Match Point 8 #2
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8 #2

—Con calma —me digo a mí misma en voz alta, moviéndome mucho más despacio esta vez y soltando solo una mano para alargar el brazo sobre mi cabeza.

Rozo el estuche con los dedos y me lo acerco un poco antes de cogerlo bien y lanzarlo con cuidado detrás de mí para que caiga sobre la cama.

—Una vez más —me animo.

Estiro otra vez el brazo, pero me cuesta más alcanzar el cuaderno de dibujo y tengo que ponerme de puntillas para llegar más lejos.

Los bajos de la camiseta corta se elevan, dejando a la vista mi barriga.

Por fin rozo la esquina del cuaderno con la punta de los dedos.

Usando el índice y el pulgar para hacer pinza, tiro de él para atraerlo hacia mí, aunque lo hago con excesivo entusiasmo y dejo caer los talones de vuelta sobre el asiento de la silla con demasiada vehemencia.

El cuaderno sale volando por encima de mi cabeza mientras la silla se balancea peligrosamente hacia delante.

Intentando no perder el equilibrio, me inclino hacia atrás por instinto.

Y, dejando escapar un grito ahogado, me caigo de espaldas.

En vez de aterrizar en el suelo, sin embargo, lo hago en los fuertes brazos de Kieran, que ha aparecido de la nada y ha corrido a mi lado justo a tiempo para atraparme.

—¿Estás bien? —me pregunta en un tono áspero y apremiante.

Me sujeta firmemente con los brazos alrededor de mi cintura y las manos enlazadas a la altura de mi barriga, por debajo del dobladillo de la camiseta. Mi espalda está pegada a su fornido torso, que sube y baja con cada pesada respiración.

—Estoy bien —contesto con el corazón martilleándome en el pecho a causa del susto de la caída y la emoción de haber sido atrapada al vuelo—. Gracias.

Él tarda un momento en soltarme. Cuando lo hace, me doy la vuelta en sus brazos para poder mirarlo a la cara.

Estoy tan cerca que puedo apreciar las largas pestañas oscuras que enmarcan sus ojos y lo definidos que están sus pómulos.

Mi respiración es fatigosa y poco profunda, y, cogiéndome a sus musculosos antebrazos, apoyo la espalda en el armario.

Su mirada desciende por mi rostro hasta la boca y su nuez oscila arriba y abajo al tragar saliva.

Un ardor asciende con rapidez por mi cuello.

De repente, el móvil que llevo en uno de los bolsillos traseros comienza a vibrar, zumbando con estrépito contra la puerta del armario y sacándome de golpe del aturdimiento.

Kieran deja caer los brazos.

—¿Se puede saber qué estabas haciendo? —me pregunta airadamente con el ceño fruncido antes de retroceder un paso y colocar bien la silla—. Podrías haberte hecho daño.

—Se me había olvidado que mi material de dibujo estaba guardado en el armario —le explico, agachándome para recoger las páginas sueltas de mi cuaderno de bocetos que se han desperdigado por el suelo cuando ha caído—. Yno llegaba a cogerlo.

—La próxima vez espera a que vuelva en vez de arriesgarte a romperte el cuello.

—Lo siento, no debería estar en tu habitación.

Mientras sigo recogiendo los papeles tan rápidamente como puedo, él se pone en cuclillas y coge uno.

Es un boceto en el que se ve a dos personas abrazadas, un hombre rubio ataviado con un esmoquin que sujeta a una pelirroja que lleva puesto un vestido de noche.

Ella lo mira y le rodea la mejilla con una mano.

Sonrojándome, le quito a Kieran la hoja de las manos y la meto en medio de la pila que estoy formando para ocultársela.

—¿Lo has hecho tú? —me pregunta con un destello de curiosidad en los ojos.

Me encojo de hombros.

—Hace algún tiempo.

—Estaba firmado por «Flossie» en una esquina.

—Ah. Es que de pequeña me llamaban así, y mi abuela dijo que ese debería ser mi nombre artístico. Me gusta, pero ya sabes... —Vuelvo a encogerme de hombros—. De nada sirve tener uno y no hacer arte.

—Flossie. Me gusta. Es un buen nombre.

—Ya.

—Ese boceto era bueno —dice. Parece genuinamente impresionado. Echa un vistazo por encima de mi hombro a los dibujos que hay en lo alto de la pila—. ¿Yestos otros?

—Nada. Solo estaba garabateando —contesto enseguida, llevándome las páginas al pecho para que no pueda seguir mirándolas—. ¿Qué tal el entreno de hoy? Veo que has sobrevivido.

—Eran dibujos de personas —prosigue, ignorando mis preguntas y frunciendo el ceño, confundido—. Pensaba que lo que te gustaba dibujar eran paisajes, como Lake District.

—Es el lugar donde quería dibujar, no lo que quería dibujar.

—Entiendo. —Señala los bocetos que sostengo—. Aunque solo estuvieras «garabateando», ¿de qué iba esa historia?

—Ah, de nada. Es decir, esos dibujos no forman parte de ninguna historia. Solo son bocetos sueltos. No son nada.

—Parecían algo.

Exhalo un suspiro.

—Me gusta dibujar personajes, o sea, personas, y siempre he querido escribir una historia de amor.

Pero mi exnovio me dijo que la mayoría de la gente lo que busca en un cómic son superhéroes y acción, no una narración romántica.

Por eso —digo encogiéndome de hombros y agachando la cabeza—, no son más que garabatos. Nadie debía verlos.

Él se me queda mirando fijamente con curiosidad y yo me sonrojo ante su escrutinio.

—Deberías dibujar lo que quieras —dice sin más.

—No si quiero tener éxito como novelista gráfica. Tengo que crear algo que venda.

—¿Y quién dice que una historia romántica no puede hacerlo? ¿Ese exnovio tuyo? —Enarca las cejas—. ¿Acaso era artista profesional o algo así?

—Era actor y músico. Aunque dudo que hayas oído hablar de él, todavía no ha tenido ningún gran éxito —añado aturullada—. Pero ha hecho algo de teatro. Nos conocimos en Norwich durante la gira de una obra en la que participaba. Yo soy de allí.

—Y este actor barra músico sabe mucho sobre el mercado de las novelas gráficas.

—Bueno, razón no le faltaba. Cuando la gente piensa en cómics, una historia romántica no es lo primero que se imagina.

—¿Y qué hay de Heartstopper ? YJack Kirby dibujó una serie de cómics románticos antes de crear el personaje del Capitán América. Ahora mismo no me viene a la cabeza el título, pero ya lo recordaré.

Me lo quedo mirando boquiabierta.

—¿Te refieres a Young Romance ?

—Eso es —contesta, chascando los dedos.

—Te gustan los cómics —digo, estremeciéndome con nerviosismo ante la idea.

—Sí —responde, sonriendo ante mi reacción—. Mucho. ¿Por qué te sorprende? Está permitido que me gusten otras cosas aparte del tenis.

—Ya lo sé, pero... no me imaginaba que fueras un friki de los cómics.

Él se acaricia el mentón con expresión divertida.

—No creo que llegue a friki, pero me gustan las novelas gráficas.

Por eso creo poder afirmar con seguridad que todo eso que decía tu exnovio.

.., bueno, francamente, no es más que una soberana estupidez.

No me extraña que todavía no hayas podido empezar tu novela gráfica; es imposible desarrollar algo que no te sale de forma natural.

Si lo que quieres contar es una historia romántica, eso es lo que deberías estar escribiendo.

—No lo sé —murmuro—. Es una industria competitiva y Jonah dijo...

—¿Qué? —me interrumpe Kieran, y en sus ojos me parece advertir un destello de enojo—. ¿Qué más te dijo ese tío para entorpecerte?

Me muerdo el labio inferior.

—No quería que me hiciera demasiadas ilusiones. Yo no he estudiado arte ni nada de eso, y él consideraba que no había practicado lo suficiente como para dedicarme a ello. En otras palabras, pensaba que no era lo bastante buena.

Kieran aprieta la mandíbula. Echando un momento la cabeza atrás, murmura algo en voz baja que no llego a oír.

—¿Qué has dicho? —pregunto con el ceño fruncido.

—Nada. —Con un gesto señala mis bocetos—. Amí estos dibujos me parecen buenos. No sé mucho de arte, así que esto tal vez no signifique mucho para ti, pero solo he visto de pasada esos personajes y ya quiero saber más. Quiero conocer su historia.

—Gracias —digo vacilante antes de añadir—: Significa mucho para mí.

Levanto la vista hacia sus ojos y hay algo en ellos que parece distinto.

Es como si su expresión se hubiera suavizado.

Normalmente, su mirada acerada es fría y vigilante.

Ahora, en cambio, es reconfortante y afectuosa.

Se me olvida lo mucho que este tipo me saca de quicio; en vez de eso, me pierdo en el suave remolino azul de sus ojos.

Él aparta la vista y el hechizo se rompe.

—Siento haber entrado en tu habitación —digo apresuradamente—. Ygracias de nuevo por salvarme. Yo..., esto... Será mejor que me vaya.

Me escabullo y regreso a la seguridad de mi sofá. Más tarde esa noche, sin embargo, me sorprendo sonriendo para mí cuando pienso en nuestra conversación.

A Kieran O’Sullivan le gustan mis dibujos.