Match Point 18 #2
59%

18 #2

—Puede que tengas algo de razón. No debe de resultarles fácil a mis publicistas conseguir que esa furia ostentosa no sea algo negativo a ojos del público —dice, y reparo en que echa un vistazo por encima de mi hombro.

Sus cejas se alzan de golpe y, con aire cómplice, se inclina hacia mí—.

Aunque puede que estén equivocados en lo que respecta a mi accesibilidad.

Ahora mismo, por ejemplo, alguien se acerca a mí.

Al mismo tiempo que fuerza una sonrisa cordial, me doy la vuelta en el taburete para ver quién viene y, de repente, me encuentro cara a cara con...

—¡Zoe! —exclamo horrorizada, y de inmediato se me forma un nudo en el estómago.

—Hola, Flora —dice ella tímidamente. Su mirada oscila de mí a Kieran y luego de vuelta a mí—.

Espero que no te importe que os interrumpa.

—Echa otro vistazo a Kieran con una amplia sonrisa—.

Soy una gran seguidora tuya y no dejo de verte por el vecindario.

Como tarde o temprano íbamos a encontrarnos, he pensado que sería buena idea venir a presentarme.

—¿Os conocéis? —pregunta Kieran al tiempo que la tensión de sus hombros se relaja.

—Zoe es la vecina de al lado —digo en un tono de voz tirante y con el rubor abrasándome el rostro.

—Ah, vale. Hola, Zoe. Lamento lo de los periodistas en la calle —comienza a decir Kieran, alargando una mano para estrechársela afectuosamente—. Espero que no te hayan molestado demasiado.

—No suponen ningún problema —dice ella, quitándole importancia con un gesto de la mano—.

Felicidades por tu victoria de hoy. Ha sido un partido fantástico y has jugado de maravilla.

—Una sonrisa se extiende por su rostro y los ojos le relucen bajo las largas y parpadeantes pestañas—.

Tengo entradas para las semifinales en la pista central.

No me cabe ninguna duda de que te veré allí.

Él sonríe con modestia, bajando momentáneamente la mirada a los pies y luego volviendo a levantarla.

—Es muy amable por tu parte, Zoe, gracias.

—Yo... tengo que ir al baño —digo con un graznido, bajándome del taburete. Me abro paso entre la gente que hay en el pub en dirección a los servicios. La lluvia ha arreciado y esto está cada vez más lleno.

Al llegar al cuarto de baño, me vuelvo para echarles un vistazo a Kieran y a Zoe. Ya están enfrascados en una animada conversación. Con el corazón encogido, abro la puerta y, tras encerrarme en un cubículo, me siento en un retrete y entierro el rostro en las manos.

Por supuesto que Kieran no tiene ningún problema en charlar con Zoe.

Es una chica encantadora, amable y atractiva, con una sonrisa perfecta y unos ojos despampanantes.

Seguro que se ha fijado en lo bien que le sienta la ropa que lleva: ese top de seda de color naranja oscuro y esos pantalones cortos de lino de color blanco y cintura alta resaltan su inmaculada piel y su silueta de modelo.

Kieran siempre ha salido con modelos, actrices y mujeres increíblemente glamurosas que han nacido para destacar. Mujeres como Zoe.

No como yo.

No me puedo creer que Zoe se haya presentado así, como si nada.

¿Tan insignificante e inofensiva le parezco?

¿Acaso piensa que lo que hizo no importa?

¿Cree que, como han pasado ya unos pocos meses, podemos olvidarnos de ello y fingir que no ocurrió nada?

Pues a mí no me parece bien. Soy consciente de que había dos personas en esa cama y de que Jonah es el principal culpable.

Era él quien tenía novia, quien rompió sus promesas.

Ella no me debía lealtad alguna; que hubiéramos mantenido algunas conversaciones cordiales no quería decir que fuéramos amigas.

Aun así, no deja de fastidiarme que no le insistiera a Jonah para que cortara antes conmigo y evitarme esa traición.

Accedió a acostarse con él a sabiendas de que, con ello, yo estaba resultando humillada.

Si quedé como una idiota fue también por culpa suya.

Que ahora se acerque a Kieran y a mí con este descaro me resulta jodidamente doloroso.

Respiro hondo y me recuerdo lo lejos que he llegado desde el pasado enero.

Ella no debería importarme lo más mínimo.

Pero Kieran sí, y seguir sentada en este cubículo sintiendo lástima por mí misma no va a servir de nada.

No puedo dejarme intimidar por la belleza y el estilo de Zoe hasta el punto de excluirme de mi propia cita.

Bueno, al menos creo que lo es. Kieran no lo ha dicho explícitamente, pero hemos venido hasta aquí cogidos de la mano. Eso lo convierte en una cita, ¿no?

Al cruzar el pub de vuelta a la mesa, veo que Zoe sigue con Kieran y el corazón se me encoge de golpe.

Están jugando a los dardos. Me detengo a unos metros, incapaz de acercarme más.

Mis pies no parecen poder moverse. Veo como Zoe se coloca para tirar, animada por Kieran.

Acontinuación, apunta y lanza el dardo.

Acierta en pleno centro de la diana. Kieran se queda boquiabierto.

Después de soltar un chillido de alegría, ella se pone a dar saltitos de la emoción y se abraza a él para celebrarlo.

La punzada que siento en el pecho es tan intensa que las lágrimas me anegan los ojos.

Tengo que marcharme de aquí. Me abro paso entre un desconcertado grupo de gente que hay junto a la puerta y salgo como una exhalación.

Ahora está diluviando y no tengo ni siquiera un chubasquero, pero no me importa.

Siento una opresión en el pecho y necesito respirar aire fresco.

Cierro los ojos y me quedo unos segundos inhalando y exhalando lentamente, dejando que la lluvia me empape la ropa y el pelo.

Luego, abrazándome a mí misma, comienzo a caminar, alejándome del pub .

—¡Flossie!

Al oír la voz de Kieran, doy un respingo. Me giro y descubro que está justo detrás de mí, encorvado bajo la lluvia y con una expresión confundida en el rostro.

—¿Se puede saber adónde vas? —pregunta desconcertado—. ¡Estás empapada! ¿Qué sucede?

—Yo... tengo que ir a casa. Tú vuelve al pub y pásatelo bien —contesto secamente.

—Flossie —dice él, cogiéndome de la muñeca e impidiéndome que me marche—. No me lo pasaré bien si tú no estás conmigo. Cuéntame qué ha ocurrido, por favor. ¿Alguien te ha dicho algo? ¿Has leído algo en internet? Te he dicho que no miraras nada.

Niego con la cabeza y sorbo por la nariz.

—No, no es nada de eso. Es... demasiado vergonzoso. No puedo contártelo.

—Sí que puedes —afirma con seriedad mientras las gotas de lluvia resbalan por sus mejillas y, recorriendo su barba incipiente, terminan cayendo por su cincelada mandíbula.

Joder, bajo la lluvia es todavía más guapo.

La piel le reluce y la camisa que lleva está tan empapada que se le ha pegado al cuerpo, acentuando cada curva de sus definidos músculos.

Me apuesto algo a que él no está pensando nada semejante sobre mí.

Imagino que, a estas alturas, el maquillaje debe de habérseme corrido por la cara y seguramente parezco una especie de panda mojado y triste.

Con el corazón en un puño, decido contárselo. Estamos de pie bajo la lluvia por mi culpa y está claro que he estado llorando, así que tampoco puedo fingir que no es nada. Y,además, no quiero mentirle.

—Jonah me engañó con Zoe —digo en voz baja, incapaz de mirarlo a los ojos.

Oigo como coge aire con fuerza.

—¿Esa Zoe? ¿La chica con la que estaba hablando? ¿Tu vecina de al lado?

Asiento con aire sombrío.

—Sí. Un día volví a casa y me los encontré juntos en nuestra cama. Zoe me pidió perdón y sé que fue culpa de él, no de ella, pero... no somos amigas.

—Ya, comprensible.

—Siento haberme marchado así —murmuro con un tartamudeo y mordisqueándome el labio—. Desearía ser más fuerte, pero me resulta muy difícil cuando me comparo con ella.

—¿Qué estás diciendo, Flossie? —pregunta Kieran, y percibo cierto dejo de diversión en su tono de voz, lo cual hace que el cuchillo se me clave aún más profundamente.

Puede que todo esto le parezca tan patético que le resulte hasta gracioso.

—Zoe es brillante, guapa, divertida y lista.

Lo tiene todo a su favor, y sé que es difícil no sentirse atraído por ella porque, bueno, es perfecta, así que no quería quedarme ahí y verte.

.. ligar con ella. Ya sabes, tú eres un famoso jugador de tenis con pintas de modelo —él suelta una risa ahogada, como si estuviera bromeando, pero hablo en serio, así que no me río—, de modo que tiene sentido que estés con alguien como ella, de igual forma que tenía sentido que a Jonah le gustara.

Yeso me hace sentir tan insignificante como entonces.

—Flossie. —Kieran se acerca más a mí y alarga la mano para alzarme suavemente la barbilla con los dedos y que lo mire a los ojos. Ambos parpadeamos mucho a causa de la lluvia—. Siento haberte puesto en esa posición.

—No es culpa tuya. No lo sabías.

—Estaba hablando con ella, no ligando. Yo solo quiero ligar contigo.

Al cerrar los ojos, otra lágrima me cae por la mejilla y me muerdo el labio inferior.

—Pero Zoe...

—Zoe es guapa, sí —afirma él antes de usar el pulgar para enjugarme la lágrima que se ha mezclado con las gotas de lluvia que me empapan la cara—.

Pero eso no significa que tú no lo seas.

Porque lo eres. Eres preciosa . —Se detiene un momento para tragar saliva.

Veo como su nuez sube y baja al levantar la vista hacia sus ojos—.

Cuando estoy contigo, Flossie, no existe nadie más.

Vuelvo a llorar, aunque esta vez es de felicidad.

Son las lágrimas más jodidamente felices de mi vida.

Lágrimas saladas que puedo saborear cuando posa sus labios sobre los míos para darme un beso tan lento y profundo que me hace comprender el significado de la expresión «dejar a alguien sin aliento».

El tiempo se detiene mientras permanecemos abrazados bajo la lluvia.

Kieran tiene su boca pegada a la mía y desliza los dedos por mi pelo mojado.

Con la otra mano me envuelve la cintura y me atrae más hacia sí, permitiendo que me entregue por completo a este beso digno de Hollywood y arquee el cuerpo, echando la cabeza atrás mientras mis brazos le rodean el cuello y su lengua acaricia la mía.

Un estremecimiento me recorre la columna a la vez que una oleada de calor se extiende por todo mi ser.

Cuando al fin dejamos de besarnos, nos sonreímos el uno al otro como dos tontos con los rostros empapados por la lluvia.

Él está aún más arrebatador con todas esas gotas en las pestañas, unos cuantos mechones de pelo pegados en la frente y la piel de las mejillas sonrosada y reluciente.

No puedo evitar besarlo otra vez. Él me devuelve el beso y, rodeándome la cintura, me abraza con fuerza mientras yo le agarro ambos lados de la cara y aplasto mis labios contra los suyos.

—Deberíamos refugiarnos —digo finalmente, quitándole las gotas de la frente y pasándole los dedos por el pelo.

—Sí, eso sería lo más inteligente —conviene riéndose mientras cada vez llueve con más fuerza. Enarca una ceja y añade—: Bueno, pues ¿en tu casa o en la mía?