Match Point 3 #2
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Él observa como cojo mi copa de vino y la remuevo antes de darle un largo trago.

—¿Estás preocupada porque no tienes un lugar al que ir de vacaciones? —dice lentamente, como si no tuviera claro cuál es el problema—. Hay muchos sitios en el Reino Unido. Seguro que puedes encontrar algo.

—Sí, ya, pero tengo unos requisitos muy específicos —contesto a la defensiva mientras me pregunto por qué me he tomado la molestia de compartir mis preocupaciones con alguien tan detestable—. No puedo alquilar un alojamiento cualquiera.

Él le da un trago a su cerveza y se mete las manos en los bolsillos.

—De acuerdo, ¿cuáles son?

—Tiene que estar en un lugar bonito y apacible de la campiña, con al menos un lago o masa de agua cerca, y preferiblemente disponible durante cuatro semanas porque no tengo ganas de estar yendo de un lugar para otro.

Ytambién debe ser tranquilo y sereno. Tampoco puede ser muy caro, y no quiero ir a un hotel, así que tiene que ser alguna especie de cabaña, apartamento o casa, pero que no sea demasiado grande, pues voy a estar sola.

Él se me queda mirando y yo me lo quedo mirando a él.

—Son unos requisitos muy específicos —admite finalmente.

—Así es. Yesa es la razón por la que, mal que me pese, a no ser que ocurra una especie de milagro y una casa de campo en Keswick pase a estar disponible en las próximas horas, vas a tener que alojarte en otro sitio durante el torneo.

—¿Cómo dices?

—Es posible que mi piso deje de estar disponible —le aclaro, dándole otro sorbo a mi vino—. Comprendo que se trata de una inconveniencia, pero seguro que alguien como tú puede...

—No pienso buscar otro alojamiento —zanja con severidad, interrumpiéndome.

Titubeo un momento.

—Es posible que tengas que hacerlo. Puede que no tengamos otra opción.

—Tú no tienes otra opción que alquilarme el apartamento a mí, tal y como has acordado, puesto que he pagado por él y hemos firmado un contrato —me responde con serenidad—. Siento que tus vacaciones se hayan ido al traste, pero eso no es problema mío.

Me lo quedo mirando con incredulidad.

—¿Hablas... en serio?

—He alquilado ese apartamento con todas las de la ley. Tendrás que buscarte otro sitio.

—Pero... ¡tú eres Kieran O’Sullivan! ¡Puedes alojarte donde te dé la gana!

Él hace una mueca.

—Por favor, grita más alto mi nombre —masculla con sarcasmo mientras me fulmina con la mirada—. Creo que los habitantes de Australia no te han oído.

—Debe de haber cientos de hoteles elegantes o mansiones en los que puedas quedarte —argumento, ignorando sus palabras porque su comodidad es la última de mis prioridades en estos momentos.

—No quiero alojarme en ningún hotel elegante ni en una mansión —responde.

—¿Se puede saber por qué no?

—Tengo unos requisitos muy específicos.

Entrecierro los ojos.

—¿En serio?

—En serio.

Me cruzo de brazos.

—Muy bien, pues. ¿Cuáles son?

Él le da un largo trago a su cerveza y vuelve a dejar el vaso en la mesa antes de contestar.

—No puede ser una habitación de hotel porque resultan demasiado impersonales, y tiene que ser un piso, no una casa, porque es solo para mí y sería demasiado grande.

Es necesario que cuente con un jardín o, al menos, algún tipo de espacio exterior.

Ydebe tener entrada independiente para no tener que compartir la puerta con nadie.

Además, debe estar cerca del All England Lawn Tennis and Croquet Club.

Ytambién del Village para poder ir a tomar algo cuando lo necesite.

Y,lo más importante, si hay algo disponible en Lingfield Road, me alojaré ahí y solo ahí. Esto no es negociable.

Para cuando llega al final de la lista, se me ha descolgado la mandíbula.

En primer lugar, me siento abrumada por lo pormenorizada que es su respuesta, pues hasta ahora solo me había obsequiado con comentarios breves y bordes; por otro lado, es IMPOSIBLE que todo eso vaya en serio.

No puede ser. Es demasiado ridículo. Los jugadores de tenis participan en torneos que se celebran por todo el mundo, dudo mucho que encuentre lugares que encajen a la perfección con esos requisitos cada vez que juega en alguno.

Solo está intentando hacerse el difícil.

—Eso último te lo has inventado —suelto de forma acusadora.

Él niega con la cabeza.

—Para nada.

—Entonces, ¿estás diciéndome que, a pesar de que podrías alojarte en cualquier lugar de Londres, te niegas a renunciar a mi piso de una habitación porque está en Lingfield Road?

—Así es —me confirma—. ¡Ah, y también por el mural del salón!

—¿Cómo dices?

—Las flores de cerezo pintadas en la pared. Me gustan.

Me lo quedo mirando con perplejidad.

—Está bien, me halaga que te guste mi obra, pero, Kieran, si por la razón que sea Lingfield Road es tan importante para ti, entonces tal vez podrías mirar si alguna otra persona más que viva ahí está interesada en alquilarte su vivienda.

El piso que hay encima del mío, por ejemplo, está vacío.

Podemos ponernos en contacto con la señora Perry y ver si. ..

—¿Qué quieres decir con tu obra? —me pregunta juntando las cejas.

—¿Eh?

—Has dicho que te halagaba que me gustara tu obra.

—Sí, porque has dicho que te gusta el mural que pinté en la pared —le explico con impaciencia—. ¿Has oído lo que acabo de decirte? Creo de verdad que si buscaras otro...

—¿Tú has pintado esas flores de cerezo? —vuelve a interrumpirme.

—¡Sí!

—¿Eres artista?

—No. Bueno, quiero serlo. De ahí mi interés en ir a Lake District, de hecho. Quería comenzar a trabajar en mi novela gráfica. Por eso es una catástrofe que lo de la casita de campo se haya venido abajo, literalmente —murmuro, pasándome una mano por el pelo.

—Los artistas pueden trabajar en cualquier parte.

—Sí, bueno, esta no —respondo—. Necesito estar en Lake District. ¿Se puede saber por qué estamos hablando de esto? Creo que deberíamos concentrarnos en el problema de dónde vas a alojarte.

—Dónde vas a alojarte tú —me corrige con firmeza—. Ya te he dejado claro que no pienso buscarme otro sitio.

—¡Es mi piso!

—Y me lo has alquilado a mí.

—¡Pero tú puedes hospedarte en cualquier otro lugar!

—No quiero —dice apretando los dientes y mirando nervioso la mesa que hay detrás de mí, ya que el volumen de mi voz ha ido aumentando a medida que lo hacía la creciente ira que siento ante este imbécil tozudo y poco razonable.

—¿Por qué es tan importante Lingfield Road?

—Tiene que haber alguien con quien puedas alojarte...

—No lo hay.

Respira hondo por la nariz.

—Está bien —dice con voz cansada cuando termina su exagerada inhalación—. Entonces estoy seguro de que puedes encontrar algún otro lugar adecuado para una artista en ciernes, aunque no esté en Lake District.

—Tiene que estar allí —insisto, aunque me he pasado la última hora buscando en otras zonas, pero Kieran está siendo tan maleducado y poco razonable que, instintivamente, me muestro tan intransigente como puedo—. Es el único lugar en el que podré trabajar en mi libro.

—¡Anda ya! ¡Eso no es más que una excusa! —exclama, volviéndose en su asiento para mirarme de frente—. Si quieres ponerte con tu novela gráfica, hazlo y punto. No necesitas estar en Lake District. Eso es ridículo.

Aprieto el puño y noto como me hierve la sangre.

—No lo es.

—¿Qué tiene Lake District que lo haga tan necesario para que puedas comenzar tu libro? —me pregunta cabreado, alzando una mano. Amedida que nuestra discusión sube de tono, se va alterando cada vez más.

—No lo sé, Kieran. ¿Silencio, tranquilidad, lagos preciosos y montañas sobrecogedoras tal vez?

—¿Así que eso es lo que un verdadero artista necesita para crear una novela gráfica? ¿Lagos y montañas?

Un ardiente rubor se extiende por mi rostro.

—¡Sí! ¡Es un paisaje inspirador! ¡Quiero sentirme inspirada!

Él se ríe con un resoplido.

—Eso es oficialmente la mayor estupidez que he oído en mi vida.

«Que te jodan, Kieran O’Sullivan».

Antes de tener siquiera la oportunidad de pensar en lo que estoy haciendo, me pongo de pie, cojo mi copa de vino y le lanzo el contenido a la cara. Él farfulla algo, sorprendido, mientras le caen gotas de vino rosado por la visera de su gorra y las lentes de sus gafas de sol.

Toda la gente que abarrota la terraza se vuelve hacia nosotros.

Muy tranquilamente, dejo la copa en la mesa, cojo mi bolsa y me voy.