizadora—.

Imagina que me pongo a hablar en sueños o que comienzo a darte patadas o algo así.

Sería un desastre que no pudieras dormir por mi culpa.

Así te asegurarás de obtener el importantísimo descanso que necesitas para mañana.

—Él no se mostró del todo convencido, de modo que, cuando terminé de colocar el edredón en el sofá, me acerqué a él y le di un pequeño beso en los labios—.

No hay ningún problema, ¿de acuerdo? Es solo que ahora mismo lo más importante es el partido de mañana.

Si se dio cuenta de que estaba parafraseando a su padre, no me lo dijo. Se limitó a suspirar y, a regañadientes, accedió antes de darme otro beso. Al abrazarme, sus manos se deslizaron por mi espalda y me atrajo hacia sí mientras hundía la nariz en mi pelo.

—Pero te echaré de menos —me susurró a la oreja.

Se me formó un nudo en la garganta y preferí no decir nada.

Y es que, si Kieran no hubiera estado de acuerdo con su padre, se lo habría dicho.

Le habría subrayado que había llegado a semifinales y que estaba jugando mejor que nunca, tal y como me dijo a mí en los vestuarios.

Le habría dicho que me necesitaba. Sin embargo, no lo hizo.

No dijo nada de nada. Y,la verdad, ahora que hay otra persona más en su rincón oponiéndose a nuestra relación, no me sorprende que haya comenzado a hacerles caso.

Yo tenía claro que no podía renunciar a lo nuestro, pero había aceptado el hecho de que tal vez debía dar un paso atrás y esperar entre bambalinas hasta el final del torneo.

Si lo que necesitaba Kieran para ganar era que le dejara espacio, no vacilaría.

Así pues, para cuando Brian finalmente se marchó a su hotel, yo ya había decidido que dormiría en el sofá.

No quería hacer las cosas todavía más complicadas o confusas para Kieran.

De esta forma, él no tenía que tomar ninguna decisión.

Ya tenía suficientes cosas en la cabeza. Yo tomaría las difíciles por él.

Obviamente, apenas he dormido.

Cuando oigo que Kieran entra en el cuarto de baño, ya estoy completamente despierta, mirando al techo.

Tras obligarme a mí misma a levantarme, me quito el pijama y me pongo unos pantalones vaqueros rasgados, anchos y de cintura alta y una camiseta.

Soy plenamente consciente de que su equipo llegará en cualquier momento y preferiría que esta vez no me pillaran en pijama o envuelta en una toalla.

Me ducharé cuando se hayan ido. Estoy haciéndome un moño suelto cuando, tal y como esperaba, suena el timbre.

—Buenos días —dice Neil, entrando a grandes zancadas en cuanto abro la puerta.

—Buenos días —contesto mientras unas cuantas personas más del equipo de Kieran se internan en el piso.

El último en pasar es Brian, que me saluda con una sonrisa forzada mientras cierro la puerta detrás de él.

—¿Cómo estáis esta mañana?

—Yo bien, gracias. AKieran todavía no lo he visto, así que no puedo hablar por él.

—Ah.

De vuelta en el salón, comienzo a apartar mis cosas para hacer sitio. Reparo en la mirada que intercambian Brian y Neil cuando doblo el edredón y retiro la almohada del sofá para guardarlos en el baúl. Tras cerrar la tapa, me enderezo y me cruzo de brazos.

—Flora —comienza a decir Neil, acercándose a mí con una expresión solemne en el rostro—. Realmente pienso que es lo mejor que...

—Ya sé lo que piensas —digo, y mi interrupción suena mucho más brusca de lo que esperaba. Neil abre los ojos como platos, sorprendido ante mi tono, y Brian arquea una ceja. Entonces respiro hondo y murmuro—: Quiero que Kieran sea feliz, de modo que deseo que gane. Haré lo que él necesite.

Neil asiente a modo de respuesta.

—Gracias, Flora. Eimagino que no quieres hablar al respecto, pero lamento todo eso que ha aparecido en la prensa sobre tus padres. Si necesitas hablar con Nicole, no dudes en llamarla.

Alzo la cabeza de golpe y la sangre se me hiela en las venas.

—¿Qué? —susurro antes de ponerme a buscar frenéticamente mi móvil. Lo encuentro sobre la mesita de centro y tecleo mi nombre en Google con rapidez.

—¡Ah, no lo habías visto! —dice Neil asustado—. Pensaba que...

Se calla al ver mi expresión. La mayoría de los artículos sobre mí son historias de relleno sobre la cita que tuvimos Kieran y yo en el Bounce y en ellos usan las grabaciones que hicieron otros clientes del bar. También hay alguno que otro acerca de Jonah y su triste historia.

Pero hay uno nuevo más reciente:

De una infancia traumática a un apasionado romance en Wimbledon: cómo Flora Hendrix, la nueva pareja de Kieran O’Sullivan, superó sus problemáticos años de adolescencia con una madre alcohólica y un padre ausente hasta encontrar la felicidad con el chico malo del tenis.

Mientras ojeo el artículo, tengo la sensación de que me falta el aliento.

El autor desconoce la mayoría de los hechos y apenas consigue trenzar unos cuantos detalles para convertirlos en un texto disperso e inconexo.

En realidad, los lectores descubrirán muy pocas cosas sobre mí.

Aun así, en él se mencionan los «devastadores problemas de adicción» de mi madre antes de su trágica muerte; se explica que, tras separarse de ella y marcharse de casa, mi padre se casó por segunda vez; e incluso hay una línea en la que se menciona que solía «refugiarme» en Lake District con mi abuela.

Cuando llego a la cita de Jonah en la que explica que no me gustaba hablar de mi infancia, todo encaja.

No puedo creer que haya podido mencionarle esto a un periodista.

—¿Estás bien? —pregunta Neil, y suena realmente alarmado.

Mi expresión debe de ser terrible para que se preocupe por mí. Mi cerebro entra en acción con rapidez.

—No se lo digas a Kieran —me apresuro a decir, levantando la mirada de la pantalla del móvil.

—Pero... —comienza él con el ceño fruncido.

—Lo digo en serio. No puede enterarse —digo, procurando no alzar demasiado la voz y cogiendo a Neil de la muñeca—. Debes ocultárselo. No dejes que nadie se lo mencione. Si lo ve, se disgustará mucho y podría afectar a su juego. Por favor.

Neil se frota la frente.

—Flora...

—Nos aseguraremos de que no lo vea —afirma Brian, comprendiendo al instante lo que estoy diciendo.

Finalmente, Neil asiente, aunque todavía no parece del todo convencido.

Comprendo su reticencia. La última vez que le ocultó algo a Kieran se llevó una buena bronca y sé que hará todo lo posible para no poner en peligro la relación entre ellos dos, pero esto es lo mejor.

Por mi parte, tengo claro que Kieran se culparía a sí mismo por el artículo y que, por más que no sea cosa suya, no conseguiría sacárselo de la cabeza antes del partido de esta tarde.

Estaría distraído y cabreado. No podemos arriesgarnos. No puedo permitir que cargue con esto.

—Quizá sea mejor que hoy te mantengas a cierta distancia, Flora —sugiere Brian—. No queremos que nada lo distraiga de un partido tan importante y, si se da cuenta de que estás recibiendo mucha atención, podría perder la concentración.

Con el corazón encogido, asiento.

Cuando Kieran aparece por la puerta con la bolsa colgada del hombro, Neil se acerca a él con una sonrisa.

—Un gran día por delante —declara, frotándose las manos—. ¿Cómo te sientes?

—Bien. —Kieran me busca con la mirada y en sus labios se forma una sonrisa—. Hola.

—Hola —respondo, haciendo un gesto hacia Brian.

Kieran se gira en su dirección y su sonrisa se desvanece.

—Estás aquí, papá.

—Listo para ponerme en marcha. —Brian asiente y da un paso adelante para colocarse al lado de Neil.

Yo me despido con la cabeza y me retiro.

—¡Todo el mundo fuera, vamos! ¡Los coches nos esperan! —anuncia Neil—. Kieran, creo que te gustará el programa de actividades previas al partido que hemos preparado. Primero un par de masajes, luego un poco de calentamiento y acabaremos repasando la estrategia.

—Sí, está bien —dice Kieran distraído—. Flossie, Matthew vendrá a recogerte antes del partido. Jugamos en segundo lugar, así que la hora de inicio dependerá de lo que dure el primer encuentro, pero yo creo que probablemente será sobre las cuatro. ¿Qué opinas tú, Neil?

—En realidad, Kieran, yo... no creo que pueda ir a verte hoy —digo.

Se hace el silencio en el salón. Kieran se me queda mirando fijamente con expresión de desconcierto.

Neil baja la vista al suelo. Brian alza la barbilla.

Mis palabras van en contra de todos mis instintos.

Me gustaría estar en las gradas viéndolo jugar.

Necesito estar ahí para él. Y,hoy que han difundido detalles privados de mi infancia para el entretenimiento de la gente, necesito sentirme cerca de él.

Pero no se trata de lo que yo quiero o necesito, sino de lo que es mejor para él.

—¿No vas a venir? —dice Kieran lentamente, como si pronunciar las palabras en voz alta lo ayudara a comprenderlas.

—Tengo... —digo mientras mi cerebro hace todo lo posible para encontrar una excusa creíble— una entrevista de trabajo. Es por la tarde y no podré llegar a tiempo a Wimbledon.

Él ladea la cabeza.

—¿No puedes cambiarla?

—No, hay muchos candidatos y solo podía ser a esa hora.

Clava sus ojos en mí. Apesar de que lo intento, me resulta imposible sostenerle la mirada y bajo la vista al suelo.

—Esta es la primera vez que juego en la pista central —le oigo decir con un hilo de voz.

Dios, cómo duele esto. Joder. Está diciéndome que me necesita sin decirme que me necesita. Algo en mi interior se tambalea. Alo mejor todo el mundo lo ha entendido mal. Abro la boca para decir algo, pero Brian rodea a Neil y, acercándose a Kieran para darle unas palmadas en el brazo, dice: