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Seis meses después

—¿Estás segura de esto? —me pregunta Iris por teléfono mientras meto cuidadosamente unos vaqueros cortos de cintura alta en la maleta—. Cuatro semanas es mucho tiempo para estar tú sola.

—Nunca había estado más segura de nada en toda mi vida, Iris —insisto, poniéndola en altavoz y dejando el móvil sobre la pila de libros que hay en mi mesita de noche mientras doblo con meticulosidad algunos bonitos vestidos de flores—. Cuatro semanas sola es justo lo que necesito.

—Lake District está muy lejos. —Exhala un suspiro—.

¿No puedes trabajar en tu novela gráfica aquí, en Londres?

Así podríamos seguir quedando. Todas mis otras amigas están casadas o tienen bebés, y, por mucho que las quiera, te necesito a ti.

Si te vas, ¿quién va a beber conmigo hasta las tantas de la noche y a bailar y darlo todo encima de las mesas?

Me río por la nariz.

—¿Cuándo hemos bailado encima de una mesa?

—Lo haríamos si te quedaras en la ciudad. Londres en verano es una locura.

Suelto una risita, colocando mis vestidos con esmero en la maleta.

—Son solo unas semanas, y luego regresaré para bailar en todas las mesas que quieras. La gracia de todo esto consiste en salir de la ciudad y pasar tiempo conmigo misma.

Ella exhala otro suspiro, ahora en un tono más suave y serio.

—No te enfades por lo que voy a decirte, Flora, pero estoy preocupada por ti.

Entiendo que un cambio de escenario puede ayudarte a desatar la creatividad y estoy completamente a favor de que te tomes un respiro, pero no quiero que te vayas tan lejos y, una vez allí, descubras que te sientes. .. sola.

Bajo la cabeza y aprieto los labios. En los últimos seis meses, Iris se ha convertido en mi mejor amiga y comprendo por qué me dice esto.

Desde que Jonah se marchó del piso, no he estado demasiado bien.

Durante un tiempo, de hecho, estuve hecha un absoluto desastre.

No me siento demasiado orgullosa de cómo gestioné la ruptura: suplicarle a Jonah que se quedara cuando había sido él quien me había engañado fue uno de los momentos más bajos de mi vida y preferiría olvidarlo.

A pesar de todas las señales de alarma, de todos sus comentarios hirientes y su desatención, me había convencido a mí misma de que él era con quien quería pasar toda la vida.

Era el indicado. Llevábamos juntos tres años y había dejado a mis amigas y mi trabajo de asistente personal en Norwich por él.

Me había mudado a Londres, donde no conocía a nadie, y había hecho todos los esfuerzos posibles para encajar en su vida.

De algún modo, había comenzado a descuidar lo que yo quería; todo era para él, lo importante era lo que le hiciera feliz a él.

Yyo había contribuido voluntariamente a que las cosas fueran así.

Entonces, de repente, cuando todo se vino abajo ese funesto día de enero, me vi sin trabajo, sin amigos y sin Jonah.

Todo mi mundo había quedado reducido a escombros.

Con la excepción de Iris. Ella permaneció a mi lado a pesar de todo.

Me siento afortunada de contar con ella; puede que todavía se trate de una amistad nueva, pero está resultando ser la mejor que podría tener.

La relación con mis viejas amigas se debilitó cuando empecé a salir con Jonah.

Él no se llevaba bien con mi pequeño grupo de compañeras del colegio.

Siempre que organizaba alguna quedada con ellas, se quejaba de que tenía que venir, y, si lo hacía, me dejaba claro que era a regañadientes.

Al ser consciente de que era algo que causaba tensión entre nosotros dos, comencé a tener cada vez menos ganas de ver a ese grupo de amigas y mis esfuerzos por hacerlo fueron reduciéndose de forma drástica.

Para cuando me marché a Londres, ya prácticamente no tenía relación con ellas, y veía más a los colegas del teatro de Jonah.

Desde la ruptura, sin embargo, ninguno de sus amigos se ha puesto en contacto conmigo. En lo que respecta a elegir bandos, nunca tuve la menor oportunidad.

Así, perdí a la mayoría de mis contactos en la ciudad de la noche a la mañana, lo cual supuso un duro golpe.

Aunque hay una persona de la que me ha resultado cruelmente imposible desembarazarme: la vecina de la puerta de al lado.

Cuando rompimos, Jonah quiso marcharse de inmediato de este apartamento y mudarse a un piso compartido en Clapham.

Yo, en cambio, no era capaz de decirle adiós a este lugar y tampoco podía imaginarme viviendo en ninguna otra zona de Londres, de modo que decidí quedarme a pesar de todas las cosas que me recordaban a él.

Me gusta demasiado Wimbledon. El problema es que pasar página resulta mucho más difícil con Zoe entrando y saliendo continuamente de su piso.

Por desgracia, vivo al lado del recordatorio humano de que, tal y como siempre había temido, no soy lo suficientemente buena para estar con alguien como Jonah.

Zoe, por el contrario, es perfecta. Es alta y esbelta, tiene una lustrosa mata de pelo rizado, los pómulos marcados, los labios carnosos y unos grandes ojos castaños.

Lleva las uñas siempre hechas, su maquillaje es impecable y trabaja en una agencia de comunicación del sector de la moda, por lo que viste de forma impecable todos los días.

Nunca la he visto con mal aspecto. Ni una sola vez.

Incluso cuando saca la basura, sigue pareciendo una modelo en su tiempo libre.

Y, encima, es simpática. Bueno, eso creía yo.

Siempre era muy amable y divertida cuando nos encontrábamos.

Pensaba que habíamos tenido mucha suerte con nuestra vecina; se oyen historias para no dormir sobre Londres.

Desde el incidente, sin embargo, no hemos vuelto a hablar.

Un día ella intentó disculparse, pero Iris le dijo que se fuera a la mierda y no me dirigiera la palabra ni se acercara a mí.

Parece haberse tomado ese consejo muy en serio, lo cual probablemente es algo bueno.

No importa: sé que Zoe está en su piso y, cada vez que la veo salir para ir a trabajar, me recuerda todo lo que yo no soy.

Aun así, las cosas son cada vez más fáciles.

El dolor paralizante que se alojó en mi corazón los primeros meses después de la marcha de Jonah ya casi se ha desvanecido.

Cada día lo echo menos en falta, algo a lo cual ha contribuido el hecho de que me he mantenido ocupada con un trabajo temporal de asistente personal.

Está mucho mejor pagado que mi breve coqueteo con el periodismo y me ha ayudado a hacerle frente al alquiler del piso ahora que ya no cuento con la parte de Jonah.

Por supuesto, esto es Londres, de modo que, aun así, tuve que pedirle a mi padre que me echara una mano, lo cual resultó mortificante.

—Su padre no tiene ningún inconveniente en pagarle el alquiler de todo el año —me dijo alegremente un día por teléfono Andy, su asistente personal—. Podemos hacer la transferencia hoy mismo.

—No, no, ¡no! —contesté con severidad—. Es muy amable por su parte, pero solo necesito un préstamo para los próximos meses mientras pongo en orden mis asuntos. Cuando se me termine el contrato de alquiler, ya me mudaré a algún sitio más barato, pero, por el momento, si él...

—Y... ¡listo! La transferencia está hecha —me interrumpió—. Si no le importa, le agradecería que me enviara un email para confirmar la recepción. ¿Puedo ayudarla en alguna otra cosa hoy?

—Yo... Eh... Vale. Guau. Gracias, pero devolveré la mayor parte de inmediato. Como estaba diciendo, lo agradezco de veras, pero no quiero que él me...

—De nada, señorita Hendrix. ¿Necesita algo más?

—Eh... Me gustaría darle las gracias a mi padre, si es posible.

—Me temo que hoy tiene una reunión detrás de otra, pero me aseguraré de transmitirle el mensaje.

—Ah, bueno. Gracias. ¿Quizá podría llamarme cuando encuentre un momento?

—Desde luego. Que tenga muy buen día y gracias por su llamada.

Mi padre no me llamó, pero me envió un mensaje uno o dos días después para asegurarse de que había recibido la transferencia, lo cual ya es algo.

A pesar de lo que le dije a Andy, ha supuesto un alivio disponer de ese dinero en la cuenta corriente del banco.

Sigo decidida a devolverlo todo, pues no quiero depender de mi padre para nada.

Yahora ha surgido una oportunidad demasiado buena para rechazarla: el torneo de tenis de Wimbledon se acerca y los alojamientos en la zona están solicitadísimos.

Me he sacado un auténtico pastizal realquilando el mío a través de una agencia: las siguientes cuatro semanas me cubrirán el alquiler de al menos tres meses.

Los precios son una locura, pero no me quejo.

Es perfecto; la localización de mi piso es muy buena y he podido indicar en la descripción que el de arriba está vacío, puesto que su ocupante, la señora Perry, está realizando un irrepetible viaje de tres meses por Asia, de modo que quienquiera que se aloje en el mío no tendrá que preocuparse por el ruido.

Lo reservaron de inmediato. Supongo que ahí fuera debe de haber auténticos forofos del tenis que están dispuestos a pagar lo que haga falta para alojarse en Wimbledon y disfrutar de su ambiente durante la competición.

Para ser justos, esta época del año es muy guay.

Gente de todo el mundo desciende a este rincón de Londres y el Wimbledon Village cobra vida.

Durante estos días hay mucha animación: todas las terrazas de los restaurantes y los bares están repletas de gente charlando y riendo bajo el sol, y las propias calles tienen una apariencia idílica.

Por todas partes cuelgan cestos llenos de coloridas flores y todas las tiendas compiten para ofrecer el escaparate con la decoración de temática tenística más extravagante.