7
Cuando diviso a Iris, está saliendo de una floristería del Village con un precioso ramo de coloridas flores veraniegas. Al ver que camino hacia ella, se ríe echando la cabeza hacia atrás y me las tiende.
—¡Me has pillado! —exclama, alzando la mano libre al aire—. Iba a presentarme en la cena con este ramo para ti.
—¿Me has comprado flores? —Cojo el ramo con un grito ahogado y lo admiro—. ¿Por qué?
—Porque tu viaje se frustró y quería animarte —explica encogiéndose de hombros—. No te me pongas ñoña, tampoco es para tanto.
—¡Pero sí que lo es! —repongo, y le doy un abrazo—. Es un gesto muy bonito y considerado por tu parte. No recuerdo la última vez que alguien me regaló flores. Gracias.
—De nada. Ahora vamos a comer —dice, enlazando un brazo con el mío y tirando de mí hacia el restaurante italiano en el que hemos hecho una reserva—. Quiero que me cuentes eso de que les enseñaste las bragas a tu nuevo compañero de piso sexy y a su entrenador.
—No lo hice a propósito —le recuerdo, bajando el tono de voz cuando un hombre que pasa a nuestro lado me mira con extrañeza—. Ya te lo he dicho, las dejé caer y casualmente fueron a parar sobre la mesita de centro. Qué bochorno.
—Me apuesto lo que sea a que le encantó.
—Lo que le encantó fue que me pusiera en ridículo, de eso estoy segura —murmuro.
Llegamos al restaurante y nos llevan a nuestra mesa.
Como está al lado de la ventana, podemos ver a toda la gente que hay paseando por la calle.
Apenas falta una semana y media para el inicio del torneo y un ambiente animado invade el Village.
Por todas partes hay decoraciones con los colores oficiales de la competición —púrpura y verde—, y todos los escaparates están adornados con temática tenística.
Todo el mundo parece embargado por el espíritu del certamen y, aunque no te interese el tenis, resulta difícil no sentir emoción.
No importa que hoy el sol no haya aparecido y que haya sido un día gris y nublado a pesar de que ya estamos a finales de junio; en Wimbledon es verano y se nota.
Cuando ya hemos pedido y nos han servido el vino, Iris coge su copa, se reclina en el respaldo de su silla y le da un sorbo.
—Bueno, ¿y qué tal la novela gráfica? ¿Ya la has empezado?
—La verdad es que no... Estoy poniéndome a tono.
Me dedica una mirada cargada de significado.
—Ya lo sé, ya lo sé. —Exhalo un suspiro—.
Es solo que no me imaginaba que comenzaría con el libro estando todavía en Wimbledon.
Pensaba que estaría dibujando en un remanso de paz y, en vez de eso —hago un gesto para señalar al grupo de turistas que se saca fotos junto a una raqueta y una pelota de tenis gigantes que hay justo delante del restaurante—, estoy rodeada de caos.
—Pues usa tu arte para evadirte —sugiere Iris, ladeando la cabeza—. Tienes mucho talento, Flora. Puedes hacerlo. Solo necesitas creértelo. Creo de veras que ponerte con la novela te sentará bien.
—Me gustaría saber cómo hacerlo. ¿Tú cómo te inspiras?
Ella se encoge de hombros.
—No creo que yo pueda servirte de mucha ayuda. Me limito a ver deporte.
—¡Y eso hace que te pongas a escribir como una loca! —Suelto una risa entre dientes.
—En efecto. —Me observa con curiosidad—. ¿Quién sabe? Quizá ver un poco de tenis también tenga ese efecto en ti, sobre todo ahora que eres amiguita del jugador que ocupa el puesto número cuarenta y tres del ranking mundial.
—Uy, sí, nos hemos hecho amiguísimos. No tener nada en común y discutir constantemente por el zapatero está creando un vínculo muy especial entre nosotros.
—¿El zapatero? —repite Iris confundida—. ¿De qué estás hablando?
—Ah, nada —suspiro mientras repiqueteo con las uñas sobre la mesa—. Que Kieran suele dejar los zapatos tirados de cualquier manera en el pasillo para que cualquiera que entre o salga pueda tropezarse con ellos. Te juro que lo hace a propósito porque sabe que me molesta.
—¿Sigues creyendo que está intentando que te marches?
—Tal vez. Oquizá sea así de irritante en la vida real.
—Bueno, igual hoy podrías mostrarte un poco indulgente con él —señala Iris con un mohín—. ¿No has visto la portada de la revista Sports Now ?
La miro confundida.
—No, ¿por qué? ¿Sale Kieran?
—No exactamente, aunque bien podría hacerlo.
El que sale es Chris Courtney, le hacen una entrevista.
Sabes quién es, ¿no? Se trata de un tenista bastante importante, actualmente es el cabeza de serie número dieciocho de Wimbledon.
Ganó un par de torneos de Grand Slam cuando tenía veintipico años, el Abierto de Australia y el de Estados Unidos, pero luego se descarrió un poco.
Estos últimos tiempos, sin embargo, está jugando muy bien, y hace poco llegó a la semifinal del Queen’s Club.
Aunque la competición que le interesa de verdad es Wimbledon.
Según sus declaraciones, este es su año.
—Me alegro por él. ¿Yeso qué tiene que ver con Kieran?
Iris deja su copa y apoya los codos sobre la mesa para inclinarse hacia mí.
—El entrevistador le pregunta quiénes considera que son sus mayores amenazas en el torneo y Courtney, claro está, enumera a algunos de los grandes nombres: Sovák, Jensen, Bissette..., pero luego no puede evitar tirarle una pulla a Kieran O’Sullivan.
—¿No es un halago que lo considere una amenaza? —pregunto impresionada.
—No es exactamente así como se refiere a él.
No pretendo ofender a Kieran, pero no es un cabeza de serie.
Puede que tiempo atrás ganara algunos títulos de la serie ATP y, en su mejor época, llegara a muchas semifinales y finales de torneos del Grand Slam, pero en la actualidad no es precisamente una figura importante del tenis.
—Titubea—. Ahora es más conocido por su temperamento y por las juergas que se corre los días previos a los torneos que por su actuación en ellos, lo cual es una pena.
Siempre me gustó su estilo. Era un talento nato.
—Vale, pero, entonces, ¿por qué Courtney ha dicho que es una amenaza?
—Ese es el problema, que no ha dicho eso. Enumera a quienes considera una amenaza y luego añade que ciertos jugadores, como Kieran, deberían aceptar que ha llegado la hora de retirarse, mientras que otros como él pueden seguir enfrentándose a la nueva generación con garantías de éxito.
Se me descuelga la mandíbula.
—¡Uf! ¡Qué capullo!
—¿Verdad? —Iris pone los ojos en blanco—.
El entrevistador ni siquiera le había preguntado nada que justificara esa respuesta.
Pero esos dos aprovechan cualquier oportunidad para meterse con el otro, sobre todo si los vuelve a situar en el ojo público.
Y,sin duda, Courtney hoy ha conseguido eso.
Todos los periódicos nacionales se han hecho eco de sus palabras.
—Vacila un momento y añade a continuación—: Aunque puede que esto último ya no se aplique en el caso de Kieran.
Lleva mucho tiempo sin hacer ningún comentario público sobre Courtney.
—¿Por qué se odian tanto?
Iris abre los ojos como platos.
—¡Anda ya, Flora! ¡No puede ser que no conozcas la historia de esos dos! ¡Courtney es el archienemigo de O’Sullivan!
—No sabía que la gente los tuviera en la vida real.
—En el deporte a veces sí —contesta Iris, encogiéndose de hombros—.
No se soportan. Mira, no creo que el comentario de Chris Courtney haya sido nada elegante, pero la verdad es que podría ser algo beneficioso de cara a Wimbledon.
AKieran no le fue mal en Halle. Llegó a los cuartos de final, y todavía le queda mecha.
Creo que, si quisiera, podría llevarse por delante a algunos jóvenes.
Solo necesita que le den una buena patada en el culo.
Puede que este comentario de Courtney le haga reaccionar antes de que comience a plantearse la posibilidad de retirarse.
Alo mejor le entran ganas de demostrarle que está equivocado.
—¿Tanto crees que puede afectarle lo que haya dicho Chris Courtney?
—¡Ya te digo! —Se endereza y me mira extrañada—. ¿Es que no me has oído? Courtney es su rival tanto dentro como fuera de la pista. La exprometida de Kieran terminó casándose con él.
Me quedo un momento inmóvil con la copa en el aire a medio camino de mis labios.
—¿Cómo has dicho?
—Sí, seguro que te acuerdas. Kieran salía con una actriz con la que estaba prometido y todo. Entonces rompieron y ella empezó a salir con Courtney. Al poco se casó con él. Fue un gran escándalo en la época —me informa Iris.
—Joder. No me extraña que Kieran lo odie. —Le doy un trago a mi bebida—. Ahora me da un poco de lástima y todo. —Dejo la copa en la mesa y exhalo, negando con la cabeza—. Espero que tengas razón y decida demostrarle en la pista que se equivoca. Ha estado entrenando un montón.
—Ah, ¿sí? —Una traviesa sonrisa asoma a los labios de mi amiga—. Está en forma, ¿verdad?
Le lanzo una mirada asesina.
—Para. No me mires así.
—¿Cómo? —pregunta inocentemente antes de sonreír con malicia.
—Pues así. —Me río.
—¿Qué? No me digas que no se te ha pasado por la cabeza. —Enarca las cejas—. Vivís en el mismo piso, él es increíblemente sexy, tú eres increíblemente preciosa, ambos estáis solteros... Solo digo que podría pasar. Como poco, sería una buena anécdota.
—Joder, Iris. Una buena anécdota —repito con incredulidad mientras me paso una mano por el pelo y las mejillas comienzan a arderme—.
No va a suceder. En primer lugar, no nos soportamos.
Y,por otro lado, no soy exactamente su tipo.
Él sale con modelos y actrices, gente famosa por alguna razón. Yo soy... inapreciable.
—¡Ay, cállate!
—¡Cállate tú!
Me sonríe.
—Ya ha visto tu ropa interior, ¿quién sabe qué podría ocurrir?
—Eres insoportable —digo con un resoplido mientras observo mi bebida y jugueteo con el tallo de la copa, girándolo con los dedos.