Match Point 4 #2
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—Ah, sí —murmuro—. Vale, está bien. Gracias. Acepto tu disculpa.

Volviéndose de nuevo a su teléfono, Kieran enarca una ceja con aire satisfecho.

—Tampoco hace falta que te lo creas tanto —suelto.

Él me ignora por completo. Poniendo los ojos en blanco, me dirijo al otro sofá y me dejo caer en él.

Estoy agotada y todavía tengo que decidir qué narices voy a hacer las próximas semanas.

De repente, el móvil de Kieran suena otra vez.

Me giro hacia él. Veo que frunce el ceño al comprobar quién lo llama y, de nuevo, lo ignora.

—Puedes cogerle el teléfono a la chica, no me importa —digo distraídamente mientras me mordisqueo la uña del pulgar. Es una mala costumbre de la que me deshice hace años, pero en la que vuelvo a caer cuando estoy estresada, como un tic nervioso.

—No pasa nada, preferiría... —Se calla de golpe y vuelve la cabeza hacia mí—. ¿Cómo sabías que era una chica?

—Lo he supuesto. ¿Por qué? ¿He acertado?

Él no dice nada, pero percibo un temblor en su mandíbula.

—He acertado, ¿verdad? —digo con descaro—. Henrietta. Deberías contestar sus llamadas. Está claro que necesita hablar contigo.

—No es que sea asunto tuyo —comienza a decir en un tono de voz profundo y contenido—, pero en estos momentos preferiría no hablar con ella.

—¿Por qué? ¿Temes que esté enfadada contigo porque esta mañana te has marchado de su casa sin despedirte?

Sus ojos se abren como platos, evidenciando su estupefacción, y yo me regodeo en el hecho de ser quien domina la conversación. Hasta ahora, él se ha mostrado tan superior y engreído que no deja de parecerme un logro haber conseguido que, por una vez, sea él quien se ponga a la defensiva.

—¿Cómo lo has sabido? —pregunta con preocupación al tiempo que las arrugas de su frente se vuelven aún más profundas—. ¿Lo has leído por internet?

—No, solo lo he supuesto y tú me lo has confirmado —contesto con afectación—. No hace falta ser un genio para deducirlo. Has aparecido aquí mucho antes de la hora con ropa que claramente llevaste anoche, bastante resacoso y apestando a alcohol, y ahora no dejas de ignorar las llamadas de una mujer.

Él frunce el ceño.

—Está bien, Sherlock. Eres muy lista.

Su móvil vuelve a sonar y yo pongo los ojos en blanco.

—Sé que no es asunto mío, pero, si no pretendes cogérselo, al menos envíale un mensaje —le sugiero—. Puede que piense que ha hecho algo mal. Si no ha sido así, no es justo que se quede preocupada. Y,además, así conseguirás que deje de atosigarte a llamadas. Ambos saldréis ganando.

—Yo no... Ella no ha hecho nada malo. —Exhala un suspiro mientras se acaricia pensativamente la barba de tres días—. No tenemos nada serio. Ella ya lo sabe.

—Entonces, ¿por qué has sentido la necesidad de marcharte sin despedirte esta mañana?

—No quería que los paparazzi me vieran salir de su casa. Aprimera hora suelen pulular alrededor de su edificio. Quería marcharme antes de que llegaran.

Asiento intrigada.

—De modo que es famosa, ¿eh? ¿A qué se dedica? ¿La conozco?

Él no contesta.

—Como quieras —digo, suspirando con impaciencia—. Pero no te comportes como un capullo. Envíale un mensaje y explícale lo de los paparazzi . Si es famosa, lo entenderá, ¿no?

Él coge el móvil a regañadientes y comienza a teclear antes de levantar la mirada hacia mí con expresión insegura.

—¿Has dicho que apesto a alcohol?

—¿Eh? Aver..., sí. Aunque, para ser sincera, creo que el vino lo ha empeorado.

Kieran no puede evitar sonreír al oír eso y consigo atisbar fugazmente los hoyuelos de sus mejillas.

Diría que no había reparado en ellos antes, pero en realidad creo que no ha sonreído delante de mí hasta este momento.

Le cambian el rostro por completo, suavizándolo y volviéndolo más atractivo.

Su aparición, sin embargo, es tan efímera antes de que su semblante se torne de nuevo inexpresivo que me pregunto si realmente existen.

Cuando su móvil vuelve a sonar, levanto la vista al techo.

—¡Cógelo de una vez! Está claro que está enfadada.

—No es ella —me dice antes de molestarse en contestar la llamada—. Hola, Neil.

Vuelvo a bajar la mirada y advierto como la expresión de Kieran se ensombrece mientras escucha lo que sea que el tal Neil esté diciéndole al otro lado de la línea. Sus ojos se posan en mí y parpadean.

—Sí. Ha sido un malentendido. Puedo explicártelo cuando te vea —dice en un tono algo tenso—.

¿Cómo de grave es? —Mientras escucha la respuesta, aprieta los labios con tal fuerza que casi desaparecen—.

Está bien, de acuerdo. Todavía no traigas a Nicole.

De momento ven solo tú, Neil. Lo digo en serio.

No quiero que venga todo el equipo. Ah, por cierto, necesito ropa limpia.

Sí, Tori tiene mis cosas. Llegará a las cinco, pero necesito algo antes.

—Me mira fijamente—. Al parecer no huelo demasiado bien y me gustaría ducharme.

Tras colgar, agacha la cabeza unos segundos y exhala un suspiro.

—¿Va todo bien? —pregunto.

Kieran inhala una bocanada de aire y teclea algo en el móvil.

Al principio, pienso que se está limitando a ignorarme y ha decidido seguir escribiendo a Henrietta, pero luego se pone de pie y se acerca a mí, sosteniendo el aparato en alto para mostrarme la pantalla.

Yo lo cojo para poder ver bien lo que está enseñándome.

Se trata de una serie de posts de redes sociales, la mayoría de los cuales muestran el mismo vídeo. En él se nos ve a Kieran y a mí hablando en la terraza del Dog and Fox antes de que yo me levante hecha una furia y le tire mi bebida por encima.

—Dios mío... —susurro mientras paso al siguiente vídeo, horrorizada. No para de compartirse, y los comentarios son interminables.

—Deberías sentirte halagada —observa fríamente Kieran—. Me has tirado la bebida con tanto estilo que se ha vuelto viral.