Match Point 23 #2
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23 #2

—Que ella lo abandonara fue la gota que colmó el vaso.

Se vino abajo —explica Neil con tristeza—.

Se quedó destrozado. No podía concentrarse, perdió la confianza en sí mismo, odiaba a todo el mundo.

.. Y,encima, tuvo que dejar el tenis durante un largo tiempo a causa de una lesión.

Recuerdo pensar que quizá ya no volvería a jugar y que tal vez eso no sería algo tan malo.

Pero lo hizo. Es lo único que sabe hacer.

Para entonces, sin embargo, él y Brian se llevaban fatal.

Ninguno de los dos escuchaba al otro. No había manera.

—¿Fue entonces cuando Kieran prescindió de él?

—Ese fue el año que llegó a la semifinal del Abierto de Estados Unidos.

Yo estaba ahí de comentarista. Recuerdo verlo jugar y pensar: «Todavía no se ha rendido del todo».

Sabía que, si conseguía controlar su temperamento, tenía el talento necesario para ganar.

Ycon los años me ha demostrado que posee la motivación para llegar ahí, pero, siempre que está a punto de hacerlo, la presión puede con él.

Yluego hace como que no le importa y sale por ahí de copas, pierde los estribos, cabrea a los jueces de silla.

.. Procura mantener las expectativas bajas.

—Así no decepciona a nadie si pierde, especialmente a sí mismo.

—Exacto, Flora. Este año vuelve a estar en forma. Es fantástico, no podría sentirme más orgulloso.

Me lo quedo mirando con cautela.

—¿Por qué estás contándome todo esto, Neil? ¿Qué estoy haciendo aquí?

Él coge su copa, le da un sorbo y vuelve a dejarla en la mesa.

—Solo quería explicarte que Kieran ha pasado por momentos difíciles. El más perjudicial fue que Rachel lo abandonara por Chris. Por debajo de esa fachada amenazante, Kieran es un tipo sensible. Cuando ella le rompió el corazón, él dejó de creer que podía ganar.

—¿Qué tiene eso que ver conmigo?

Con la mirada fija en mí, alza la barbilla.

—¿Qué pasará cuando termine Wimbledon? ¿Qué ocurrirá con lo que hay entre vosotros dos?

—No hemos hablado de eso, Neil. Nos conocemos desde hace apenas tres semanas.

—A eso me refiero. El torneo terminará y ahora mismo Kieran está demostrándole a todo el mundo que todavía tiene mecha para seguir en el circuito.

¡Por el amor de Dios, Flora, tal y como está jugando ahora, podría incluso llevarse el trofeo!

¿Crees que Chris Courtney no estaba pensando eso mismo cuando lo provocó hasta sacarlo de quicio?

—Neil se inclina hacia delante y clava un índice en la mesa para acentuar lo que está diciendo—.

La carrera de Kieran está despegando de nuevo.

Si le va bien aquí, le irá bien en los demás torneos.

Ya no se retirará, esto puedo asegurártelo.

Me remuevo en el asiento.

—Todavía no entiendo qué tiene eso que ver conmigo.

Él vuelve a echarse hacia atrás y se cruza de brazos.

—¿Sabes cómo es la vida de un tenista?

—¿Ajetreada?

Él suelta una risa ahogada.

—No te imaginas cuánto. Los tenistas están constantemente de un lado a otro, viajando por el mundo. Es una vida difícil y mantener una relación es duro. Sobre todo una nueva. Créeme. He estado casado tres veces.

—Neil, yo no...

—A Kieran le gustas, Flora —afirma, y su relajada sonrisa da paso a una prieta y delgada línea—.

Lo he visto con otras chicas, pero esto es distinto.

—Me sonrojo intensamente y le doy otro sorbo a mi copa—.

Así que déjame explicarte lo que sucederá a continuación.

Ambos vivís un romance apasionado ahora que os encontráis dentro de esta burbuja perfecta que es Wimbledon.

Amedida que vaya pasando el tiempo, sin embargo, la realidad se irá imponiendo.

Al final, la relación se irá a pique y Kieran habrá desaprovechado la mejor oportunidad de su carrera para conseguir todos los sueños que ha tenido desde pequeño.

Se me hace un nudo en la garganta.

—¿Qué estás intentando decir?

—Que, en lo que respecta a los asuntos del corazón, es humano ser egoísta. Sin embargo, a lo mejor deberías considerar el coste que, en última instancia, todo esto tendrá para él.

—¿Por qué estás tan seguro de que no podría ganar independientemente de lo que suceda entre nosotros?

—Porque, a diferencia de ti, conozco muy bien a Kieran —afirma—. Me paga un montón de dinero para que sea la persona que le diga qué es bueno para él y qué no.

—Pero tú no eres esa persona para mí —le recuerdo fríamente.

Él parece sorprendido por mi réplica. Una gélida sonrisa se forma en sus labios.

—No, pero quizá pueda darte un consejo como... amigo. Aveces, Flora, es mejor retirarse antes de que alguien termine haciéndose daño de verdad.

Hace una pausa para coger su móvil y lee el mensaje que acaba de recibir con la frente arrugada por la concentración.

—Me temo que tengo que marcharme —dice, levantándose de la silla—.

Puedes quedarte un poco más aquí y disfrutar de las vistas.

Los empleados te han visto entrar conmigo, así que no te molestarán.

—Vacila un momento y, tras aclararse la garganta, añade—: No me malinterpretes, Flora, nada de esto es personal. Se trata únicamente de... negocios.

—En realidad, Neil, yo creo que es muy personal —murmuro, arqueando una ceja.

Él baja un momento la mirada a sus pies antes de encogerse de hombros, como diciéndome «qué le voy a hacer».

—Te agradecería que mantuvieras esta conversación entre nosotros —dice—. Independientemente de lo que opines sobre todo lo que he dicho, no me equivoco al decir que Kieran es un alma sensible. Yahora mismo me necesita.

Aprieto los labios, negándome a darle la satisfacción de mostrarme de acuerdo.

—Está bien, pues. —Asiente con firmeza y, tras dar media vuelta, se marcha del bar.

Con el corazón encogido, me vuelvo para mirar las pistas.

De tanto en tanto, se oyen vítores cuando uno de los jugadores que están en ellas se acerca un poco más a cumplir sus sueños.

Me bebo lo que me queda en la copa y me marcho.

Las gafas de sol ocultan las lágrimas de humillación que me anegan los ojos mientras vuelvo a casa sola.