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«Flora me rompió el corazón dejándome por un tenista guaperas y ricachón»: el exnovio del presunto nuevo amor de Kieran O’Sullivan finalmente rompe su silencio.
—De veras que no hacía falta que volvieras pronto, Kieran —digo con un suspiro al tiempo que coloco una mano en su brazo cuando se sienta a mi lado en el sofá—.
¡Mañana juegas el partido de semifinales!
Esto no es importante. Ya te he dicho que estoy bien.
No pasa nada, por favor, vuelve al entreno.
—No, esto no está bien —responde él antes de volverse hacia Nicole y fulminarla con la mirada—. ¿Qué opciones tiene para arreglar esto? ¿Podemos hacer que retiren el artículo?
Sentada en el sillón que hay junto a la ventana, Nicole deja sobre la mesita su taza de té.
—Me temo que Jonah tiene todo el derecho a hablar con los periodistas y darles su versión de los acontecimientos.
Usan la palabra «presunto» en todo el artículo, y todas las acusaciones son citas.
No hay nada que podamos hacer, salvo emitir un comunicado con la versión de Flora de la historia si eso es lo que ella quiere hacer, aunque me ha dicho que no es así.
—No, no quiero —le digo a Kieran con firmeza—. Prefiero dejarlo estar.
—Pero de este modo él consigue salirse con la suya —contesta Kieran hecho una furia.
Poniéndose de pie de un salto, se dirige hacia la chimenea frotándose la barbilla, irritado.
Una vez ahí, se da la vuelta con una intensa mirada de indignación—.
¡Estás permitiendo que diga todas estas cosas sobre ti con cero consecuencias!
—Sabes mejor que nadie cómo son las cosas, Kieran —le explico con el ceño fruncido—.
Es mejor no hacer nada. Lo que ha dicho no es tan malo.
Sí, claro, no me hace ninguna gracia que sugiera que lo dejé por ti e insinúe además que le mentí y lo engañé, pero también dice que mantuvimos una maravillosa relación durante tres años. Algo es algo.
—Una relación que, según este artículo, destrozaste sin remordimientos por mi riqueza y mi fama —dice Kieran airado, apretando los puños.
Al verlo deambular de un lado a otro del salón tan cabreado, me doy cuenta de que parece mucho más enfadado por este artículo que por todos los que se han publicado sobre él después del incidente en Warren House.
Y,si bien no quiero que esté tan molesto, hay algo realmente dulce y caballeroso en el hecho de que quiera salvaguardar mi honor.
No debería gustarme verlo así de irritado por mi culpa, pero no puedo evitarlo.
Aunque sé cuidar de mí misma, es muy sexy que quiera protegerme.
—Esto caerá en el olvido, Kieran. Cualquiera puede ver que se trata de un intento embarazoso y desesperado de un exnovio para publicitar su nueva obra de teatro —señalo, ofreciéndole una débil sonrisa para tranquilizarlo cuando me mira—.
La menciona algo así como diez veces en la entrevista.
En ella hace el papel de amante abandonado, así que ha podido usar la experiencia de nuestra relación para meterse en el personaje.
—Es un sinvergüenza —murmura Kieran con amargura.
—Sí, y se nota. Está disfrutando de sus cinco minutos de fama. —Me vuelvo hacia Nicole en busca de apoyo—. ¿No estás de acuerdo?
—Absolutamente —asiente ella, sonriéndome de un modo alentador—.
Lamento que haya sucedido esto, pero estoy de acuerdo en que el mejor modo de lidiar con ello es el silencio.
No queremos darle más publicidad al artículo convirtiéndolo en una situación en la que es la palabra de Jonah contra la de Flora.
Es mejor no hacer nada y dejar que la gente se olvide de él.
—¿Cómo es posible que hayan publicado todas estas mentiras sin fundamento? —dice Kieran airado, pasándose la mano por el pelo—. ¿Es que no verifican nada?
—Le preguntaron a Flora si quería hacer algún comentario —lo informa Nicole—. Ese es su modo de verificar.
—Tampoco es que exista un registro escrito sobre quién engañó a quién —digo, reclinándome de nuevo en los cojines del sofá—. Ydudo mucho que Zoe vaya a asomar la cabeza para contar la verdad. También le he pedido a Iris que no diga nada, aunque ella está casi tan enfadada como tú, Kieran.
—¡Tú y yo ni siquiera nos conocíamos cuando rompisteis! —protesta él—. Como vuelva a ver a este tío, como se atreva a acercarse a ti o a este piso, voy a...
Nicole se aclara exageradamente la garganta y le dirige una mirada reprensiva.
—Voy a... hablar con él —termina Kieran con los dientes apretados.
—No creo que vuelva a acercarse por aquí —digo, y, tras levantarme del sofá y acercarme a Kieran, lo cojo de las manos—. Te prometo que estoy bien.
Él exhala y, dejando caer los hombros, se inclina hacia delante para apoyar su frente en la mía.
—Odio que te haya hecho esto —murmura.
—Yo también, aunque, si te digo la verdad, no me duele tanto como pensaba —admito, apartándome para poder mirarlo directamente a los ojos—. Jonah ya no tiene ningún poder sobre mí.
Kieran suspira.
—Me alegro. Odio a ese tío.
—Olvídalo. Ymíralo así: la próxima vez que juguemos al tenis y me lances un globo, contaré con buena munición para mi golpe. Pensaré en esta entrevista con Jonah y, ¡BAM!, un smash ganador.
Kieran esboza una sonrisa y unas pequeñas arrugas se forman alrededor de sus ojos.
—Bueno, creo que yo ya me puedo marchar —anuncia Nicole, poniéndose de pie y cogiendo su bolso de marca—. ¿Seguro que estás bien, Flora?
Nos conocemos desde hace apenas una hora, pero la verdad es que me cae realmente bien. Es una mujer lista y pragmática de treinta y pico años que me recuerda un poco a Iris. En cuanto la conoces, sabes que quieres tenerla de tu lado.
—Estoy bien. Ha sido muy amable por tu parte venir a ayudarme con todo esto.
—Los amigos de Kieran son mis amigos. —Sonríe y cruza el salón en dirección a la puerta—.
Desde un punto de vista profesional, opino que estás tomando una decisión de lo más sensata al no contestar a esta entrevista.
Desde un punto de vista personal y únicamente entre tú y yo, me gustaría decir que tu exnovio no es más que un imbécil que busca atención y que nunca te ha merecido. Estás mejor sin él.
Me río.
—Gracias, te lo agradezco.
—Si necesitas alguna cosa más o si tienes alguna pregunta, llámame. Kieran, hablaremos más tarde de la prensa en relación con el torneo.
—Gracias, Nicole —dice él, acompañándola a la puerta de entrada.
Cuando sale de casa con las gafas de sol puestas y la cabeza gacha, oigo al instante el bombardeo de preguntas de los paparazzi que permanecen a la espera en la calle.
Acontinuación, la puerta se cierra y Kieran regresa al salón.
Apoyándose en el marco de la puerta, me observa atentamente mientras me muerdo una uña.
—¿Estás bien? —me pregunta con dulzura.
—Ya te he dicho que sí.
—Sí, ya, pero ¿estás diciéndome que estás bien cuando en realidad no lo estás?
Dejo caer la mano y sonrío.
—Lo que ha dicho de mí es una mierda y resulta vergonzoso, pero lo superaré.
—Lo siento mucho —dice en voz baja, mordisqueándose el labio—. Debes de haber pasado un día de mierda.
—En realidad, he dibujado un montón. Estoy avanzando con el libro —le digo animadamente—. No he visto el artículo hasta la hora de comer.
Kieran baja la mirada al suelo al tiempo que su expresión se ensombrece y las arrugas de su frente se acentúan.
—Todo esto es culpa mía. Una de las desventajas de conocerme. Intrusión en la privacidad.
—Oye —digo con suavidad, y, tras acercarme a él, le cojo el rostro con ambas manos—. Esto no es culpa tuya. Es Jonah quien ha decidido vender su historia a la prensa.
—Es culpa mía que estén husmeando en tu vida —dice entre dientes—. Yno se detendrán aquí. Seguirán escarbando y fisgoneando y haciéndote daño. Únicamente por tu relación conmigo.
—¡Basta, Kieran! —insisto con el corazón encogido por lo derrotado que parece—. No me importa.
—A mí sí. Amí sí —repite con expresión ceñuda—. Hasta que yo aparecí, no tenías que preocuparte por estas cosas. Ahora tu ex va por ahí aireando tus secretos y...
—Merece la pena —aseguro con firmeza, sosteniéndole la mirada—. ¿De acuerdo? Amí me merece la pena.
Él no dice nada y veo como su pecho asciende al inhalar profundamente.
—Estoy bien, te lo prometo. No tenemos que rebajarnos a su nivel —continúo diciendo—. Un día Jonah lo lamentará. Ahora déjalo estar, por favor. Tienes que concentrarte en el partido de semifinales de mañana. Me fastidia que hayas acabado el entreno antes de hora. Neil debe de estar cabreadísimo.
—No pasa nada, ya casi habíamos terminado de todos modos. Había planeado... una cita, de hecho.
Doy un paso atrás y alzo las cejas, sorprendida.
—¿En serio? ¿Esta tarde?
—Sí. He caído en la cuenta de que en realidad nunca hemos tenido una cita de verdad y, además, es importante disfrutar de algo de tiempo libre y relajarse, olvidarse del tenis por un rato. Me ha parecido que era la oportunidad perfecta para que saliéramos juntos.
—Pero hoy has tenido un entrenamiento muy duro. ¿No prefieres tirarte en el sofá o jugar a videojuegos con tu maquinita? Deberías estar descansando.
Su boca esboza una sonrisa burlona. Extendiendo las manos y colocándolas en mis caderas, me atrae hacia sí.
—Estoy relajado cuando estoy contigo —dice al tiempo que rodeo su cuello con mis brazos—. Ylo de llamar «maquinita» a mi PlayStation resulta degradante y hiere mis sentimientos.
—Te pido disculpas. Quería decir tu consola seria e importante.
—Gracias. Te perdono —dice con una sonrisa que acentúa los hoyuelos de sus mejillas—. Ya sé lo que podemos hacer. Creo que te gustará.
—Mañana te espera un día importante, Kieran. No podemos salir hasta tarde. Deberías quedarte aquí y relajarte.
—No saldremos hasta tarde. Todavía no sabes qué he planeado.
—¿Estás seguro de que quieres hacerlo? No quiero que te metas en un lío ni poner en peligro tu actuación de mañana.