18
—Esta partida no es justa —protesto mientras cojo los dardos clavados en la madera que rodea la diana—. Yo soy artista, tú eres deportista profesional.
Kieran enarca las cejas.
—Estamos jugando a los dardos, Flossie. Aquí la condición física no tiene importancia y, además, no se trata precisamente de mi especialidad.
Señalo el marcador.
—Discrepo.
Él esboza una media sonrisa.
—No es culpa mía que se me den bien los dardos.
—¿Igual que el ping-pong? En serio, ¿acaso hay algo que se te dé mal?
—Muchísimas cosas. Las conversaciones triviales, el arte, hablar en público, la repostería...
—Me refiero a algún deporte. —Exhalo un suspiro y, tras regresar lentamente a mi sitio, me encaramo al taburete que hay a un lado mientras él se pone de pie para lanzar.
—¿Crees que porque se me dan bien el tenis, el ping-pong y los dardos ya soy bueno en todos los deportes? No tienes ni idea de qué tal se me dan el rugby, el críquet o la natación.
—Vale, ¿qué tal se te dan el rugby, el críquet y la natación?
Él sonríe.
—Bastante bien. Ytambién me gusta el golf.
—No me jodas.
—Y tampoco se me da mal la equitación.
—Cómo no.
De repente, chasquea los dedos.
—¿Sabes qué? Soy terrible patinando sobre hielo.
Suelto una risa ahogada.
—Ya... ¿Cuándo lo intentaste?
—Cuando tenía unos trece años. Estábamos esquiando y se me ocurrió probarlo.
—Deja que lo adivine, eres un esquiador increíble —refunfuño.
—No se me da mal —admite él con una sonrisa lenta y taimada—. En cualquier caso, patino de pena. No tengo elegancia.
—En la pista de tenis eres bastante elegante —comento.
—Querrás decir masculino y recio, ¿no?
—No, grácil y elegante —confirmo altivamente mientras él alza un dardo para apuntar—. También potente y agresivo, claro está. Buena suerte a tu próximo contrincante. Seguro que está temblando de miedo.
Kieran acierta un triple 12.
—Lo dudo. Es un jugador bastante intimidante. Tiene un revés terrorífico.
—Quizá podrías imaginártelo patinando sobre hielo —le sugiero—.
Cuando yo te imagino a ti, resulta bastante divertido.
En mi cabeza, eres como Bambi cuando está sobre el hielo.
Ya sabes, con las extremidades resbalando en todas direcciones.
Podrías hacer lo mismo con el tío ese y así ya no te parecerá tan aterrador.
—Estoy considerando seriamente la posibilidad de echar a Neil y ponerte a ti al mando —dice Kieran, preparándose para el siguiente tiro—. Tus discursos motivacionales son mucho más breves y efectivos.
—¿Quién dice que aceptaría el puesto? —replico, cruzándome de brazos cuando clava el dardo en el 15—. Me temo que estoy demasiado ocupada y soy demasiado importante para hacerte un hueco.
—Una pena —suspira Kieran, apuntando con su tercer y último dardo—. Habríamos hecho un gran equipo.
Lo lanza y consigue un 16. Con una sonrisa de suficiencia, se dirige a la diana para recogerlos todos.
Pongo los ojos en blanco y alargo el brazo para coger la copa de vino a la que me ha invitado.
Es un Albariño. Kieran me ha recomendado que lo pruebe.
Obviamente, está delicioso. Resulta algo exasperante que siempre tenga razón.
En algún momento, me gustaría ser yo quien supiera algo sobre cualquier cosa para poder impresionarlo.
Mientras le doy un sorbo a mi bebida, diviso a un grupo de chicas que no dejan de reír y susurrar con los móviles alzados y apuntando en nuestra dirección.
—Nos han descubierto —informo a Kieran en voz baja cuando regresa a la pequeña mesa que ocupamos en el rincón que hay junto a la diana para darle un trago a su pinta.
Él sigue mi mirada y luego se gira hacia mí encogiéndose de hombros.
—No son las únicas. Los dos tíos que hay en la mesa de tu izquierda han estado grabando vídeos y sacando fotos desde que hemos llegado —dice con indiferencia.
Echo un vistazo por encima del hombro y veo dos móviles más que me apuntan. Frunciendo el ceño, me vuelvo hacia Kieran, preocupada.
—¿Quieres que nos marchemos? —pregunto a regañadientes, incapaz de disimular mi decepción.
Esta noche me lo estaba pasando genial. De camino al pub , el cielo ha empezado a nublarse y, si bien la terraza estaba repleta de gente, el interior, en cambio, no estaba tan lleno.
Puesto que Kieran sabía que iba a llover, ha sugerido que nos sentáramos dentro.
Hemos pasado toda la tarde al aire libre de todas formas, así que me ha parecido bien relajarme en el ambiente tranquilo y agradable del interior del pub .
Kieran está comenzando a bajar la guardia cuando está conmigo y, cuanto más conozco cómo es realmente, más ganas tengo de pasar tiempo con él.
Cuando está relajado, Kieran es hablador, divertido, adorable.
Cuando lo conocí, di por hecho que lo que lo hacía tan popular entre todas esas mujeres famosas con las que lo relacionaban eran su apariencia y su fama, pero ahora me doy cuenta de por qué una mera noche con este tío que tengo delante —el que me hace preguntas sobre mi vida, bromea sobre tonterías, me hace reír con sus ingeniosas réplicas y, al sonreír, deja a la vista unos hoyuelos que me derriten— sería suficiente para que perdiera completamente el juicio y me arrojara en sus brazos.
Y,con base en mi escasa experiencia en lo que respecta a disfrutar de una cita mientras me observan y me filman con disimulo, ahora también puedo comprender que suela mostrarse cauteloso, reservado y desconfiado con los desconocidos.
No debería sorprenderme que la gente se haya dado cuenta de que Kieran está aquí.
En primer lugar, si andas por Wimbledon durante la celebración del torneo, es fácil que te encuentres por ahí con unos cuantos jugadores de tenis famosos tratando de pasar desapercibidos.
En segundo lugar, Kieran destaca un poquitín a causa de su altura, sus anchas espaldas y su deslumbrante atractivo.
Y,por último, resulta que nuestro encuentro espontáneo en el montículo de Murray no ha sido tan privado como yo pensaba; a él, por supuesto, lo han reconocido un par de personas que estaban sentadas un poco más arriba y que nos han hecho fotos juntos para colgarlas en redes sociales.
Este tercer punto ha dejado en bastante mal lugar a Neil, ya que se había excusado con los periodistas diciendo que Kieran había tenido que saltarse la rueda de prensa para acudir al fisio, pero ahora hay pruebas de que en realidad se encontraba holgazaneando por las instalaciones y comiendo fresas.
Cuando me disponía a mirar los comentarios de una de las fotos que estaba empezando a hacerse viral, Kieran ha insistido en que dejara a un lado el móvil.
Aun así, he echado un breve vistazo. De momento, estoy saliendo bien parada.
La mayoría de la gente solo parece estar preguntándose quién narices soy yo.
En cualquier caso, me he alegrado por los nubarrones, pues eso ha permitido que nos pudiéramos esconder aquí dentro y evitar la concurrida terraza. Ahora, sin embargo, el pub también está llenándose.
—No quiero marcharme —dice Kieran, juntando las cejas con las comisuras de la boca hacia abajo e ignorando a nuestro público—. ¿Tú?
—No. Solo es... molesto. ¿No te importa que la gente te haga fotos y grabe vídeos de ti sin tu consentimiento?
—Sí que me importa, pero no puedo hacer mucho al respecto. Es mejor pasar.
—Espero que no cuelguen las fotos en internet —murmuro, llevándome la copa a los labios—. Podrían pillar mi lado malo.
Él inclina la cabeza hacia mí.
—Eso no es posible. No tienes ningún lado malo.
Me sonrojo intensamente mientras le doy un sorbo a mi vino. Lo ha dicho como si fuera un hecho constatado, no una opinión, y ahora sigue hablando como si no acabara de decir algo tan encantador que ha provocado que la cabeza me dé vueltas y me arda todo el cuerpo.
—Quizá, si fuera más accesible, la gente no sentiría la necesidad de grabarme con disimulo —reflexiona en voz alta, dejando los dardos sobre la mesa, al lado de su vaso—. O,al menos, eso es lo que mi equipo de relaciones públicas me dice.
Hago una mueca y él me mira extrañado.
—¿Qué pasa? —pregunta con un destello de curiosidad en los ojos—. ¿A qué ha venido esa cara?
—A nada.
—Flossie, sé cuándo estás mintiendo —me informa, enarcando una ceja.
—No, no lo sabes.
—Claro que sí —insiste, acercándose a mí y señalándome el rostro con el dedo índice—. Las mejillas se te tiñen de un rosa adorable.
Dejando mi copa sobre la mesa, me muerdo el labio inferior y me llevo las palmas de las manos a las mejillas, que me arden.
—¿Me he sonrojado? ¡Qué vergüenza!
Él alarga los brazos y, tras cogerme de las muñecas, me aparta las manos de la cara para que no tenga más remedio que permitirle escrutar mis mejillas. Al hacerlo, una pequeña sonrisa se dibuja en sus labios.
—No, es bonito —murmura—. Te resalta las pecas.
—Cuando era más joven, intentaba que no se me vieran.
—¿Por qué querrías hacer eso? Son... —Se queda callado y, con el entrecejo arrugado a causa de la concentración, busca la palabra adecuada—. Son tú. Amí me gustan.
Sonrío tímidamente, echándole un vistazo al grupito de chicas.
—Estás haciendo que me sonroje aún más para las cámaras.
—No creas que así vas a evitar mi pregunta, Flossie —dice él, retrocediendo un paso y adoptando de nuevo un tono más ligero y juguetón—. ¿Por qué has puesto esa cara cuando he dicho que mi equipo de relaciones públicas quiere que me muestre más accesible?
—No me gustaría tener que encargarme de tus relaciones públicas, eso es todo.
Él alza una ceja.
—¿Por qué no? Soy un buen cliente.
—Te saltas las ruedas de prensa, te niegas a conceder entrevistas con independencia de lo que los periodistas digan de ti, permitiendo con ello que todo el mundo se crea sus historias, y en la pista te dejas llevar por momentos de... furia ostentosa.
Kieran suelta una carcajada, un sonido que me prende todo el cuerpo desde su mismo centro.
—¡Furia ostentosa! ¿No serás poeta musical?
—¡Solo estaba tratando de que sonara bien!