21
Para el evento de esta noche han alquilado el hotel Warren House entero, una majestuosa mansión victoriana situada en una finca extensa y apartada.
Hay una alfombra roja, pero no paparazzi , solo los fotógrafos oficiales contratados por la organización, y el salón de baile tiene un aspecto increíble, con docenas de parpadeantes velas y extravagantes arreglos florales de color verde y púrpura.
Un cuarteto de cuerda toca en un rincón al fondo de la sala y, en la entrada, los camareros reciben a los invitados con una copa de champán.
Cojo una sin dudarlo —voy a necesitar todo el valor posible en un evento de semejante nivel—, mientras que Kieran opta por un refresco, pues al día siguiente juega el partido de la cuarta ronda.
Desde el momento en el que entramos en la fiesta, Kieran apenas se separa de mí.
Me guía por la sala con una mano protectora en la parte baja de mi espalda y permanece a mi lado mientras me presenta a la presidenta y a su marido.
Luego vuelve a colocar la mano en la base de mi columna y, zigzagueando entre la multitud de glamurosos invitados, me conduce hasta una ventana con vistas al jardín.
Puede que yo no sea una gran aficionada al tenis, pero, aun así, puedo reconocer a algunas de las grandes estrellas del deporte que hay en la sala —Serena Williams está conversando con alguien a apenas un metro de mí—.
No obstante, pronto me veo distraída por la llegada de varios socios del club, deseosos de presentarse.
Los dedos de Kieran rozan los míos cuando le hacen algunas preguntas y, mientras él les responde vaga y tímidamente, advierto que no deja de echarme miradas.
Al principio, pienso que tal vez le preocupe que no conozca a nadie y me sienta fuera de mi zona de confort, de modo que hago un gran esfuerzo para mostrarme tan cordial y amigable como puedo.
Entablo conversaciones con otros invitados cercanos con la esperanza de tranquilizarlo, pues no quiero que tenga la sensación de que debe estar cuidándome toda la noche.
Poco a poco, sin embargo, resulta evidente que en realidad quiere estar cerca de mí.
Aquí está tenso y se muestra más reservado de lo habitual.
Me doy cuenta entonces de que estos días he podido disfrutar del raro privilegio de ver a Kieran O’Sullivan en casa, relajado y tranquilo.
Fuera de esas paredes, en cambio, da la impresión de ser la persona que los demás esperan que sea: malhumorada y fría.
Pero yo sé que en realidad no es ninguna de esas dos cosas.
—¡Ah, Kieran, aquí estás! —dice Neil, apareciendo de repente a nuestro lado y dándole unas palmadas en el brazo con expresión aliviada—. Me alegro de verte. —A continuación, se vuelve hacia mí y se le tensa la mandíbula—. Ytambién a ti, Flora.
—Gracias por pedirle a la presidenta que le permitiera a Kieran traer una invitada —le digo agradecida.
—Sí, bueno, no estoy seguro de que me haya dado otra opción —dice entre dientes antes de aclararse la garganta—. En cualquier caso, hay mucha gente con la que me gustaría que intercambiaras algunas palabras, Kieran, así que quédate donde estás y volveré dentro de un momento.
—Me muero de ganas —dice Kieran en voz baja, poniendo los ojos en blanco cuando Neil se va.
—¿Qué ha querido decir con eso? —pregunto mientras veo como se aleja en busca de alguien—. Con lo de que no le has dado otra opción.
—Le dije que, si no conseguía una invitación para ti, no contara con que yo hiciera acto de presencia —contesta tranquilamente, y le da un sorbo a su bebida.
—¡Kieran! ¡Estoy intentando caerle bien! Con estas exigencias de diva en mi nombre, no me ayudas nada.
—Es la segunda vez que me llamas diva, Flossie. Estoy comenzando a pensar que la primera vez no lo hiciste en broma.
—Pero ¿tú te has visto? Te niegas a beber agua del grifo.
—No me niego. Es solo que... prefiero la embotellada.
—Una típica excusa de diva.
Él sonríe para sí.
—En cualquier caso, a Neil le caes bien. ¿A quién podrías caerle mal?
—Pues a ti cuando nos conocimos —le recuerdo secamente.
—No me caíste mal. —Y, tras vacilar un momento, añade—: Bueno, quizá un poco. Pero en gran medida fue porque me tiraste una copa de vino encima. Ylo superé rápido. Luego ya solo me parecías irritante.
—¡Qué cosas tan bonitas me dices! Eso me tranquiliza.
Enarcando una ceja, Kieran baja entonces el tono de voz y dice:
—Eso no impidió que pensara en ti envuelta en esa toalla. —Me arden las mejillas bajo su penetrante mirada—. Y,de todos modos, ¿qué más te da lo que piense Neil de ti?
—Es tu entrenador. Es alguien... importante.
Me doy cuenta de que estoy adentrándome en un territorio desconocido. No quiero mentirle y comportarme como si no me importara lo que la gente cercana a él piense de mí, pero tampoco quiero asustarlo actuando como una novia que busca desesperadamente la aprobación de sus amigos y familiares.
—Solo pienso que todo sería más fácil en general si le cayera bien a Neil —añado—. Si no quiere que acuda a ciertos eventos, quizá podrías transigir.
—Aprecio la sugerencia, pero no estoy de acuerdo —responde Kieran, encogiéndose de hombros.
—Probablemente piensa que soy una distracción. Ymala.
—Si es así, es idiota. —Kieran frunce el ceño y luego se vuelve hacia mí—. En todo caso, tú haces que quiera ser mejor.
Su forma de mirarme hace que el corazón comience a martillearme con fuerza en el pecho y que una hormigueante calidez se extienda por mis venas.
Luego su mirada se suaviza y casi me sonríe, con lo que me entran ganas de rodearlo con los brazos, besarlo con ternura y decirle que estoy orgullosa de todo lo que ha conseguido.
Que estoy aquí para él. Que seguiré animándolo.
Yque lo apoyaré si pierde. Lo que necesite. Estoy de su lado.
En vez de eso, sin embargo, le doy un sorbo a mi bebida y digo:
—Últimamente estás jugando bastante bien.
—Sí, no lo estoy haciendo mal.
—Es gracias a las pompas de jabón previas al partido, ¿verdad?
Él se ríe levemente y asiente.
—En efecto, deben de ser las pompas de jabón.
Alguien choca por accidente con el hombro de Kieran al pasar a su lado.
—Perdona, tío... ¡Kieran! —La sonrisa de disculpa del tipo se desvanece.
Kieran se pone rígido y, de repente, todo él parece exudar hostilidad.
El otro hombre me resulta familiar, pero tardo un momento en darme cuenta de que se trata de Chris Courtney, el jugador de tenis australiano y principal rival de Kieran en la pista.
El que se casó con su exnovia poco después de que hubieran roto.
Y,si bien no hay duda de que, ocasionalmente, los periódicos sensacionalistas exageran o malinterpretan los asuntos privados de los famosos, la tensión entre estos dos hombres es suficiente para confirmar que todos esos artículos sobre lo mucho que se detestan son acertados.
Son ambos tan altos que sus ojos quedan al mismo nivel, y se miran con la misma frialdad.
Chris es un par de años mayor que Kieran y luce una espesa y larga mata de pelo claro, tiene los ojos castaños y sus rasgos son suaves.
Es atractivo, aunque con una belleza más bien juvenil.
Relajando los hombros y adoptando una sonrisa distendida, Chris se mete una mano en el bolsillo y extiende la otra hacia Kieran. Aregañadientes, este se la estrecha. La atmósfera entre ambos es tan fría que siento un escalofrío en la columna.
—¿Cómo estás, tío? —pregunta Chris, dejando caer la mano a un lado.
—Bien, gracias —responde Kieran con frialdad.
—Ya he visto que no te ha ido mal esta semana.
Parece que todavía escondes algunas sorpresas debajo de la manga, ¿eh?
Aver cuánto te dura —dice Chris, ladeando la cabeza.
Como Kieran no responde, su mirada se desvía hacia mí y ensancha los ojos, intrigado—.
Lo siento, qué grosero por mi parte. Soy Chris Courtney.
Me ofrece una mano y yo se la estrecho con educación.
—Flora.
—Encantado de conocerte, Flora —dice, sosteniendo mi mano más tiempo del necesario. Aprovecha la oportunidad para mirarme de arriba abajo—. Un auténtico placer.
—Igualmente.
Kieran vuelve a colocar una mano en la parte baja de mi espalda e instintivamente me inclino hacia él. Chris advierte el gesto y parece confundido.
—Cuéntame, Flora, ¿a qué te dedicas? —pregunta con una sonrisa insinuante.
—Oh, a nada especial. Antes trabajaba de asistente personal y luego...
—Es artista —me interrumpe Kieran, dándome un golpecito con la cadera.
—Aspirante a artista, más bien —aclaro, sonrojándome.
Chris alza una ceja.
—Estoy seguro de que tienes mucho talento.
—Así es —asegura Kieran.
—No lo dudo. —Chris sonríe, y deja vagar la mirada por mi vestido de un modo que me eriza la piel—. Me encantaría ver tu trabajo alguna vez. Tengo muy buen ojo para el arte, Flora.
Kieran cambia de postura y noto como la presión de su mano en mi espalda aumenta.
—¿En serio? —digo, fingiendo interés, pero desesperada por que nos deje en paz de una vez.
—Más o menos por la época en la que gané mi primer Grand Slam.
.. Lo recuerdas, ¿verdad, Kieran? Creo que estabas ahí.
.. —Hace una pausa para guiñarme un ojo y Kieran aprieta la mandíbula—.
Por aquel entonces, decía, compré una pieza fascinante de un joven artista llamado Trent Bloom del que nadie había oído hablar.
Ahora es un pez gordo de la escena artística de Nueva York.
Sus obras se venden por cientos de miles de dólares.
—Vaya, eso es... increíble.
—Si quieres, puedo presentarte a algunas personas —sugiere Chris. Acontinuación, le da un trago a su bebida y la sorbe ruidosamente entre los dientes—. Conozco a muchos tipos importantes. Solo tienes que decírmelo y te organizo un encuentro.
—Oh, gracias, pero no hace falta —contesto.
Oigo como Kieran exhala con lentitud a mi lado y deja caer los hombros.
Observándome con curiosidad, Chris asiente.