Match Point 13 #2
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13 #2

Refugiada en el dormitorio, estoy tan absorta en mis bocetos que no me doy cuenta de que, una hora más tarde o así, el piso ha quedado en completo silencio. De repente, oigo que llaman con suavidad a la puerta y, acto seguido, Kieran entra con expresión avergonzada.

—Ey —digo, reparando en que lleva una sudadera con capucha y los pantalones del pijama—. Te has cambiado.

—Me he puesto algo más cómodo después de la acupuntura —me informa, frotándose la nuca mientras se apoya en el marco—. Disculpa lo de antes. Me sabe mal que hayas tenido que encerrarte aquí.

—Qué va; he estado dibujando —le aseguro alegremente, y luego me levanto y cruzo la habitación en dirección a la puerta—. ¿Qué tal ha ido? ¿Estás listo para mañana? ¿Te sientes seguro de ti mismo?

Él se encoge de hombros.

—Tanto como puedo estarlo. Neil quiere que me pase la noche viendo algunos vídeos para analizar mi juego.

—Suena divertido.

—¿Verdad? —dice con indiferencia.

—Yo..., esto..., tengo algo para ti.

Él alza una ceja.

—¿Un regalo?

—Algo así —contesto, y, tras meter la mano en el bolsillo trasero del pantalón, saco un bote de pompas de jabón que he comprado en una tienda de camino a casa después de haber estado con Iris.

Él arruga la frente, confundido.

—¿Pompas de jabón?

—¿No recuerdas hacerlas de pequeño y quedarte completamente hipnotizado con ellas hasta el punto de que no te importaba ninguna otra cosa más que esas burbujitas flotando en el aire?

Él no parece demasiado convencido.

—Pues... supongo que sí. Aunque no recuerdo sentirme tan poético al respecto.

Pongo los ojos en blanco ante su comentario burlón.

—Hoy me he dado cuenta. ¡Hacer pompas de jabón es el ritual previo al partido perfecto!

Es tranquilizador y agradable, y te ayudará a concentrarte.

Ten. —Le levanto una mano y coloco la botella en su palma.

Él cierra los dedos alrededor—. Si antes de salir a la pista estás nervioso, haz unas cuantas. Ya verás como te sientes mejor.

—Quieres que me siente en el vestuario de hombres de Wimbledon y me ponga a hacer pompas de jabón —repite él—. Con eso lo único que conseguiré será que se rían de mí.

—¡Y eso también es relajante! La risa es terapéutica, reduce el estrés y estimula la producción de endorfinas —enumero alegre—. Lo digo en serio, Kieran, hemos encontrado tu ritual prepartido.

—Pompas de jabón —repite él con un suspiro.

—Sí —confirmo—. Pompas de jabón. Personalmente, creo que deberías llevar el bote encima en todo momento. Así, si tienes problemas durante un partido, puedes incluso hacerlas durante la pausa para cambiar de lado.

Él me mira con los ojos amusgados, escrutando mi expresión para determinar si estoy hablando en serio.

—Flossie —comienza a decir, guardándose el bote en el bolsillo—, si alguna vez me ves haciendo pompas de jabón en la pista, sabrás que definitivamente he perdido la cabeza.

—Lo que sabré es que estás haciendo todo lo posible para ganar —le contesto desafiante—. Yeso me hará sentir muy orgullosa de ti. Además de emocionarme, claro.

Él enarca una ceja.

—Te emocionará mi humillación internacional.

—No —suspiro—. Me emocionará verte utilizar este regalo que te he hecho yo. Sabré que tú... que tú...

Mi voz se apaga, pues su intensa mirada ha borrado todas las palabras de mi cerebro.

—Sabrás que estoy pensando en ti —termina la frase por mí, pero lo hace de un modo inseguro y tentativo, como si no tuviera claro que sea la respuesta correcta.

Algo en mis ojos debe de indicarle que eso es exactamente lo que quiero oír, pues de repente su boca se posa sobre la mía.

Me besa con tanta desesperación como yo a él.

Tengo la espalda pegada al marco de la puerta.

Él apoya un brazo sobre mi cabeza y, colocando el otro detrás de mí, me sujeta por la nuca, provocando que mi cuerpo se arquee.

Deslizo entonces los dedos entre su pelo y él deja escapar un leve gemido cuando su hambrienta lengua se encuentra con la mía.

Con cada caricia, se me va acumulando calor entre las piernas.

Dios mío, está tan bueno... Todo en él hace que me vea arrastrada a una espiral de deseo: su sólido y cálido cuerpo contra el mío; su olor limpio, almizcleño y masculino; su forma de besarme, como si lo necesitara tanto como yo o quizá más.

Noto sus manos recorriendo todo mi cuerpo.

Se posan sobre mis hombros, me acarician la espalda, me agarran el culo y luego vuelven a mis caderas con tal ímpetu que sus dedos se clavan en mi piel.

—Me vuelves loco —murmura entre jadeos, inclinándose hacia mí y recorriendo mi mandíbula con los labios.

No hace falta que me lo diga. Siento su erección dura y palpitante contra mi cadera. Lo deseo tanto que cada una de mis terminaciones nerviosas comienza a vibrar y cada centímetro de mi ser se estremece de anhelo. Aun así, una pequeña e insistente voz en mi cabeza se opone a lo que está ocurriendo.

Resistiéndome a todos y cada uno de los instintos de mi cuerpo, me aparto de él. Ysupone una tortura.

—No deberíamos hacerlo —susurro, odiándome a mí misma mientras su nariz acaricia la mía en busca de más—. Mañana es un día muy importante, Kieran. Juegas en Wimbledon.

—Que le jodan a Wimbledon —gruñe, y me vuelve a besar.

Está poniéndomelo muy difícil. Me resulta físicamente doloroso hacer que se detenga.

Me obligo a apartar la cara.

—No, no digas eso. Has trabajado muy duro para esto. Nunca me perdonaría que hiciéramos algo que pudiera afectar a tu rendimiento. Es mejor que paremos, por favor. Debes estar concentrado. Y,además, todavía tienes que ver esos vídeos.

Él exhala un suspiro de frustración. Sigue con las manos en mis caderas y los dedos debajo de mi camiseta, abrasándome la piel. Apoya la frente contra la mía y maldice en voz baja.

—Quiero hacerlo —le dejo claro con voz ronca—, pero es importante que descanses. No podemos arriesgarnos.

No sé cómo, pero encuentro el modo de liberarme de su abrazo. Él deja caer las manos a ambos costados y se apoya en el marco de la puerta. Exhalando otro suspiro, alza la mirada al techo.

—Lo siento —digo, colocándome el pelo detrás de las orejas.

Él niega con la cabeza.

—No, tienes razón. Mañana debo estar en plena forma. Es mejor que esta noche no gaste energías. Además, si he esperado tanto, puedo seguir haciéndolo un poco más.

Trago saliva y me sonrojo.

—Lo sé. Me he pasado todo el día pensando en esto.

—Eso no es nada —dice él, clavando sus ojos en los míos—. Yo he estado pensando en esto desde el día en que nos conocimos.