21 #2
—Quieres hacerlo a tu manera. Lo respeto. —Repara entonces en que alguien lo saluda con la mano desde el otro lado de la sala para llamar su atención y me ofrece una sonrisa de disculpa—. Lo siento, me requieren en otro lugar. Espero que volvamos a vernos, Flora.
Se marcha abriéndose paso entre la multitud con su acompañante. Kieran observa como se aleja fulminándolo con la mirada.
—¿Estás bien? —pregunto cautelosamente, volviéndome hacia él para verlo bien y protegiéndolo de cualquier otro que quiera acercarse.
—Sí —dice con voz ronca—. Es... irritante.
Suelto una risa ahogada.
—Ya puedes decirlo. Lo cierto es que ha resultado ser tal y como imaginaba. Un capullo zalamero.
Kieran enarca las cejas, sorprendido, y a continuación esboza una amplia sonrisa.
—Sé que no debería alegrarme por esto y que estoy siendo egoísta, pero... —se queda callado un momento y me mira con los ojos centelleantes— estoy jodidamente contento de que te caiga mal.
Me río.
—Entiendo por qué lo odias tú a él, pero ¿cuál es su problema? ¿No debería estar avergonzado por todo lo de Rachel? Ya sabes, por cómo se desarrollaron los acontecimientos. Podría disculparse o, al menos, asegurarse de no cruzarse en tu camino.
—Chris no es así —dice Kieran con amargura—. Se trata de alguien rematadamente ambicioso al que le encanta la atención y que, sobre todo, detesta perder. Eso es lo que lo convierte en un jugador de tenis tan bueno.
—Tú también eres todas esas cosas, salvo lo de la atención.
—Cuando jugué con él aquella final del Abierto de Australia, todo el interés estaba puesto en mí —recuerda Kieran arrugando el entrecejo—.
Por lo joven que era y todo lo sucedido con Aidan, la prensa solo hablaba de mí.
Chris tenía más o menos mi edad y, obviamente, lo había hecho muy bien para llegar a la final, pero no le importaba a nadie.
Eso le sentó fatal. Yme culpó a mí de ello.
Desde su punto de vista, la joven estrella era él, no yo.
—Pero él ganó, ¿cómo es que todavía te tiene manía?
—Después de esa final, la prensa decidió enfrentarnos y se aseguraba de hacernos saber cualquier comentario hiriente que hubiera dicho el otro.
Ambos éramos unos niños, así que picábamos y no dudábamos en responder.
Él comenzó a decir cosas feas sobre mí, y yo otras peores sobre él.
Un círculo vicioso animado por los medios, vamos.
No dejábamos de lanzarnos pullas, y la prensa las publicaba y vendía periódicos.
Se convirtió en un gran entretenimiento, supongo.
Ya puedes imaginarte lo mucho que exprimieron el drama que supuso el hecho de que Rachel me dejara por él.
—Debió de ser horrible.
—Uno de los peores momentos de mi vida —admite antes de dedicarme una leve sonrisa—.
No tienes ni idea de lo terrible que fue cuando la prensa fue a por mí.
.. —Su voz se apaga y, momentáneamente absorto en sus recuerdos, se le vidrian los ojos.
Un segundo después, se recompone y se aclara la garganta—.
Ahora ya forma parte del pasado. Pasé página y aprendí a mantener mi vida privada solo para mí.
Apartir de entonces comenzó a resultarme difícil confiar en nadie, sobre todo por el hecho de que Rachel y Chris no dejaban de conceder entrevistas.
—Uf. Diría que te libraste de una buena. ¿Yse puede saber qué ve ella en Chris? Parece disfrutar haciéndote sentir incómodo.
—Sí. Dejando de lado nuestra rivalidad, tengo entendido que no es una persona muy decente que digamos.
Esperemos que lo eliminen y no tenga que enfrentarme a él —dice Kieran melancólicamente, echándole un vistazo a Chris cuando la gente que hay a su alrededor estalla en carcajadas ante un comentario que ha hecho.
Él se ríe más alto que nadie de su propia broma.
—Pensaba que a los enemigos les gustaba el desafío de enfrentarse entre sí —observo—. ¿No es eso lo que pensáis los atletas? ¿Que tenéis que vencer a los mejores para convertiros en el número uno?
Kieran me mira con expresión de sorpresa.
—¿Es que todo tu conocimiento sobre deportes sale de las pelis?
—Básicamente, sí.
—Se nota. —Esboza una sonrisa cómplice y las arrugas que se forman alrededor de su boca provocan un revoloteo de mariposas en mi estómago—.
Obviamente, nada me gustaría más que ganar a Chris Courtney en un torneo de tenis, pero al mismo tiempo también detesto enfrentarme a él.
Disfruta atacando psicológicamente a sus contrincantes.
—¿Provocando?
Kieran aprieta los labios.
—Peor. Sabe exactamente qué decir para desequilibrarte. No tiene problemas en rebajarse y golpear donde duele.
Sus ojos se oscurecen mientras sigue mirando a Chris desde la distancia. Apenas puedo imaginar el tipo de comentarios que Kieran habrá tenido que soportar de alguien así. Busco su mano y entrelazo mis dedos con los suyos para que aparte la vista de Chris y se vuelva hacia mí.
—Una voz más que acallar, pues —digo—. Tienes que encontrar un modo de ignorarlo y no dejar que esos comentarios te afecten.
Oye, ¿recuerdas eso que le dijiste a Jonah de que detestas a la gente que menosprecia a los demás para sentirse más importante?
Ya sabes, justo antes de que lo estamparas contra la nevera.
—Vagamente.
—Chris hace lo mismo. Que vaya por ahí insultando no lo convierte en mejor jugador en la pista. Es más bien una señal de debilidad. Al esforzarse en hacer esos comentarios hirientes, está dejando entrever sus propias inseguridades. Sabe que puedes ganarle, por eso trata de minarte la moral.
Él considera lo que acabo de decir con el ceño fruncido.
—¡Kieran! —nos interrumpe de repente Neil, acercándose a nosotros acompañado de un rostro que me resulta muy familiar—. Me gustaría presentarte a John McEnroe.
Los ojos de Kieran se iluminan cuando le estrecha la mano.
—Es un honor, señor.
Puede que no sea una experta en tenis, pero sé quién es John McEnroe, sin duda uno de los jugadores más importantes de la historia.
Sonrío educadamente mientras ellos entablan una conversación, aunque, poco después de que Kieran me haya presentado, aprovecho la oportunidad para dejar mi copa y me disculpo para ir al baño.
Es obvio que Kieran está charlando con uno de sus héroes —ambos se han puesto a bromear sobre los peligros de perder los estribos en la pista— y no querría estorbarle durante un encuentro tan especial para él.
Y,además, Neil estaba haciendo todo lo posible para mantenerme fuera de la conversación.
Mientras estoy en el cuarto de baño, me pregunto si no debería aprovechar la velada para intentar congraciarme con Neil. Si me muestro lo suficientemente encantadora y le dejo claro que no es mi intención distraer a Kieran de la competición, puede que comience a ser más amable conmigo.
Merece la pena intentarlo.
Tras comprobar mi aspecto en el espejo y retocarme el pintalabios, salgo del cuarto de baño y me abro paso a través de los invitados hacia Neil y Kieran. Cuando estoy a medio camino, sin embargo, alguien se interpone, bloqueándome el paso.
—Flora, ¿verdad? —dice Chris Courtney, mirándome fijamente con sus destellantes ojos castaños. Acontinuación, baja la vista y repara en mi mano vacía—. ¡No tienes copa! ¡Tenemos que solucionar eso!
—No pasa nada, tengo una en...
Él chasquea los dedos para llamar la atención de un camarero que en ese momento pasa a nuestro lado y, tras coger una copa de vino de su bandeja, me la ofrece.
—Aquí tienes.
—En realidad, no estaba bebiendo vino tinto. Preferiría...
—Bueno, ¿qué es lo que hay entre tú y O’Sullivan? —me interrumpe, pasándose una mano por el pelo—. ¿Qué ha hecho para agenciarse a una chica como tú?
Mis mejillas se sonrojan.
—Pues... nada. Nos conocimos hace poco y me parece alguien estupendo.
Él suelta una risa ahogada.
—¿Estupendo? Esa no es exactamente la palabra que yo usaría para definirlo.
—Cada uno tiene su opinión.
Me dispongo a rodearlo, pero él se mueve para bloquearme de nuevo el paso.
—La cosa, Flora, es que odiaría que te llevaras una impresión equivocada —dice, inclinándose hacia mí con aire conspirativo y obligándome a retroceder un paso—. No deberías andar con alguien como Kieran. No es de los favoritos, si sabes a lo que me refiero.
Lo fulmino con la mirada.
—No tengo ni idea de lo que quieres decir.
—Es imprevisible en la pista. Impulsivo y reactivo. Esas no son buenas cualidades. —Exhala un suspiro, observándome compasivamente—. Deberías estar con un ganador, no con un perdedor.
Ignorándolo, vuelvo a intentar rodearlo, pero él me lo impide.
—Hablaba en serio sobre lo de la gente del mundo del arte que puedo presentarte —dice en voz baja y enarcando las cejas—. Si alguna vez quieres venir a casa a tomar una copa, mi puerta está abierta.
Extiende una mano y me acaricia levemente el brazo con los dedos.
Yo me aparto de golpe y me lo quedo mirando con incredulidad.
—Estás casado.
—Mi mujer está fuera, de rodaje —dice, encogiéndose de hombros con una sonrisa pícara.
—Lo que realmente quiero es volver con Kieran —murmuro sin molestarme en disimular el rechazo que me provoca—. Haz el favor de apartarte.
—Tranquila, mujer, solo estamos hablando —dice despreocupado, mirándome como si estuviera reaccionando de un modo exagerado—. Estaba intentando hacerte un favor.
—¿Va todo bien por aquí? —pregunta Kieran, apareciendo de la nada de repente y cerniéndose sobre mí. Sus ojos rezuman preocupación.
—Todo bien —digo con rapidez, consciente de que algunos invitados están comenzando a mirarnos—. No es nada.
—No lo parece —dice él con un gruñido, encarándose con Chris con los puños apretados a ambos lados—. ¿Qué le has dicho?
Chris suelta una carcajada, atrayendo aún más atención.
—Estás un poco paranoico, ¿no, Kieran? Solo estábamos hablando.
¿Está eso permitido o te sientes amenazado por mí?
Estoy casado, ¿lo recuerdas, colega? —dice en tono burlón, y después añade en voz baja para que nadie más lo oiga—: Creo que ya conoces a mi esposa.
O,al menos, eso pensabas... Ups, ¿no estaré metiendo el dedo en la llaga?
—Déjalo estar, Kieran —digo con severidad al reparar en la tensión de su mandíbula—. Ignóralo, por favor.
—¿Quieres saber de qué estábamos hablando Flora y yo?
—dice Chris, deleitándose en la reacción de Kieran y provocándolo aún más por pura diversión—.
Estaba diciéndole lo que todo el mundo sabe.
Que no puedes ganar. Nunca lo has hecho y nunca lo harás.
Puede que este año hayas tenido algo de suerte, pero todos sabemos que no durará.
Eres incapaz de llegar hasta el final. Siempre caes en el último obstáculo.
—Te estoy advirtiendo, Chris —dice Kieran en un tono tan venenoso que se me retuerce el estómago. Sus ojos arden de ira.
—¿Qué? —Chris alza las cejas, divertido—.
¿Qué vas a hacer, Kieran? ¿Perder los estribos?
Eso no sería ninguna sorpresa para nadie, ¿verdad?
Lo hemos visto en muchas ocasiones. Cada vez que te gano, estallas de rabia.
Una vez, y otra, y otra. —Y, tras chasquear la lengua, se vuelve hacia mí—.
¿De veras quieres estar con alguien que tiene un berrinche cuando no consigue lo que quiere?
—No te dirijas a ella —le advierte Kieran, dando un paso adelante hasta quedar a unos centímetros de su rostro.
La sala se ha quedado en silencio y todo el mundo está pendiente de la confrontación, salvo el cuarteto de cuerda, que sigue tocando heroicamente, proporcionándole a la dramática escena una estremecedora melodía clásica.
Noto como el pánico asciende por mi garganta cuando reparo en que Neil nos mira horrorizado.
Estamos montando una escena y la culpa es toda mía.
Extiendo la mano para coger a Kieran por el brazo, pero él se zafa de mí.
Una sonrisa de suficiencia se extiende por el rostro de Chris, cuyos ojos brillan con la satisfacción de haber conseguido provocar a su viejo contrincante.
—Te cuesta mantener el control, ¿verdad, Kieran?
No puedes soportar el hecho de que te derrote siempre.
Has perdido todos los partidos de Grand Slam que has jugado contra mí y también a Rachel.
Eso todavía debe de dolerte. ¿Es eso en lo que piensas cuando jugamos?
¿En que nunca llegaste a ser suficiente para ella y por eso me eligió a mí?
¿En que no podías darle lo que quería y yo sí?
El pecho de Kieran asciende dramáticamente con una profunda inhalación y luego, al exhalar, baja la mirada y niega con la cabeza. Cuando da media vuelta y comienza a alejarse de Chris, siento una oleada de alivio.
Ha encontrado la fortaleza necesaria para no caer en la provocación.
—Lo que me pregunto es por qué te molestas en seguir jugando cuando sabes que no puedes ganar —dice Chris, alzando la voz para que lo oiga—. Sabes perfectamente que no eres capaz de soportar la presión. Es algo que está en la sangre de los O’Sullivan.
Kieran se queda inmóvil. Sus ojos se abren como platos y su cuerpo se encorva un poco, como si acabaran de darle un puñetazo en el estómago y se hubiera quedado sin respiración.
Sé lo que va a pasar, puedo adivinarlo en su mirada rebosante de rabia.
Antes de que pueda hacer nada para detenerlo, da media vuelta y, sin decir una palabra, ahí mismo, en medio de la fiesta, le da un puñetazo a Chris Courtney en toda la cara.